julio de 2026

Thomas Jefferson en el 200 aniversario de su muerte (1826-2026)

Thomas Jefferson, por Rembrandt Peale (1800)

Thomas Jefferson fue uno de los personajes más importantes y decisivos de la Revolución Americana (1776), y también una de las figuras más influyentes de los inicios de la historia estadounidense. Fue el tercer presidente de los Estados Unidos, cargo que ocupó de 1801 a 1809, y desempeñó un papel fundamental en la fundación del país. Es conocido principalmente por ser el autor principal de la Declaración de Independencia de 1776, documento que proclamó la independencia de las 13 Colonias respecto a Gran Bretaña, y delineó los ideales de libertad e igualdad. Jefferson también fundó la Universidad de Virginia, lo que refleja su firme convicción en la importancia de la educación y el servicio público.

De su enorme prestigio entre los norteamericanos da prueba la siguiente anécdota. Cuando en el año 1962, el Presidente Kennedy reunió en el Despacho Oval de la Casa Blanca a unos 60 Premios Nobel de todas sus categorías, les dijo, a modo de bienvenida: Esta es la mayor concentración de talento humado jamás reunida en la Casa Blanca, salvo quizá en aquellas noches en que Thomas Jefferson cenaba aquí solo.

El 200 aniversario de su muerte, además de para recordarle, quizá sea un buen momento para examinar también más de cerca sus contribuciones a la independencia estadounidense, sus ideas sobre el gobierno, sus logros como presidente, sus intereses personales y el impacto duradero que tuvo en la conformación y configuración de la democracia norteamericana.

Las ideas y la filosofía de Jefferson

Thomas Jefferson creía que todas las personas nacen con ciertos derechos y merecen la libertad, per se ipse. Pensaba que el gobierno debía mantenerse al margen de la vida de las personas en la medida de lo posible, pero también creía que los ciudadanos debían tener, no solo una representación, sino más bien una participación significativa en la forma en que son gobernados. Valoraba la educación y creía que una ciudadanía informada era esencial para mantener una democracia sólida.

Su pensamiento es uno de los pilares del republicanismo y del liberalismo en los Estados Unidos. Su visión, profundamente influenciada por la Ilustración europea (especialmente por John Locke), y por el pensamiento de los clásicos españoles (especialmente Juan de Mariana) se centraba en la desconfianza hacia el poder centralizado y en una fe firme en la capacidad del ciudadano común para autogobernarse. Este conjunto de ideas dio origen a lo que históricamente se conoce como la “democracia jeffersoniana”. Para él, los seres humanos poseen derechos inherentes que ningún gobierno puede arrebatar. En la Declaración de Independencia de 1776, inmortalizó la idea de que todos los hombres son creados iguales y que tienen derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. El único propósito legítimo de un gobierno es proteger esos derechos; si no lo hace, el pueblo tiene el derecho y el deber de cambiarlo o derrocarlo.

Sus ideas han moldeado la democracia moderna de manera significativa. Conceptos como los derechos individuales, el poder del gobierno que emana del pueblo y la gobernanza constitucional se derivan también del pensamiento de Jefferson. Incluso hoy, su visión de la libertad y la responsabilidad cívica sigue influyendo en nuestra percepción del gobierno y de la sociedad.

Intereses personales y paradojas de Jefferson

Jefferson tenía muchos intereses más allá de la política. Dominaba varios idiomas y le apasionaba estudiar ciencia, filosofía y diferentes culturas. Diseñó gran parte de su casa en Monticello, incorporando sus ideas sobre arquitectura y estilo de vida. También le apasionaban la agricultura y el vino, experimentando con nuevos cultivos y coleccionando vinos europeos. Tras la destrucción de la Biblioteca del Congreso en 1814, Jefferson contribuyó a su reconstrucción vendiendo su colección personal de libros. Con ello demostraba el profundo valor que le daba al conocimiento y al aprendizaje.

Pero, mientras escribía que «todos los hombres son creados iguales», Jefferson fue dueño de más de 600 personas esclavizadas a lo largo de su vida en su plantación de Monticello, y nunca liberó a la gran mayoría de ellas. Y, aunque en algunos textos iniciales criticó la institución de la esclavitud y temía que provocara un juicio divino sobre la nación, sus opiniones raciales reflejaban los profundos prejuicios de su época, argumentando la supuesta inferioridad de la población negra. Esta brecha entre su retórica de la libertad y la realidad de la opresión sigue siendo uno de los temas más debatidos de su legado. No fue su única discordancia entre sus hechos y su pensamiento.

Jefferson como presidente

Como presidente, Jefferson apoyó la Compra de Luisiana, un acuerdo que duplicó el tamaño de Estados Unidos y abrió vastas áreas nuevas para la colonización. También envió a Lewis y Clark en su expedición, que cartografió el nuevo territorio y amplió el conocimiento del continente. Jefferson creía en un gobierno federal limitado y en fuertes poderes estatales, aunque algunas de sus acciones no siempre se ajustaron a ese principio. La Compra de Luisiana es un ejemplo notable de esta contradicción.

Pero, a la vez, la compra de ese territorio, la Luisiana, que el sólo era igual o superior en superficie al conjunto de los 13 estados iniciales, reforzó al máximo el poder del gobierno central federal de Washington, que vio como su jurisdicción se ampliaba enormemente, tanto en lo territorial, como en la práctica, pues el gobierno federal regía directamente y sin cortapisas ni limitación de ninguna clase los colosales territorios adquiridos. De nuevo una paradoja.

Thomas Jefferson dijo una vez: «Prefiero los sueños del futuro a la historia del pasado». Su legado refleja tanto visión como paradoja. Contribuyó a moldear ideas sobre la libertad y la democracia, pero su vida también ilustra la complejidad del liderazgo histórico. Entonces, ¿cómo se deben ver a las figuras históricas con legados complejos? Se puede admirar sus logros, sin por ello dejar de reconocer sus defectos, y aprender de ambos. Porque sus logros, sin duda, fueron de verdad admirables.

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Archivo Entreletras

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