Holden nació el 17 de abril de 1918, su padre le enseñó a Bill Holden el arte de las volteretas y el boxeo. También se aficionó al fútbol americano y al béisbol. Su madre era profesora.
La primera interpretación de Holden, después de ser descubierto fue Golden Boy (Sueño dorado), donde interpretaba a un violinista que se convierte en boxeador. Su compañera de reparto fue Bárbara Stanwyck.
Holden sería primer teniente en la Segunda Guerra Mundial. Quiero recordar varias de sus grandes películas:
El crepúsculo de los dioses, donde Bill Holden interpreta a un joven guionista que conoce a una estrella en horas bajas, la gran Gloria Swanson. La película que comienza con un cadáver en una piscina, y su voz en off, para contar la historia entera, es una obra maestra. Inolvidable cuando la Swanson baja por las escaleras, podemos sentir todo el poder fascinante del cine mudo al que pertenece y el contraste con la realidad de una estrella en decadencia. Ambos, Holden y Swanson estuvieron prodigiosos, sin olvidar al mayordomo, Erich Von Stroheim, que fue el primer director de Norma Desmond.
Hay otra película magnífica, Nacida ayer, dirigida por George Cukor, con Judy Holliday, sin olvidar los grandes papeles del actor en Picnic, donde derrochó sensualidad, junto a la bella Kim Novak y Sabrina, en la que interpreta al hermano de Bogart, que se empieza a enamorar de Sabrina, la hija del chófer, la inolvidable Audrey Hepburn. Audrey y Bill se enamoraron durante el rodaje. Por encima de todo, fue Bill Holden quien estuvo más prendado de la bella actriz.
Llegarían Los puentes de Toko-Ri, La colina del adiós, esta vez era Jennifer Jones de quien se enamoraba el bello actor americano.
Y su papel en El puente sobre el río Kwai, dirigida por David Lean, tanto es así que precedía en los títulos de crédito a Alec Guinness, siendo Holden menos partícipe de la película, más secundario, dejando todo el peso de la trama en el actor británico.
Luego fue declinando su estrella, alcohólico, interpretó papeles en El coloso en llamas y, especialmente, Network, junto a Peter Finch y Faye Dunaway. Fue esta última una magnífica película con un tema de gran calado emocional, un periodista que comunica que se va a suicidar en el plató, lo que suscita una despiadada crítica a una sociedad hipócrita y morbosa. Peter Finch, como el periodista que amenaza con el suicidio, ganó el Oscar al mejor actor, con carácter póstumo, ya que murió antes de recibirlo.

Pero no hay que olvidar que formó parte del Grupo salvaje de Peckinpah, magnífica y violenta película del gran director.
Otras películas como Misión de audaces, dirigida por John Ford, El mundo de Suzie Wong, dirigida por el minusvalorado Richard Quine y La llave, por Carol Reed. Todas ellas rodadas en los cincuenta y principios de los sesenta.
Llegaría Fedora, de Billy Wilder, para culminar una brillante carrera, donde William Holden demostró un magnífico actor, marcado por su aspecto varonil y muy atractivo, que no envejeció muy bien.
Murió joven, tan solo sesenta y tres años, desangrado al golpearse con una mesa, estando ebrio. Bill Holden era un actor clásico, el chico dorado, que se lanzó como estrella y que demostró ser mucho más que un chico guapo, un actor brillante, que logró cambiar de registro en su madurez. Si en su juventud, estaba encasillado en el galán, después abundarían papeles dramáticos.
William, Bill, como le llamaban sus amigos, fue toda una estrella que siempre recordaremos.












