
Érase una vez un tiempo en el que decir lo que uno pensaba, creía o sentía resultaba francamente difícil, por no decir imposible, ¡así que de protestar ni hablamos! No resultaba fácil, desde luego, silenciar ideas y palabras, pero era lo que, por desgracia, nos había tocado vivir y a lo que había que resignarse, habida cuenta de que, por mucho que nos esforzáramos en ello, mucha solución inmediata no veíamos.
Por eso cuando, en los años 60, comenzamos a escuchar a cantautores que, como el que no quiere la cosa, decía en sus letras muchas de las cosas que nosotros hubiéramos querido expresar, se nos abrió el cielo de par en par, como si de pronto se nos hubiera aparecido la Virgen de los Remedios, que en cuestiones de resolver cosas parecía la más apropiada.

Entre aquellos «héroes» de la música, como muchos jóvenes y no tan jóvenes de la época los veíamos, esos que eran capaces de anteponer valientemente sus palabras a sus miedos, estaba, por ejemplo, Chicho Sánchez Ferlosio, todo un pionero de la llamada «canción protesta», que se atrevió a regalarnos temas como «La paloma de la paz» y «Gallo rojo, gallo negro», que se convirtió en un himno de la lucha diaria por la libertad.
Junto a él, también empezaron a dejar que asomaran sus quejas, inquietudes y reivindicaciones cantautores inmensos como Paco Ibáñez, Raimon, Mikel Laboa, Pau Riba, Imanol, Elisa Serna, Lluís Llach, Carlos Cano, Luis Eduardo Aute, José Antonio Labordeta…, y muchos otros más, a los que es obligado dedicar un tiempo y un espacio propios.
A todos ellos, a esos que protestaban por nosotros en forma de canción, gracias por abrirnos el camino a un tiempo en el que el silencio fue voluntario y el derecho a la palabra, por fortuna, obligatorio.
Dicho todo esto, mejor será cederle la palabra a una voz autorizada, como la de Luis Pastor, para que nos explique con su habitual sabiduría qué han sido de aquellos cantautores que tuvieron la osadía de protestar en tiempos en los que eso era poco menos que jugarse la vida…












