La vi en la sala Jardiel Poncela en el teatro Fernán Gómez, uno de los mejores teatros de Madrid. La sala pequeña y una mujer, interpretada magníficamente por Mélida Molina, que viene a poner un anuncio para buscar trabajo. Se trata de Bette Davis, que, en 1962, no la llamaban para interpretar películas y decidió ir a un periódico a poner el anuncio.
Lukas Heller, con un guion entre manos, pero dedicado al espacio de anuncios, la recibe, Bette nos habla en el escenario de William Wyler, su gran amor, de películas como La loba, Jezabel, Amarga Victoria, Eva al desnudo y muchas otras. El periodista habla con la actriz, pero a la vez se dirige al público, para contar detalles de la vida de la actriz, que va contando su historia. Fuma Mélida Molina en escena continuamente, se ríe de forma estruendosa, interpreta con una especial meticulosidad y excelencia a la gran actriz, y vivimos una hora y cuarto inolvidable. Y conocemos, pese a ser cinéfilos, que Wyler dirigió La carta, después de haber enviado a Bette una carta para pedirle matrimonio, que ella no abrió y se casó con otra, un instante magnífico en la obra, donde sentimos el dolor inmenso de Bette por perder al gran amor de su vida.
Los amantes del cine paseamos por ese recorrido, donde cita a Errol Flynn, en una pantalla, donde vemos algunas de sus películas, también detesta a Miriam Hopkins, con la que trabajó y, por encima de todo, a Joan Crawford. Habla de los hombres, de sus maridos, algunos que la maltrataron físicamente, siempre enamorada del hombre equivocado. Y nos va llevando al pasado, al fascinante mundo del cine. Carlos Troya interpreta a Lukas Heller, que fue el guionista de Qué fue de Baby Jane, un guion que le propone a la actriz desde el principio de la obra, pero ella no lo escucha, hasta que al final le pregunta cuál es el argumento y cuando Heller le dice que su compañera de reparto sería Joan Crawford, Bette se decide.
Estamos ante una obra excelente, muy bien interpretada, que, también es didáctica, para los que no conozcan el cine clásico y evocadora y nostálgica, para los que lo amamos desde siempre.
La escenografía es de Juan Sebastián Domínguez, el vestuario de Guadalupe Valero, la iluminación de Bea Francos y dirige Juan Mairena.
La ha producido La caja negra teatro, y es una joya que termina ya su paso por el Fernán Gómez, porque ya estuvo en escena el año pasado, fue nominada a los premios Max y me quedo con Mélida Molina, su risa, su aire clásico, su cigarro, la sensación de hallarnos ante un mundo maravilloso que hemos idealizado y que ha sido esencial en nuestras vidas.
Todo cinéfilo disfrutará al máximo, podemos paladear cada palabra, cada gesto, cada instante de esta obra magnífica, que nos llega al corazón. Radiografía de una de las mejores actrices de la historia del cine, de una mujer que, pese a tantos éxitos, se sintió muy sola. Todo un logro esta puesta en escena de La loba. Disfrute máximo en la pequeña sala del teatro Fernán Gómez.











