
Pocos actores como Omar Sharif, nacido el 10 de abril de 1932.
Me gustaría hablar de dos papeles míticos:
En Lawrence de Arabia, como el príncipe Faisal; extraordinaria la escena en que llega con su camello y parece que deslumbra a Lawrence (O´Toole), mientras tenemos la impresión de vivir un espejismo. El actor egipcio está prodigioso, y la relación con Lawrence es clave en la hermosa película de David Lean.
Otro papel inolvidable es el de Doctor Zhivago, su belleza, su mirada perdida en las ensoñaciones del médico que se enamora de Larisa, hermosa Julie Cristie. La música de Maurice Jarre y el tema de Lara, las imágenes con ese afán de destacar el cromatismo de la nieve y el rojo, cuando los manifestantes se enfrentan a la policía, en un Moscú que nos impresiona.
Omar fue un actor dulce, delicado, nacido en Alejandría, con ese rostro pensativo y nostálgico, uno de los grandes del cine. En Doctor Zhivago tendrá que enfrentarse a la guerra, a su vena de poeta, siendo médico, recordemos que la novela la escribió Boris Pasternak, que consiguió sacar el manuscrito fuera de Moscú en un avión y fue publicada en una editorial italiana.
Y su categoría y elegancia estará presente en Funny Girl, con Barbra Streisand, y no hay que olvidar La noche de los generales, donde interpretó a un policía que busca obsesivamente a un asesino de prostitutas, siendo de nuevo O´Toole su compañero de reparto, en un papel de general nazi psicótico.
Películas de acción como El oro de Mackenna, Mayerling, El último valle y otras demostraron que era un excelente actor. Y en El señor Ibrahim y las flores del Corán, en 2003, estuvo prodigioso.
Llegó a pasar por la cárcel en 2003, por una multa que se le impuso en un casino francés por agredir a un policía. Fueron el bridge y el casino sus grandes pasiones, aparte de las mujeres hermosas: un gran vividor, que llegó a perder mucho dinero en el juego.
Murió de un infarto, como su personaje de Zhivago, aunque padecía Alzhéimer. Fue en el año 2015 y siempre recordaremos la escena en que llega en el desierto, como un espejismo, para conocer a Lawrence de Arabia. Y como un espejismo, ya es eterno para el cine.












