septiembre 2020 - IV Año

ARTE

Tamara de Lempicka y la creación Art Decó

Palacio de Gaviria, Madrid, hasta el 24 de febrero 2019. Horario: Domingo a lunes de 10 a 20h. Viernes y sábados de 10 a 21h. Entrada general 13 €, incluye audio guía.

Por Elena Rojo García.- / Octubre 2018

lempika7Los salones del céntrico Palacio de Gaviria se han vestido, una vez más, de gala. Celebran su última exposición con cerca de doscientas obras de arte, procedentes de colecciones privadas o museos.

La obra de Tamara de Lempicka, protagoniza el recorrido que transcurre entre fotografías, mobiliario, vestuario, calzado y otros complementos. Se ha dispuesto para la ocasión un espacio envolvente. De inmediato, quedamos sumergidos en los años veinte y treinta del siglo pasado. El visitante, se recrea en este encuentro repleto del lujo y glamour tan característicos del estilo Art Decó que tanto gustaban a Lempicka, sin duda, una de sus indiscutibles reinas.

De las paredes, cuelgan retratos realizados por la protagonista como ‘Una bailarina rusa’ (1924-1925) pintado durante los primeros años de su actividad pictórica. El óleo nos descubre a una joven bailarina, de lánguida mirada perdida hacia el infinito. Tocada con el típico sombrero ruso de vivos colores y adornado con perlas, que pasó de utilizarse en la corte del siglo XlX a complementar el vestuario para ballet, diseñado por el maestro ruso Léon Bakst.

lempika4A lo largo de la presentación, enormes paneles con fotografías de la artista atraen al espectador, porque la figura de Tamara es un auténtico imán. Atestiguan la belleza la sofisticación, la elegancia, la personalidad, la fuerza de Tamara y su necesidad de llamar la atención. No concebía peor castigo que pasar desapercibida.

Se pueden ver instantáneas inéditas, tomadas por Thérès Bonney. Retratan a Lempicka en la casa- estudio en el 7 de la Rue Méchain que compró en 1930. Su diseño, sirvió como ejemplo de modernidad, lujo y genialidad. Posa recostada en un sofá como si de una diva del cine se tratara. Rodeada de objetos ultramodernos entre los que se encuentra una mesita de laca blanca y oro, ella misma se encargó del diseño y realización.

Otra obra que llama la atención es ‘Retrato del príncipe Eristoff’ (1925). Evidencia al atractivo y enigmático príncipe de la familia georgiana Eristoff, unos de los exiliados más destacados de la revolución rusa de octubre.

lempika2Muy expresiva es ‘Bufanda azul’ (1930). En los detalles apreciamos su interés por la moda, que ocupó una parte importante de su vida. La modelo viste su cabeza con una llamativa boina azul y bufanda del mismo tono en rayas, ambas enmarcan los ojos fríos y distantes de la muchacha y una sensual boca acentuada por el maquillaje.

El lienzo ‘Las confidencias’ (1928). Quizá sea el que mejor represente la época del charlestón y refleje cómo la moda servía de inspiración a Tamara. El collar de perlas, sombreros de fieltro o tejidos Jacquard que lucen y los estudiados gestos, hacen que las dos jóvenes, parezcan sacadas de una revista de moda.

En el salón principal de Palacio, se exponen una selección de calzado creada por el prestigioso diseñador italiano Salvatore Ferragamo, para reconocidas actrices y cantantes por ejemplo Judy Garland o Carmen Miranda. Algunos modelos podrían pertenecer a la mismísima Lady Gaga por el derroche de estilo que desprenden. En la misma sala se despliega una pequeña colección de prendas femeninas creadas por el modisto y perfumista Marcel Rôchas en 1925.

lempik6Junto a ellos sobresale la espléndida ‘Muchacha con pedestal’ (1931- 1932). La joven de una gran frescura y lozanía, lleva un vestido en tonos verdes, el cabello recogido en una trenza en forma de diadema. La expresión de sus ojos y la leve sonrisa de su boca en rojo, destilan juventud, reflejada también en su tersa piel.

En todas sus composiciones se nota la influencia de grandes maestros de la pintura, como Rafael, Botticelli, Caravaggio o Ingres, entre otros. Estilos clásicos, que aúnan figuras, peinados y vestidos en consonancia con la última moda. Bebió además de las fuentes del cubismo y del arte abstracto. Si bien sus figuras nunca llegan a desdibujarse.

Continúa el recorrido; encontramos ‘Madre con niño’ (1931). Óleo contrachapado. Ésta es en realidad, una moderna Virgen con niño. La mujer pelirroja, de profunda mirada azul, abraza a su bebé que duerme plácido entre los brazos de su madre. Llama la atención la disposición un tanto forzada de las manos de la mujer y, que no resta belleza al cuadro.

lempikaCargado de sensualidad y erotismo tenemos ‘La bella Rafaëla’ (1927). Extraordinario, por su juego de luces y sombras creado gracias al uso de lámparas, así como por la textura de porcelana que presenta la piel. De formas suaves y rotundas al estilo de Miguel Ángel. La modelo reposa con la boca entreabierta lánguida y sensual tumbada en un sofá, al modo de Ingres. Rafaëla, ejercía la prostitución. La autora, asombrada por su belleza pidió que posara para ella y por un tiempo fue su modelo y amante preferida.

Uno de los salones, se encuentra dedicado a el retrato inacabado del Rey ‘Alfonso Xlll’. (1934) Tamara aseguró siempre que existía tal imagen, pero nunca había sido expuesto ni visto, por lo que se llegó a dudar de su veracidad.

Hacia el final de la muestra admiramos ‘Santa Teresa de Ávila’ (1930). Esta creación posee el gesto de teatralidad propia del Barroco. Es una copia casi fiel de Santa Teresa que esculpió Bernini en mármol. El uso de colores sobrios para su composición y el velo que cubre su cabeza, son el contrapunto al gesto sensual de la boca entreabierta y los ojos entrecerrados, que capturan a la Santa en pleno éxtasis como si de un placentero clímax se tratara.

lempika3Muy próximo al anterior se encuentra ‘Madre superiora’ (1935- 1939). Tamara agotada y deprimida se retira a un convento cerca de Parma. Concibe este retrato en el cual, el sufrimiento aparece reflejado en el rostro de la monja. Esta es una de sus más emblemáticas obras por la técnica y el fuerte vínculo afectivo que supuso para la pintora su composición. Mantuvo siempre un lugar relevante en sus exposiciones americanas.

La posición social y económica de Tamara de Lempicka, le permitió disponer de todo tipo de lujos y excesos. Cuidó mucho su aspecto. Fue siempre una mujer libre, transgresora, excéntrica, elegante, sensual, excesiva y de una impresionante modernidad.

En la exhibición se disfruta de algunas de las creaciones más representativas de Tamara de Lempicka. Sin embargo, la elección dista mucho de ser una retrospectiva como esperábamos quienes nos sentimos atrapados por la creatividad y el temperamento de esta creadora.

 

 

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