mayo de 2024 - VIII Año

¿Para qué ha servido izquierda socialista?

L. Gómez Llorente y P. Castellano

Hoy, 16 de noviembre, hace cuarenta años, que inició su andadura Izquierda Socialista. Es lógico sentir una cierta nostalgia. La historia de la Corriente, con sus aciertos y errores, está vinculada a los anhelos de cambio y a la constante exigencia de una mayor democracia interna en el seno del PSOE.

Se ha  producido, desde hace bastante tiempo, en la sociedad española lo que podríamos denominar una cierta hibernación de la memoria. La Corriente de opinión Izquierda Socialista fue más  allá de simples tacticismos y estaba alentada por unos valores éticos y unos principios políticos nítidamente democráticos  de carácter transformador.

Los partidos políticos articulan la democracia y son instrumentos para vehicular las inquietudes y los anhelos de los ciudadanos. Sin partidos políticos no hay democracia pero, no es menos cierto, que hay que llevar la democracia al seno de los partidos. Este ha sido y aún sigue siendo, uno de los objetivos pendientes en muchos lugares de esta Europa que atraviesa una etapa de desafección hacia la política, entre otras razones, por la poca confianza que despierta en los ciudadanos.

Izquierda Socialista nació tras el XXVIII Congreso de PSOE. No está, en absoluto de más, rememorar en estos momentos, lo que impulsó y puso en marcha esta Corriente crítica de opinión, así como hacer un balance de sus aciertos y logros.

El XXVIII Congreso es conocido como el del debate en torno al marxismo. Este debate, que en buena medida fue nominalista, en realidad supuso una cortina de humo que encubrió algo de mucho más calado: una profunda modificación del modelo de Partido, que dio lugar a un funcionamiento rígido de “arriba a abajo”  y a un híper-liderazgo. En cierto modo, se trató de una refundación.

En la historia de Izquierda Socialista, tanto como ideólogo e inspirador como referente moral, juega un papel destacado Luis Gómez Llorente.  Quienes habíamos tenido la oportunidad de conocerlo con anterioridad, tanto en el Partido como en FETE-UGT, confiábamos en sus conocimientos, en su reciedumbre moral y en los valores cívicos que preconizaba. Muchos de nosotros habíamos leído su libro sobre Rosa Luxemburg, aparecido en la editorial Cuadernos para el Diálogo, su Historia del Partido hasta 1921, así como algunos de sus lúcidos ensayos estratégicos de carácter político y sindical.

Creía como pocos en el valor de la democracia interna o en la democracia interna como valor, en el poder de la palabra, en el debate y en una formación sólida, política y sindical. Tenía una formación marxista que no dudo en calificar de heterodoxa y que estaba impregnada de la tradición transformadora del socialismo democrático clásico.

Por eso, sin abandonar nunca la prudencia que le caracterizaba y un gradualismo coherente, consideraba que  había llegado el momento de organizarse internamente, para corregir por métodos democráticos, lo que podríamos denominar  “abusos de poder” como por ejemplo, que una sola tarjeta, levantada en un Congreso, representaba el voto de todos los delegados de Andalucía o Madrid, donde militábamos nosotros.

Había que reaccionar y lo hicimos. Teníamos convicciones como que había que luchar porque cada delegado manifestara libremente su voto. Hubo que soportar, descalificaciones e incomprensiones… pero al final, se consiguió aquello por lo que batallamos sin descanso, durante varios años.

El documento fundacional de IS expone, con claridad, los objetivos y estrategias de la Corriente. El principal de ellos, fue sin duda, influir con nuestra praxis sobre el Partido, para evitar una derechización que echara por tierra concepciones que habían demostrado su eficacia y su arraigo en la historia centenaria del Partido.

El planteamiento de IS era ideológico y se articulaba en torno a unos principios que considerábamos imprescindibles y prioritarios. El concepto de “partido de clase”, quizás mereciera la pena repensarlo. La sociedad española estaba sufriendo cambios económicos y sociales significativos, pero eso no podía significar, sin más, sustituirlo, por un “modelo interclasista”. Lo que venía a suponer, de paso, el abandono de algunas de nuestras más preciadas señas de identidad.

Por otro lado, entró en crisis la teoría de las dos ruedas, lo que suponía la quiebra del modelo de relaciones con UGT que había estado vigente desde que lo conceptualizó Pablo Iglesias Posse.

Prescindir de él trajo como consecuencia no sólo la pérdida de algunas bases de apoyo social… sino lo que es más grave, nos alejó de las expectativas y los planteamientos laborales de UGT.

La ruptura con el sindicado hermano, liderado en aquellos momentos por Nicolás Redondo, fue traumática. Desde Izquierda Socialista, defendimos que “ese” divorcio, era intrínsecamente negativo y que tendría consecuencias dolorosas para el proyecto socialista. Por tanto, creíamos y seguimos creyendo, en un entendimiento entre PSOE y los sindicatos de clase, para favorecer las expectativas y los intereses de los trabajadores y de los segmentos sociales más vulnerables y desprotegidos.

Tantos años de lucha no fueron estériles. Entre otras cosas, queda el recuerdo de una labor de equipo que en las sucesivas etapas de la Corriente fue el referente de las reivindicaciones que proponíamos. No es posible enumerar a todos los compañeros que asumieron la portavocía o tareas de coordinación, más quisiera mencionar junto a Gómez Llorente, a Pablo Castellano, Carlos López Riaño, Vicens Garcés, Antonio García Santesmases,  Manuel de la Rocha o José Antonio Pérez Tapias…

Preparábamos minuciosamente, cada paso que íbamos dando. Tengo muy presente en la memoria, sin ir más lejos, las Jornadas de Hervás, que más tarde dieron lugar a una publicación que dejara constancia de las posiciones políticas que planteábamos.

Era importante hacer “pedagogía social”, demostrar que tal y como había sucedido históricamente, el Partido contaba con un “ala izquierda” que quería estar presente en los órganos deliberativos, así como atraer a los sectores sociales, que veían reflejadas en nosotros, las aspiraciones de cambio con las que se sentían identificados y que si no hubiera existido la Corriente, probablemente se hubieran abstenido en algunas elecciones.

Izquierda Socialista fue siempre una corriente seria y rigurosa en sus planteamientos. Procuraba hacer, en la medida de sus posibilidades, pedagogía social. Nos oponíamos tanto a las improvisaciones, que no suelen llevar a ningún lado, como a un cortoplacismo un tanto oportunista… que ponía de manifiesto las deficiencias de un horizonte estratégico errático.

Veíamos con buenos ojos acuerdos adoptados durante la Transición, que eran necesarios para consolidar la democracia. Echábamos, no obstante de menos, en determinadas cuestiones una mayor contundencia a la hora de romper con el pasado… para poder configurar un futuro diferente. La memoria histórica, tal vez haya sido y siga siendo, uno de los más emblemáticos.

A la hora de recordar la historia y las posiciones defendidas por  la Corriente, es indispensable hacer hincapié en el significado del No a la OTAN. El cambio de posición de la dirección del Partido, desconcertó a muchos electores. Nosotros defendimos la neutralidad como el mejor camino para evitar las consecuencias de la tensión entre los bloques, contribuyendo así a la distensión.

Algunos considerábamos que renovar el pacto expreso entre electores y elegidos, cada cierto tiempo, era básico para mantener la confianza en nuestros votantes, en nuestro bloque social de apoyo. Es incuestionable la diversidad de intereses entre distintas generaciones. No podemos, por consiguiente, convertir a los más jóvenes en rehenes de unas decisiones tomadas con antelación. Así esa delegación de confianza debía ser renovada, periódicamente,  para dar frescura y dinamismo al proyecto.

En nuestra concepción de la democracia el voto de la mayoría permite legitimar la  toma de decisiones, más al mismo tiempo, esas decisiones no pueden suponer una Imposición sobre los derechos de las minorías.

Creíamos que el correcto funcionamiento de un sistema democrático no se agota en modo alguno con medidas políticas sino que es necesario profundizar en aspectos básicos de una democracia económica y cultural.

Pensamos y seguimos pensando que un partido tiene que estar muy atento a los deseos de cambio de los ciudadanos  para vehicularlos.

Éramos partidarios de una democracia inclusiva donde tengan cabida las exigencias morales y el reconocimiento de derechos de colectivos que necesitan atención y protección por parte de los poderes públicos, para lograr mayores cotas de igualdad social.

Una democracia debe alentar y proteger valores, y proponerse reducir las deficiencias democráticas. Defendíamos una educación y una sanidad pública así como una protección social de los más desfavorecidos.

Luis Gómez Llorente, tenía unas firmes convicciones laicistas. Su magisterio logró que también nosotros la convirtiéramos en una seña de identidad de la Corriente y que en todo momento procuráramos vencer resistencias, denunciar privilegios confesionales y dar pasos hacia un modelo de Estado que garantice y sancione, desde el respeto, más temprano que tarde, la separación entre las confesiones religiosas y el Estado.

Los aspectos antes señalados son solamente “jalones significativos” de la historia de Izquierda Socialista. Cuando se cumplen cuarenta años de su creación y puesta en marcha, es obligado poner de manifiesto que no puede entenderse cabalmente la trayectoria del Partido Socialista, sin tener en cuenta la tensión dialéctica que en su interior llevó a cabo la Corriente, tanto para evitar la derechización como para promover la democracia interna, dotar al militante de derechos y conectar con los sectores electorales coincidentes con nuestra hoja de ruta.

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Archivo Entreletras

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