abril de 2024 - VIII Año

Los políticos, sus libros y La Feria del Libro

FLM 2022. Foto: Entreletras

Hace unos años, no tantos de verdad, a La Feria del Libro iban para firmar sus obras los escritores que, a lo largo del curso, habían obtenido la admiración y el favor del público, y también escritores que lo tenían desde siempre. Aquel Miguel Delibes, aquel Camilo José Cela, aquel Francisco Umbral, aquel Gonzalo Torrente, sean estos ilustres nombres como metáfora. En una Feria del Libro conocí a Gloria Fuertes, otra ilustre de aquellas, al poco empezó a llover y al parque se le puso ese color dorado que tiene El Retiro cuando llueve y es primavera.

En 1945 se publicó Hijos de la ira, de Dámaso Alonso, una edición de 500 ejemplares que editó la emblemática Revista de Occidente. La casa editora le entregó al autor 25 libros y el gran Dámaso tuvo a bien comprar 85 a la editorial, el resto se vendieron, en su totalidad, en La Feria del Libro.

Ahora ha cambiado mucho. Todos los escritores quieren firmar y algunos, cada vez más, pagan por hacerlo. Es un carrusel de nombres desconocidos que citan a sus amigos para hacerse una foto y colgarla en las redes.

Y luego están los políticos, a los que les encantan escribir y escribir libros, y después, cuando gobiernan les importa la cultura lo mismo que a mi la Asociación del Rifle americana. Digo escribir, porque a algunos se los escriben, como a Pedro Sánchez que además confundió a San Juan de la Cruz con Fray Luis de León, casi nada.

El libro de Aznar, el de Rajoy, el de Aguirre, el de Carrillo, el de Albert Rivera, el de Carmena, el de Álvarez de Toledo, el de Mónica García, el de Revilla… y pásmense, en todos salen los políticos en la portada, en todos, ¿por? No hace falta explicarlo. Yo he tratado de leer algunos y son repugnantes, ¿por? Porque escribir es algo que hacemos los escritores, y nos pasamos la vida haciéndolo, y no pensamos en otra cosa, y tenemos en la literatura una absoluta y tremenda obsesión, un oficio. El que escribe para salir en una portada o asistir a un programa de televisión, o firmar cuatro ejemplares en una Feria, ese, no suele escribir bien.

Si eres político y publicas un libro en enero, febrero o marzo y luego vas todo lo que puedes a firmarlo a La Feria del Libro, conviertes la feria en una especie de posadera electoral y le quitas el sitio a un escritor de esos pobrecitos, como yo, que viven de vender libros y lo hacen porque es su vacación y lo han soñado desde niños.

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