
En el conjunto de la obra de Gustavo Bueno (1924-2016), así como en el ámbito de su pensamiento, el Materialismo Filosófico, las referencias a George (Jorge) Santayana (1863-1952) ocupan un lugar de cierta relevancia, aunque no sean muchas. Mas esto debe ser matizado convenientemente. Ambos pensadores compartieron una base, un sustrato materialista, y fueron muy y críticos respecto al idealismo y las teologías, aunque desde coordenadas epistemológicas y estilísticas muy diferentes.
Santayana y su naturalismo materialista
Santayana definió su filosofía como “naturalismo materialista”, aunque eso precise alguna concreción, pues los siglos XVIII, XIX y XX conocieron otros materialismos. Su naturalismo se inspiró en el materialismo clásico de los pensadores greco-latinos, como Demócrito y sobre todo Lucrecio (99-55 a.C.), cuya De Rerum Natura, fue una de sus obras favoritas. Para él, Lucrecio no era un autor antiguo, sino casi un contemporáneo que pensó en problemas que también son del hombre moderno: el tiempo, el destino, la muerte, los dioses y la composición de la materia. Pero, mientras Lucrecio enseñó a no temer a la materia, Santayana enseñó a amarla como el único sustrato capaz de sustentar la belleza y la razón. A Lucrecio, Dante y Goethe, los consideró los tres grandes poetas-filósofos.
Santayana precisó su materialismo denominándolo “naturalismo”, pero no planteado al modo de positivistas o marxistas, sino como continuador del materialismo originario griego. Santayana concebía la materia como el elemento biológico primario, pero sin extraer de ello presupuestos teóricos o metafísicos negadores de la vida del espíritu. En sus obras Los reinos del ser y La vida de la razón, dejó claro que solo la materia posee poder causal efectivo. La materia es la base de todo, pero el materialismo no es solo una teoría física: es una toma de posición. La materia es principio y causa última de todo, incluidos la esencia, la verdad y el espíritu. Por ello privilegió el valor del conocimiento científico, pero consciente de las limitaciones de las ciencias y, sobre todo, advirtiendo de la deriva metafísica, en su peor sentido, del “cientificismo”.
La distinción de Santayana entre la materia y las «esencias» (ideas, formas, colores, conceptos), hace que las esencias, siendo física o materialmente “inexistentes”, son lo que se percibe de la materia. Valoró mucho por ello las aportaciones de las ciencias, pero argumentó que los seres humanos viven en un mundo de «esencias» (significados, ideales, belleza) que, sin ser materia en sí mismas, son expresiones de la materia. Su materialismo es una “filosofía realista”, única filosofía que, aceptando la realidad del mundo físico, permite a la mente habitar en un mundo de significados, pero sin caer en la ilusión de que esos significados sean creadores del mundo.
El Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno
Uno de los grandes hitos de la filosofía española de finales del siglo XX y comienzos del XXI, que ha creado escuela, ha sido el materialismo filosófico de Gustavo Bueno. Un materialismo que también encontró inspiración en el pensamiento de Santayana. La filosofía de Bueno se articula en dos pilares: su ontología, que estudia cómo está estructurada la realidad, y su gnoseología o epistemología (o “teoría del conocimiento”), que se articula en su Teoría del Cierre Categorial, con la que estudia el cómo se constituye el conocimiento científico. Porque para Bueno, la realidad no se reduce a la materia física tradicional, lo que incurría en “mecanicismo”, ni al espíritu o la mente, como propuso el idealismo. Es decir, que Bueno distingue y separa la ontología de la epistemología, sin por ello negar las relaciones inevitables entre ambas.
La realidad, para él, se manifiesta en tres tipos o géneros de materialidad formal, en co-determinación, mas irreductibles y discontinuas entre sí: 1) Materialidad primario-sensible o física, que comprende los objetos corpóreos, los campos electromagnéticos, las reacciones químicas, las ondas astronómicas y los procesos biológicos externos, el mundo físico perceptible o medible de forma directa e instrumental, que denomina M1; 2) Materialidad secundario-sensible o subjetivo-psíquica, comprensiva de las experiencias internas del sujeto operante, como dolor, emociones, deseos, estados de conciencia, recuerdos subjetivos o vivencias de conducta, que denomina M2; y 3) Materialidad terciario-sensible o abstracta/objetiva, integrada por las estructuras y objetos abstractos, impersonales, que no son ni meros objetos físicos (M1), ni estados mentales individuales (M2), inclusiva de teoremas, números primos, estructuras lógicas, normas jurídicas o las instituciones sociales, y a la que denomina M3.
Para Bueno, la agregación de M1, M2 y M3 en Mi, constituye su Ontología Especial, es decir, la materia tal como se aprehende (Mi). Mas, por encima de ella, Bueno postula una Materia Ontológico-General (M), una noción crítica que recuerda que la realidad desborda siempre cualquier esquema conceptual. Su Teoría del Cierre Categorial es la teoría gnoseológica o epistemológica de Bueno sobre el conocimiento y las ciencias. Con ella, se opone al “adecuacionismo” (la ciencia como mero reflejo pasivo de la realidad) y al “construccionismo” o “ficcionalismo” (la ciencia como invención social o convención lingüística). Una disciplina se convierte en ciencia estricta solo cuando logra el cierre categorial: un proceso mediante el cual las operaciones del sujeto científico operan con términos y relaciones en un campo material acotado (una categoría), produciendo verdades objetivas, independientes de los sujetos.
Convergencias y divergencias
Santayana, creador a comienzos del siglo XX de su “naturalismo materialista”, es objeto de referencia y hasta de alguna cita específica en la obra de Bueno. Con ello ha trazado éste una vía de aproximación a las tesis naturalistas de Santayana, que sin duda también le inspiraron. Sus similitudes y diferencias y las influencias del madrileño en el riojano se pueden agrupar en tres ámbitos bien diferenciados.
1- En la Filosofía Política y la Teoría del Estado: En su obra Primer ensayo sobre las categorías de las «ciencias políticas»(1991), Bueno citó expresamente a Santayana. Acudió a la obra política de Santayana al examinar la génesis de las sociedades políticas y la dialéctica entre las fuerzas reales del poder y los modelos ideológicos. Criticaba Bueno entonces lo que el consideró la hipóstasis del «Estado de Derecho»: al ser todo Estado, formalmente, un Estado de Derecho, puesto que todo Estado opera mediante un ordenamiento normativo e institucional, no le parecía razonable insistir en la expresión “Estado de Derecho para referirse solo a las “democracias liberales”. A esos efectos, utilizó las distinciones y consideraciones de Santayana respecto a cómo los modelos políticos ideales, a menudo, se deforman o hipostasian en abstracciones metafísicas separadas de la praxis física y social.
2- En la Filosofía de la Religión y en el «Ateísmo Piadoso»: En el desarrollo de su ontología y de su Filosofía de la Religión, como sucede con su obra El animal divinoy textos complementarios, la figura de Santayana reaparece en la obra de Bueno a la hora de categorizar los tipos de materialismo y ateísmo. El «ateo católico» y el ateísmo spinoziano de Santayana también inspiraron a Bueno, que se declaraba “ateo católico”. Éste cita con frecuencia la célebre posición de Santayana, quien se autodefinió como «ateo al modo de Spinoza», destacando su estima por la envoltura estética e institucional del catolicismo. Bueno rescató la tesis de Santayana según la cual las religiones (y en especial el catolicismo) poseen un valor antropológico, estético y cultural decisivo que no puede reducirse a mera superchería. Santayana subrayaba que la religión canaliza los sentimientos más puros del hombre y define los grandes ideales. Este es el esfuerzo epistemológico que pedía Santayana para posibilitar el acceso racional a lo que es la idea de Dios. Una idea que, pese a estar aparentemente oculta, sostiene la realidad de la naturaleza. Temas que trató en su famosa novela El último puritano.
3- El idioma y los dilemas de la filosofía en español: En España frente a Europa(1999) y diversos ensayos sobre la historia del pensamiento hispano, Bueno y su Escuela de Oviedo han abordado a Santayana como un caso paradigmático y, a la vez, paradójico. Se trata de un pensador hispano, sin duda, pero que siempre se expresó en lengua inglesa, pese a que dominaba perfectamente el idioma español y a que su “españolidad” está claramente presente en toda su obra. Razones que ayudan a comprender por qué Bueno ha estudiado el fenómeno del pensamiento de Santayana, y de su filosofía en general, dentro del debate más amplio sobre la existencia o la posibilidad de una filosofía hispánica de proyección universal, en la que el madrileño también debería figurar, por derecho propio.
En suma, para Bueno y el entorno de la Fundación Gustavo Bueno, Santayana ha representado un hito del materialismo vital y literario del siglo XX. Su valor, para Bueno, radica en su agudeza crítica contra el espiritualismo y contra los utopismos políticos. Mas, el materialismo filosófico ha buscado distanciar su arquitectura teórica de la deriva final, poética e impresionista, adoptada en su madurez por el filósofo madrileño, dotando para ello a la ontología y a la gnoseología de un rigor sistemático y categorial mucho más estricto.
Es por eso que el Materialismo Filosófico ha aportado un rigor categorial y ontológico (teoría del cierre categorial, ontología especial M1, M2, M3) mucho más metódico y menos poético-literario que las aportaciones del filósofo madrileño-estadounidense al pensamiento actual.
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