junio de 2026

PALOMITAS DE MAÍZ / ‘Las troyanas’ revienta el Teatro La Latina en su despedida

¡Mis queridos palomiteros!

Hoy toca dejar a un lado las palomitas para adentrarnos en una de esas tragedias -ya hemos dado cuenta desde este mismo espacio a la memorable Memorias de Adriano– que nos recuerdan por qué el teatro sigue siendo el lugar donde el ser humano se muestra con toda su crudeza.

Las troyanas -una coproducción de Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Producciones Come y Calla– se despide esta noche del escenario del Teatro La Latina de Madrid -que con tanto acierto dirige don Jesús Cimarro como extensión del reconocido festival en Madrid- antes de emprender viaje hacia Chipre, donde la próxima semana participará en el prestigioso International Festival of Ancient Greek Drama, un reconocimiento internacional que acredita la dimensión de un montaje que, tras su paso por la 71.ª edición del mencionado Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, ha demostrado poseer una fuerza escénica y una vigencia poco comunes.

Cristóbal Suárez e Isabel Ordaz

La tragedia de Eurípides sitúa su mirada después de la caída de Troya. La guerra ha terminado, pero el verdadero horror apenas ha comenzado. Las mujeres troyanas esperan conocer el destino que les han reservado los vencedores, a saber, la esclavitud, el exilio, la separación de sus hijos y la destrucción definitiva de todo aquello que daba sentido a sus vidas. Hécuba, reina derrotada y convertida en símbolo del dolor colectivo, contempla cómo su mundo se desmorona mientras el futuro de las supervivientes queda marcado por la esclavitud, el exilio y la pérdida de todo cuanto amaban.

Isabel Ordaz y María Vázquez

En el caso que nos ocupa, resulta muy interesante esta propuesta de Carlota Ferrer, que se estrenó el pasado 13 de agosto. La directora, por cierto, además de controlar la función se reserva un papel dentro de la historia. Su lectura sitúa el conflicto en un territorio actual, reconocible, donde las imágenes de las mujeres desplazadas por la guerra, de los niños arrancados de sus madres y de los pueblos convertidos en ruinas son el síntoma de nuestra rabiosa actualidad. Vaya por delante que Ferrer no pretende modernizar el texto por capricho; consigue algo mucho más complejo que consiste en reconocer hasta qué punto Eurípides sigue hablándonos como si fuera un autor de nuestro tiempo. La adaptación -gestionada a dos manos entre Carlota Ferrer e Isabel Ordaz conserva la hondura poética del original, solo que en esta versión encuentra un lenguaje escénico capaz de entrar en diálogo con el espectador sin que se pierda un ápice el tamaño de su tragedia.

Por ello, la puesta en escena apuesta por un poderoso universo donde imagen, iluminación, música, danza… articulan una idea propia de gran definición y personalidad. Todo el conjunto parece estar destinado a que el espectador no contemple la tragedia desde la distancia, sino que más bien permanezca unido a ella desde el inició de la función.

Y en medio de este periplo está una inmensa Isabel Ordaz. La interpretación de su dolorosa Hécuba convierte cada palabra en una herida abierta. A su lado, Mina El Hammani soporta con su habitual gran talento un destino cruel; Cristóbal Suárez y Carlos Beluga encarnan con solvencia las diferentes posturas del lado vencedor; mientras María Vázquez, Selam Ortega y Ana Erdozain completan un reparto de muy buenas hechuras y muy bien cohesionado. Ninguno de todos estos valiosos trabajos -que irradian con luz propia- eclipsa el de sus compañeros.

Mina El Hammani

Por otro lado, el mayor éxito de Las troyanas -una de las cuatro tragedias fundamentales de Eurípides junto a Alejandro, Palamedes y Sísifo– es su capacidad de convertir la tragedia de Troya en una reflexión universal sobre la violencia, la pérdida y la importancia de la dignidad del ser humano. La historia no habla solo de un episodio escrito en el siglo V a de C. También habla de todas las guerras, de todas las madres que han visto desaparecer a sus hijos, de todas las mujeres despojadas de su libertad y de todos los pueblos obligados a sobrevivir entre las ruinas. Esa universalidad es la que da sentido a la esencia del teatro clásico y que encuentra en este montaje una de sus máximas expresiones.

Y, en conclusión, podemos subrayar que Las troyanas reúne la grandeza imperecedera del texto de Eurípides, la inteligencia de una dirección que convive con el presente sin traicionar la esencia del original, una adaptación de notable sensibilidad firmada por Carlota Ferrer e Isabel Ordaz y un reparto de gran altura. Así las cosas, Las troyanas es una muy interesante producción que pone en valor el peso de la tragedia clásica, reivindica el inmenso poder de las artes escénicas para interpelar a la sociedad y merece figurar, por derecho propio, entre los grandes acontecimientos teatrales del año.

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