mayo de 2024 - VIII Año

Bob Marley, la vuelta a casa del rey negro o la utopía de Etiopía

“Cuando era un niño no sabía que mis antepasados venían de África”
Horace Andy, músico jamaicano

En este 2021 se cumplen  40 años de la desaparición, el 11 de mayo de 1981,  de Robert Nesta Marley, principal difusor de la música reggae. Entre sus muchos éxitos se encuentran los temas: “Jamming”, “No Woman, No Cry”, “Is This Love” y “Redemption Song”, y junto  a su grupo The Wailers, “Three Little Birds”.

En nuestro país nos enteramos de su muerte circunstancialmente mientras leíamos los periódicos, que entonces devorábamos compulsivamente todavía bajo la conmoción del reciente asalto al Congreso de los Diputados perpetrada por el teniente coronel Antonio Tejero y sus secuaces.  Aunque el fallecimiento del cantante acaeció en Miami, este había nacido, tan solo 36 años antes, en el pueblo de Nine Mile, llamado así por la distancia que le separa de la localidad de Brown’s Town, en el norte de la isla de Jamaica. La muerte estuvo provocada por un melanoma maligno que le diagnosticaron después de que sufriera una lesión en el dedo gordo del pie derecho durante un partido de fútbol dos años antes. Los médicos le aconsejaron la amputación inmediata a lo que él se negó rotundamente siguiendo el precepto rastafari que prohíbe todo tipo de mutilaciones. Fue entonces cuando Marley comenzó su huida hacia adelante.

Pero, ¿quién era ese coronado rey negro que abrigaba los viejos sueños de su comunidad de regresar algún día a su hogar de origen como proclama su himno Exodus?

Bob Marley era hijo de una afro-jamaicana y de un blanco de ascendencia inglesa, capitán del Cuerpo de los Marines Reales, que muere cuando el niño tiene nueve años. Su condición de mestizo, le llamaban despectivamente El Alemán,  le comportó muchos problemas racistas durante sus primeros años: sus compañeros negros le rechazaban por blanco y para los habitantes blancos no dejaba de pertenecer a la clase humillada, descendiente de los esclavos africanos.  Su personalidad estaría toda su vida marcada por la diferencia.

Eso sí, la respuesta de Marley no se hizo esperar: abrazó tanto la música reggae como la religión rastafari  que le sirvieron entonces de oportuna tabla de salvación, como a tantos jóvenes del momento. Su afición por la música se acentúa cuando conoce a Bunny Wailer, con el que forma en 1960 un grupo vocal al que se suman Peter Tosh, y dos años más tarde Jimmy Cliff. ¡Una asociación en estado de gracia llena de talento! Es el momento en el que se produce la independencia de Jamaica del Reino Unido. Entre 1963 y 1967 con el nombre de The Wailing Wailers van a hacer sus primeras grabaciones que se terminan convirtiendo en éxitos locales.

Padres de Bob Marley

La madre de Bob formaliza una relación con el padre de Bunny y, finalmente, toda la  familia busca huir de la precariedad que le rodea  para afincarse en  la capital, Kingston, y encontrar un futuro mejor. Bob Marley llega a la ciudad en octubre de 1966, apenas seis meses después de una fecha que marcará un antes y un después en la historia de la isla: la visita del emperador etíope Haile Selassie, que con su presencia impulsará el importante movimiento rastafari.

Tanto la música como la religión jamaicanas son el resultado de un fuerte sincretismo. El reggae, con su ritmo lento y sensual, es heredero del frenético ska, primer estilo musical de la isla que es la manifestación artística del desarraigado de los Rude Boys (adolescentes de las pandillas callejeras de los ghettos), que se hará tremendamente popular después de los dos siglos de dominación británica. Mezcla los ritmos autóctonos, como el Calypso y el mento, con los afroamericanos de moda, el rock and roll,  el rhythm and blues y el soul. A través de las emisoras de radio del sur de los EE. UU., los teenagers locales pueden escuchar a músicos que van de Bo Diddley a  Ray Charles pasando por Curtis Mayfield,  Brook Benton o Fats Domino, y  grupos como The Drifters , The Coasters o The Moonglows  que serán determinantes para el desarrollo del género. Una vez separado del grupo, Marley será el mayor embajador de la música reggae, aunque hay que señalar que, antes que él, el inolvidable Desmond Dekker (1941-2006), obtuvo el primer éxito internacional en 1968 con el tema «Israelites» en el que ya combinaba temas propios del movimiento rastafari con preocupaciones de la cultura Rude Boy,

En el aspecto religioso, Marley, educado en el  cristianismo anglicano, entra en contacto con el citado movimiento rasta y se convierte en un adepto de esta religión caribeña que tiene también una dimensión política. Amalgama elementos de distintas procedencias tales como el panafricanismo, el afroamericanismo,  el hinduismo, la tradición judeocristiana, y  raíces africanas procedentes del Congo entre otras, con un claro enfoque afrocentrista y una fuerte concepción de diáspora, en afinidad con el sionismo hebreo al que los falasha o judíos negros de origen etíope (los Beta Israel) se asimilan, al extremo de que actualmente viven  en Israel un 80 % de ellos (más de cien mil).

Este movimiento político-religioso conecta Jamaica con una nación africana que está a la friolera de 12.600 kilómetros: Etiopía. Y toma su nombre en los años 30 del pasado siglo del recién coronado emperador del país, Haile Selassie I, Ras Tafari Makonnen, que se consideraba la tercera reencarnación de Jah, el Yahveh del Antiguo Testamento, después de Melquisedec y Jesucristo y, genealógicamente, descendiente, según la tradición, de Salomón y la reina de Saba. Según sus creencias los habitantes de las Indias Occidentales tienen su origen en su reino y tras su éxodo americano volverán a establecerse en él, la tierra prometida del Zion bíblico. La profecía, que será tomada como núcleo del rastafarismo dice: «Miren a África, un rey negro será coronado porque el día de la liberación está cerca». Vaticinio que se cumple cuando el flamante emperador asciende al trono de Etiopía. Aunque el movimiento durante la época colonial en Jamaica sufre represalias a manos de las autoridades británicas  no desfallecerá nunca, pero entonces nadie imaginaba que el nuevo mesías estaba aún por llegar.

Los marginados de la isla, comenzaron a usar rastas (dreadlocks), atributo externo que Marley popularizó en todo el mundo y que son consideradas como iconos de los músicos de reggae.   Pero más allá de una moda, tienen un valor simbólico: el pacto que los rastafaris establecieron con la divinidad. Muchos de sus miembros más ortodoxos condenaban el reggae por que se había vendido a la impía “Babilonia”, clamando que no se debía confundir con la música sagrada de sus ancestros.

Desoyendo todo tipo de críticas, Marley sigue adelante con su carrera musical convirtiendo su compromiso personal en el mascarón de proa del movimiento. En 1972, ahora con The Wailers,  firma con Island records y edita su primero LP  “Catch A Fire”. A pesar del fuerte apoyo promocional que recibe, no obtiene el éxito esperado por cuanto que las letras, de fuerte contenido social, suponen un fuerte contraste con lo que se estaba haciendo en aquellos momentos. El año siguiente graba  su sexto album de estudio, “Burnin’”, que incluye el célebre tema “I Shoot The Sheriff”, que acabaría haciendo suyo el gran Eric Clapton. A partir de ese momento todo cambia y Bob Marley ya brilla con luz propia en el firmamento de los intocables, convirtiéndose en una auténtica leyenda. En este punto, hay que salir al paso de la tan cacareada apología que Marley hacía del consumo de la ganjah (cannabis). Aclaremos que para los adeptos rastas su uso es ceremonial y, por tanto, sagrado, al sostener que dicha planta se encontraba en el lugar de la tumba del Rey Salomón, después de ser enterrado y, por tanto,  carece de la connotación frívola que le solemos dar  en nuestra cultura.

La música de Marley ya ha empezado a traspasar fronteras con sus mensajes a favor de los derechos humanos y en contra de las injusticias y del racismo, en su lucha contra las estructuras persistentes del colonialismo. Tanto sus discos como sus conciertos gozan de un  éxito inusitado de crítica y público. Bob Marley & The Wailers estaban en lo más alto de la fama internacional cuando graban su álbum “Rastaman Vibration”. El trabajo incluía canciones memorables pero la más significativa de todas era «War» que en su letra recogía un discurso de Haile Selassie en las Naciones Unidas. No es de extrañar, pues, que su liderazgo social, inquiete a determinados sectores y, Bob será herido en su casa de Kingston por un disparo en 1976, durante la campaña electoral de Jamaica, en un atentado de claro contenido político. Incluso se especuló con la intervención en el tiroteo de la CIA, dada la incomodidad que para los intereses yanquis suponía cualquier disidencia incontrolable que pudiera engendrar una nueva Cuba en el Caribe.  La agresión se produjo doce días antes de las elecciones y dos  antes del concierto gratuito, el legendario Smile Jamaica, en el que Marley iba a actuar con la intención de rebajar el nivel de violencia que estaba generando la situación política. Cuando le evacuaron con una herida en un brazo, le trasladaron a las afueras de la ciudad, donde la policía y un grupo de rastas con machetes le protegerán durante toda la noche. Los acontecimientos que rodearon el concierto, que finalmente se llevó a cabo con la asistencia de 80.000 personas, lo han convertido justamente  en uno de los momentos clave del siglo XX en los países del tercer mundo.

Acto seguido Marley se exilió, permaneciendo en las Bahamas brevemente antes de volar a Londres, donde tenía previsto trabajar en la grabación del álbum Exodus, su mejor LP, que edita en 1977. Después  le seguirán Kaya y su segundo álbum en directo, Babylon By Bus.

El 22 de Abril de 1978, rompe con su exilio londinense y vuelve a Jamaica para participar en un gran concierto de reconciliación, el memorable One Love Peace Concert, en un clima de guerra civil y de represión militar. Ese día también será recordado por el famoso acto en el que el Rey del reggae consiguió que se dieran la mano los dos candidatos a la Presidencia, Michael Manley (PNP) y Edward Seaga (JLP).

En el invierno de ese mismo año inicia un tour mundial que lo acerca a su añorada África,  inspiración para su siguiente LP  Survival. Será en esa gira  en la que le detectan el cáncer que acabará con su vida y que a su vez le asegura la inmortalidad.

Dos años después, el 5 de octubre de 1980,  viaja por primera vez a Nueva York para tocar en el Madison Square Garden pero ya su salud está muy mermada y después de editar su album  Uprising fallecerá en 1981.

Es enterrado con honores de Jefe de Estado en  Jamaica, muy cerca de su lugar de nacimiento, aunque su viuda, contrariando a las autoridades locales, declaró años más tarde que quería trasladar el cadáver a la ciudad de Shashamane, al sur de Adís Abeba, construida en una gran parcela que Haile Selassie había donado de su patrimonio particular para permitir el asentamiento de los seguidores del movimiento de las Antillas que quisieran «regresar a su patria» en África.

Por su relevancia artística y pública, Bob Marley es  uno de los grandes mitos de la música del siglo XX  pero, más allá de eso, ha encarnado como nadie a ese rey negro que esperaba el pueblo africano. No en vano, en 1980, durante una ceremonia secreta, se había bautizado bajo el credo de la  Iglesia Ortodoxa Etíope. Así que Bob pasó a llamarse Berhane Selassie, el mismo nombre que llevaba el  desaparecido Ras Tafari Makonnen,  ostentando ya, para siempre, el cetro de Negus de Etiopía.

El álbum recopilatorio Legend, lanzado en 1984, tres años después de su muerte, es el álbum de reggae más vendido de la historia con 15 discos de platino en los EE. UU.​ y  más de 28 millones de copias en todo el mundo.​

El rey negro ya había entrado en el panteón de los dioses africanos. ¡Había vuelto  definitivamente a casa!

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Archivo Entreletras

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