Juan Echanove dirige esta obra que está basada en la película de Luis García Berlanga, con el guion siempre inteligente de Rafael Azcona. Todos recordamos al marqués de Leguineche, interpretado por un excelente Luis Escobar, personaje estrafalario que incluso colecciona pelos del coño de las mujeres. El hijo lo interpretó uno de los más grandes de nuestro cine, José Luis López Vázquez.
El personaje que interpretó en la novela José Sazatornil “Saza”, un empresario catalán que llega a Madrid para vender porteros automáticos, lo interpreta en esta obra un excelente Pere Ponce. Al llegar a casa del Marqués todo son intrigas, alocadas historias que demuestran el disparate nacional. Muy divertida la escena de la caza donde el empresario pretende rentabilizar su negocio, sin darse cuenta que todos los personajes de la casa son unos vividores que le están tomando el pelo. Precisamente, es el empresario el que paga todo, lo que demuestra a una sociedad ociosa en tiempos de Franco, que vivía de no hacer nada.
También Elisa Matilla está genial en el rol de la actriz, en plena época del destape, y Luisa Martín, como la frenética mujer del hijo del Marqués, que sabe que este le engaña con la actriz.
El reparto es estupendo: José Ramón Arredondo, Chusa Barbero, Ángel Burgos, Luisa Martín, Elisa Matilla, Marta Ribera, Chema Ruiz, Pere Ponce, Pedro Mari Sánchez y un elenco que incluye más de veinte actores en estado de gracia.
Pedro Mari Sánchez destaca como el cura oportunista, en una época de beneplácitos a la Iglesia. Todos los personajes representan la parodia de una España que ya había señalado el esperpento de Valle-Inclán y que supo muy bien retratar un genio del cine: Luis García Berlanga y el genial Azcona, con sus fantásticos guiones.
La cena también es muy divertida o cuando el Marqués parece que va a morirse, pero es mentira. Juan Echanove ha construido un mosaico de seres absurdos que consiguen engañar al empresario catalán, en esa sátira tremenda que es La escopeta nacional.
Triunfa en el teatro Español y nos alegramos de esta puesta en escena de la película, lo pasarán bien y se darán cuenta de una máxima: a España y a los españoles no hay quien los cambie, al borde siempre del precipicio y del esperpento.











