abril de 2026

Homenaje a Michelle Pfeiffer

MICHELLE PFEIFFER EN FRANKIE Y JOHNNY

Cumple sesenta y ocho años la bella Michelle, que, entre otras, interpretó esa bella película con el gran Al Pacino.

FRANKIE Y JOHNNY

La chica es la muy interesante y guapa, Michelle Pfeiffer, que nos deslumbró en Lady Halcon o en Las amistades peligrosas, en los años en que empezó en el cine, pero también tuvo un encuentro con Pacino en la muy notable cinta Scarface, subtitulada El precio del poder (1983) que dirigió Brian de Palma, donde era la novia del gánster.

Con dos actores así y acompañados de Kate Nelligan y Héctor Elizondo, entre otros, la película es una amable comedia que no desmerece de otros títulos del cine de comedia americanos, donde asistimos al encuentro entre un falsificador, Johnny, que ha pasado ocho meses en la cárcel por llevar a cabo un timo y Frankie, una mujer apocada y dolida por su fracaso con los hombres, donde adivinamos la herida en la mirada, su posición fuera de juego (como en la escena de inicio cuando la vemos en un autobús, con la tristeza en el rostro, luego la vemos en una fiesta familiar, oyendo la recriminación de la madre por no haber creado una familia, por no llevar una vida normal). Una mujer herida, por el maltrato del pasado, que rehuye a los hombres y un hombre extrovertido que viene de la ilegalidad, para buscar un empleo decente.

Johnny se ha dado cuenta de su pericia en la cocina de la cárcel y cuando llega a la cafetería restaurante es bien acogido por Héctor Elizondo, el cual le pregunta a su sobrina (que ha venido de Grecia) qué le parece el nuevo candidato, a lo que ella responde que sí, le gusta su cara. Elizondo le contrata, como si hiciese un buen acto, ya que, en su papel, viene que ha estado en la cárcel.

En un ambiente, donde vemos la familiaridad, los ancianos que frecuentan siempre la cafetería, un hombre como Johnny, irresistible en su simpatía y en su capacidad para conectar con la gente, triunfa con todos. Pero Frankie le rehuye, no siente ese apego que le muestran los demás, porque es una mujer que vive por dentro, que no acepta otra oportunidad en la vida.

Por ello, el restaurante cafetería es el escenario fundamental, porque se viven conversaciones, se fragua en él la relación que, por fin, irá cediendo, desde la camarera que, ya mayor, no acepta el paso del tiempo y sus achaques, hasta el joven latino que siempre habla con su chica por el teléfono. Todos son personajes amables, personas reales que viven una vida común y que no muestran en ningún momento desprecio a los desconocidos.

En ese ambiente, vamos comprendiendo que Frankie y Johnny son seres diferentes, pero que debe haber un resquicio para el amor. La solvente interpretación del gran Pacino dota a la película de especial atractivo, porque no podemos apartar la mirada de sus ocurrencias, de sus ojos grandes que invitan a la sinceridad y nos demuestra la bondad de un hombre que pudo equivocarse, pero que tiene nobleza en su interior. Michelle Pfeiffer está muy bien en su papel, preocupada por su trabajo, aislada del mundo, pero cada vez más atenta a las ocurrencias de su nuevo amigo, al que envidia por su don de gentes, a la vez siente una gran desconfianza hacia una persona sin heridas aparentes.

El simpático momento de la primera cita, cuando los amigos de Frankie le preguntan cosas, mientras ella se viste, demuestra que no está sola, pero que Johnny debe vencer un muro interior que impide a otros hombres, por las huellas del pasado, a acercarse a la chica. Las conversaciones entre ellos exponen la oposición entre dos formas de ver la vida, una, mirando para afuera, otra, para adentro, la de Frankie, claro.

El final es excelente, porque ella va abriendo su corazón y le invita a Johnny a compartir su cepillo, clara metáfora de compartir su vida.

Lo más interesante de esta historia es el progreso de la misma, como un hombre puede acercarse a una mujer en el lugar de trabajo, como se van filtrando las miradas, como se van sintiendo los latidos de ambos, envueltos en la soledad de sus mundos, de Johnny no conocemos nada, solo el aspecto que ofrece, su sociabilidad y su buen corazón para ayudar a los demás, a sus compañeros de trabajo, lo que también hace Frankie, una mujer hecha de sufrimiento, pero noble como pocas.

Queda la interpretación de Pacino y Pfeiffer en esta amable comedia, no es una gran película, ni pretende serlo, pero nos hace sentir mejor, porque, cansados a veces del cine duro y violento (como tantas veces ha protagonizado Pacino en películas ya citadas y otras que sería muy extenso enumerar), es bueno dejarse llevar por una historia con final feliz, como las de Frank Capra, por poner un ejemplo.

El restaurante, sus habitantes, como los miembros de una gran familia, van fraguando la historia, todos cómplices de esa apertura de los sentimientos de Frankie, de ese acercamiento a Johnny que todos deseamos en cada minuto de la película. Las historias paralelas de las camareras, los retazos de sus vidas que la película ofrece enriquecen esta amable cinta que será recordada por su genial pareja protagonista en una historia más entrañable y con final feliz que aquella que les reunió por primera vez, la violenta película de De Palma, El precio del poder.

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Archivo Entreletras

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