Una filosofía de la risa
Bernat Castany Prado
Anagrama, Barcelona, 2026
385 pp.
REÍRNOS POR NO LLORAR: EL PROPRIUM DE REÍR EN TIEMPOS DE NECEDAD
En el Libro II de sus Etimologías, al tratar sobre la Isagoge de Porfirio, San Isidoro de Sevilla compendia una tradición antropológica y lógica de hondo calado, cuyo alcance conceptual ha sido brillantemente explicitado por Nolo Ruiz, en su artículo La teoría del Homo risu capax en Isidoro de Sevilla. Antecedentes, delimitación y aportes isidorianos. Siguiendo el método de definición sustancial heredado de Aristóteles y Cicerón —que clasifica la realidad mediante género, especie, diferencia, propiedad característica y accidente—, el hispalense caracteriza al ser humano a través de una precisa cadena de atributos («animal, racional, mortal, terreno y bípedo») para concluir que la «capacidad de reír» (risibile) es el proprium exclusivo que otorga perfección a nuestra definición.
Como bien subraya Ruiz, la noción del Homo Risu Capax no es un mero apunte morfológico ni un accidente mudable; entraña el reconocimiento de una diferencia específica y ontológica que vincula la capacidad anímica del gozo y la distancia reflexiva con la propia condición humana, separándonos tanto de los brutos como de los ángeles. Sin embargo, la historia de las ideas ha estado dominada con frecuencia por una prolongada sombra agelasta. Desde las prevenciones platónicas contra la intemperancia del gozo hasta ciertos rigorismos teológicos —como los expuestos por San Agustín o Juan Crisóstomo—, la risa fue contemplada con recelo, sospechosa de disolver la gravedad del juicio o de albergar la semilla del orgullo desordenado.
Frente a esta prevención histórica, el filósofo y ensayista Bernat Castany Prado despliega en Una filosofía de la risa una lúcida defensa del fenómeno cómico. Lejos de incurrir en una aridez académica o en una solemnidad engolada, el autor opta por una escritura de lenguaje marcadamente desenfadado, trufada de ágiles juegos de palabras, ironías y chistes directos que no solo amenizan la lectura, sino que regalan al lector múltiples momentos de risa genuina. Esta apuesta estilística convierte la propia forma del ensayo en un testimonio vivo de su contenido: se teoriza sobre la risa desde el ejercicio cotidiano del ingenio cómico. Para el pensamiento humanista y cristiano, atento al misterio de la finitud y al valor inalienable de la persona, la obra de Castany ofrece un fértil terreno de diálogo al demostrar que el humor constituye un verdadero antídoto contra la hybris del dogmatismo.
Para aprehender con precisión el alcance del ensayo de Castany, resulta imprescindible deslindar el mapa conceptual que el autor articula. Castany no emplea los términos de manera indistinta, sino que establece una diferenciación tripartita de enorme rendimiento analítico. En primer lugar, lo cómico constituye la categoría estética y ontológica fundamental, entendida como la propiedad objetiva de la realidad o del lenguaje que presenta una incongruencia, una quiebra de la lógica esperada o un desajuste entre la pretensión y el hecho; existe en el mundo antes de ser formalizado y encarna la fragilidad implícita en la mecánica de las cosas y en las limitaciones de la criatura. En segundo lugar, la comicidad hace referencia al mecanismo técnico y social mediante el cual se explota lo cómico, tratándose del recurso o artificio —teatral, literario o retórico— diseñado para provocar la risa, el cual puede orientarse hacia fines contrapuestos y convertirse tanto en un instrumentum regni coercitivo como en una catarsis liberadora. Por último, el humor se define como la disposición ética y la actitud existencial frente a lo cómico; mientras que la comicidad es un medio y lo cómico una propiedad, el humor se erige en una virtud de la mirada que implica una madurez espiritual capaz de reconocer el límite propio y ajeno sin caer en el desprecio ni en el cinismo.
A partir de este esquema conceptual, Castany actualiza la intuición espinoziana al discernir entre dos formas radicalmente distintas del ejercicio cómico: la risa triste y la risa alegre. La risa triste es la manifestación del orgullo desordenado que se traduce en la burla del tirano, el escarnio del acosador o la humillación del vulnerable, buscando afianzar una asimetría de poder y empequeñecer la dignidad del prójimo. Por el contrario, la risa alegre nace de la benevolencia, de modo que reconforta, hermana y restaura la potencia vital. El modelo supremo de esta risa regeneradora se halla en El Quijote, donde Miguel de Cervantes inaugura una “risotada tierna” que nivela a señores y escuderos bajo una misma mirada compasiva, transformando el tropiezo en ocasión de fraternidad y la flaqueza en testimonio de humanidad.
El valor nuclear de la obra radica en su dimensión epistemológica y política. El humor actúa como una piedra de toque que pone a prueba la solidez de nuestras convicciones, recordándonos la ineludible indigencia de nuestros esquemas conceptuales y evidenciando que nuestros juicios, la precisión de nuestras palabras y el alcance de nuestros sentidos son constitutivamente limitados. En este punto, Castany invoca la llamada “Ley de Buchanan”, la cual advierte que los proyectos basados en la búsqueda de la perfección absoluta suelen esconder una soterrada pulsión de muerte. El deseo de un orden químicamente puro despoja al ser humano de su encarnación concreta; el humor, en cambio, se erige en una afirmación gozosa de lo imperfecto. En el orden político, esta disposición humilde es la verdadera atmósfera de la democracia. El fanatismo requiere de una solemnidad inquebrantable para sostener su dominio, mientras que la risa de matriz socrática disuelve el encantamiento de las autoridades impostadas y restaura el espacio público para el diálogo entre iguales.
No obstante, desde la mirada del humanismo cristiano, la obra no carece de pliegues problemáticos. Al perseguir la soberbia antropocéntrica, el autor incurre con frecuencia en un marcado contrahumanismo que diluye la posición singular del hombre en el cosmos, a pesar de su imperfección. Castany llega a afimar que «la necedad es lo más característico del ser humano» o que «la razón es un coche de carreras pilotado por un mono borracho» o , reduciendo la mente humana a un mecanismo defectuoso, cuando más bien está incompleto y la condición de la criatura a un mero accidente insalvable. A mi juicio, si bien es saludable desenmascarar el orgullo y la vanidad del hombre, esta caracterización de la persona como simple casualidad biológico o aberración cognitiva corre el riesgo de vaciar de fundamento la propia dignidad humana y la fraternidad universal que la risa alegre pretende custodiar.
Una filosofía de la risa constituye una aportación de extraordinaria riqueza y amenidad para el pensamiento contemporáneo. Castany Prado combina una erudición desplegada sin ostentación con un ritmo festivo y estimulante. Para una mirada humanista, el texto resulta un antídoto necesario contra la gravedad dogmática, si bien exige recordar que la verdadera piedad y el compromiso con la verdad no se miden por la severidad del gesto, sino por la capacidad de abrazar la realidad en toda su imperfección y belleza, reconociendo en la risa un testimonio ineludible de nuestra común condición de criaturas.











