noviembre 2020 - IV Año

ENSAYO

Los misterios de Homero

A los hombres que más se honra es a los justos y a los valientes
Aristóteles. Retórica.

homero6Hay personajes que parecen envueltos en un aura de misterio. Eso no hace más que aumentar su atractivo. Desde la noche de los tiempos se ocultan en una neblina donde no se distingue la historia de la leyenda, ni los hechos probados de los ficticios e incluso, claramente inventados.

A la cabeza de esos personajes se encuentra, sin duda, Homero. Se cree que vivió en torno al siglo VIII a.C. y que fue un poeta épico a quien se atribuye nada menos que La Ilíada y La Odisea escritas en hexámetros.

Una nube de misterio lo envuelve y no es posible abrirse paso a través de conjeturas, lagunas y desconocimiento en torno a su figura y a su existencia histórica. Su universo es mítico y compuso sus dos poemas antes del nacimiento de la Filosofía, es decir, del pensamiento racional.

No se sabe, a ciencia cierta, dónde nació. Varias ciudades helénicas se disputan ese honor. Quizás, Esmirna quizás, Quíos por las descripciones que hace de la costa Jónica de Asia Menor, quizás Ítaca, quizás incluso Atenas…

En el año 125 a.C. el emperador Adriano, en un viaje a Grecia se detuvo en Delfos y formuló una pregunta al célebre oráculo: ¿dónde nació Homero? El oráculo no respondió. Y, por tanto, el lugar de nacimiento de Homero continuó siendo un misterio indescifrable…

¿Hubo un Homero o varios? La Ilíada y La Odisea ¿Son obras de mismo autor? A ciencia cierta nada sabemos. Como en todas las leyendas, se dan por ciertos hechos que están lejos de poderse probar. Por ejemplo, que fue ciego o pobre, (en griego, homero significa ciego). Pueden constatarse, sí, testimonios como el de Heráclito o el de Píndaro, pero en realidad en las páginas y fragmentos que se guardan de ellos repiten lo que han oído decir o recurren a lo que se dice o se cuenta.

homero2Por tanto, la incógnita de si es un personaje real o imaginario dista mucho de poderse resolver incluso hoy. A veces, para complicar más las cosas se añaden dificultades a las ya existentes. Durante mucho tiempo, una biografía de Homero, se atribuyó a Herodoto. Hoy, con los nuevos avances filológicos, no es posible ni riguroso mantener la autoría. Tanto La Ilíada como La Odisea, durante muchos siglos nos vienen conmoviendo y emocionando. Es sencillamente maravilloso que sintamos el mismo pálpito y las mismas sensaciones que tuvieron otros hombres hace XXVIII o XXIX siglos.

Las dos obras, durante mucho tiempo, han formado parte de la educación de los jóvenes. Y, digo han formado, con profunda tristeza, porque deberían continuar siendo obras con las que los adolescentes se familiarizaran con el mundo clásico antiguo y aprendieran, como muchas generaciones hemos aprendido de ellas, una forma de vida, unos valores… Nos sentimos atraídos por la valentía, por la inteligencia, por la astucia, por el amor a la libertad y a la justicia de algunos de sus personajes y de muchas de sus páginas.

Recuerdo la primera vez que leí La Ilíada y La Odisea, siendo un preadolescente. La Odisea, me interesó más. Ítaca, el lugar del que se parte y el lugar al que se vuelve, la lucha contra el cíclope Polifemo, las descripciones de Nausicaa en la playa, donde arriba Ulises tras un naufragio, el canto de las sirenas, que Odiseo escucha amarrado a un mástil o la hechicera Circe que convierte a los hombres en cerdos…

Creo que tanto La Ilíada como La Odisea son obras que aportan mucho a una educación sentimental y que convenientemente leídas se puede extraer de ellas mucha sabiduría, compasión y ganas de vivir, ya que son de esas obras que permanentemente están hablando a los hombres y mujeres despiertos y son capaces de decir algo distinto cuando se tienen 12 años, 20, 40 o 60. Sin ir más lejos, el fragmento de La Ilíada que reproduce la conversación de Príamo y Aquiles tras haber dado muerte a Héctor, con la madurez resulta desgarrador y emocionante, pero en la juventud puede pasar desapercibido.

Me parece interesante constatar que, en lo que denominamos periodo homérico, abundaban los relatos orales que sólo más tarde se fijaron por escrito. La Ilíada consta de 15.689 versos y La Odisea de 12.110. Los aedas o rapsodas, iban por los caminos recitando versos y muchos de ellos eran ciegos. La literatura oral es la que da origen a los dos grandes poemas.

homero33Probablemente paguemos un alto precio por nuestro desinterés hacia el mundo clásico. En él están nuestras raíces y desconocerlo nos causa desorientación pues quienes ignoran de dónde vienen, en muchos casos será difícil que logren saber, a dónde van.

Uno de los muchos libros que resultan útiles para adentrarse en los albores de la antigua Grecia es El Mundo Clásico (la epopeya de Grecia y Roma) de Robin Lane Fox. Sobre Homero hay una amplísima bibliografía de interés muy diverso y que no despeja las incógnitas que hemos ido exponiendo. Quiero recordar, asimismo, una novela bien documentada y evocadora de Antonio Prieto El ciego de Quíos que me parece muy ilustrativa de cuanto venimos diciendo.

Continuemos esta aproximación a Homero y a sus múltiples misterios. Sabemos que el dramaturgo Sófocles lo admiraba y que Alejandro Magno, el hijo de Filipo de Macedonia, en sus expediciones de conquista llevaba con él textos homéricos que según cuenta Plutarco, leía incluso a lomos de su caballo.

Quiero exponer mi convencimiento de que la lectura de La Ilíada y La Odisea, contribuyen a que los lectores extraigan de ellas ideas y conclusiones que les permitan reflexionar sobre la existencia e incluso aplicarla a la vida cotidiana.

Estoy convencido de que las obras clásicas aportan mucho al conocimiento de la historia, la cultura y las ideas y, constituyen un acicate para que nos hagamos preguntas que, probablemente, nos lleve mucho tiempo estar en condiciones de responder. Esas preguntas y respuestas son las que nos van haciendo personas, sin duda, posibilitan que los jóvenes crezcan por dentro, favoreciendo su proceso de maduración.

Creo que es obligada una reflexión sobre tradición e innovación. El adanismo es no sólo una prueba de incultura sino de estupidez. Procedemos de una tradición que debemos conocer pero, si no innovamos la tradición a la que pertenecemos, nos limitaremos a ser meros espectros del pasado.

En la antigua Grecia existía una tradición oral y uno o varios aedas lograron darle forma fijando, por escrito, las dos obras inmortales del periodo Pre-Clásico. Fijémonos en que este procedimiento no se circunscribe a este momento histórico. Pensemos, por ejemplo, en el Mester de Juglaría que ha dado como fruto, entre otros logros, el poema de El Mío Cid, que hay que colocar como una de las primeras joyas escritas del castellano.

homero5Creo que para los estudiosos e investigadores exigentes, Homero es un verdadero filón. Simplemente separar lo histórico, lo cierto, lo comprobable de lo legendario, lo atribuido sin rigor, lo falso y lo inventado es una tarea apasionante. Sabemos, por ejemplo que se le atribuyó La Batracomiomaquia (la lucha entre las ranas y los ratones) que análisis fidedignos han demostrado que es de una época posterior y la misma suerte han corrido los denominados himnos homéricos.

Ante nuestros ojos atónitos se muestra un mundo prístino por descubrir, una visión mítica del mundo, donde los dioses intervienen en la vida de los hombres y, donde encontramos descripciones, tan puras y tan bellas del amanecer como ‘cuando la aurora de rosados dedos hija de la mañana anunciaba el día…’

Podríamos continuar esta tarea de aproximación a la figura legendaria de Homero, pero llega el momento de poner fin a estas líneas señalando, eso sí, que la aventura intelectual y humana de leer La Ilíada y La Odisea y de meditar sobre su contenido, sigue siendo una tarea de primer orden y que en tiempos de navegar en la red y, lo que se ha dado en llamar, la revolución telemática es necesario y urgente compatibilizarla con unos cimientos de la cultura clásica que nada más, pero nada menos, que nos ha permitido llegar a ser quien somos.

Quizás el mayor misterio de Homero es lo bien que se conserva. Su juventud y vitalidad son, nunca mejor dicho, épicas y colosales.

No debemos tolerar que nuestros nietos no emprendan esta aventura, que hace muchos años nosotros realizamos siguiendo una sabia tradición.

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN ENSAYO

Ensayo

Donoso Cortés y el romanticismo político

Ensayo

Un ensayo de María de Maeztu sobre Emilia Pardo Bazán, aparecido en el diario bonaerense ‘La prensa’ en 1939

Ensayo

Evocación política y social sobre el primer Unamuno

Ensayo

Reflexiones sobre la actualidad del pensamiento de Hegel según Paul Ricoeur

Ensayo

Jeremy Bentham, reconsiderado

Ensayo

La Constitución de 1812 (y II)

Ensayo

La Constitución de 1812 (I)

Ensayo

La Ilustración en España

Ensayo

Kafka: una meditación

Ensayo

Hegel: un contradictorio pensador imprescindible

Ensayo

Baltasar Gracián, el Barroco y el final de la Escuela Española

Ensayo

‘Ser es pensar’. El idealismo filosófico es esencialmente, Hegel

Ensayo

Hegel cumple 250 años

Ensayo

Sagasta, el gran prestidigitador

Ensayo

Andrés Saborit líder socialista

Ensayo

La archiduquesa austriaca… ‘roja’

Ensayo

¡Votes for women!: siete luchadoras que contribuyeron al milagro del voto en los EE.UU

Ensayo

El Futurismo de Marinetti condujo directamente al fascismo

Ensayo

Francisco Suárez: Doctor Eximio, filósofo y jurísta

Ensayo

Síntomas psicopatológicos en tres de los principales líderes mundiales,…

Ensayo

Sócrates ¿soldado?

Ensayo

La desamortización general de Mendizábal

Ensayo

Ruido de sables en Washington

Ensayo

Referendum constitucional

Ensayo

La influencia del sufragio femenino en la cultura política

Ensayo

A propósito de Rawls

Ensayo

Duelo sin realidad

Ensayo

Responsabilidad social del periodista ante las crisis

Ensayo

Post-pandemia, una ocasión única para reinventar nuestro mundo

Ensayo

Robert Nozick, un anarquista de derechas

Ensayo

España y la antiEspaña

Ensayo

Alexander Fleming, descubridor de la Penicilina

Ensayo

La gran esperanza frustrada

Ensayo

Aporías, paradojas y dialéctica

Ensayo

El triunfo del Librepensamiento

Ensayo

Conflicto y negociación ¿A quién le puede interesar?

Ensayo

El nacimiento del liberalismo: Spinoza y Locke

Ensayo

John Locke: forjador del liberalismo político

Ensayo

Pensar en grande

Ensayo

La convivencia entre culturas y civilizaciones

Ensayo

Breves notas sobre Benito Pérez Galdós y el socialismo, en las elecciones de 1910

Ensayo

Inteligencia y liderazgo

Ensayo

Alcance militar y geopolitico del Brexit

Ensayo

Aprender a vivir con lo que nos ha tocado

Ensayo

Como seguir siendo cristiano en un tiempo postsecular. Una respuesta a Bonhoeffer.

Ensayo

Progreso y sentido

Ensayo

Rita Levi-Montalcini

Ensayo

Redes infames

Ensayo

Juegos de poder del nacionalismo

Ensayo

Héroe mutilado

Ensayo

Juegos de poder de la información

Ensayo

Sexto Empírico: Una aproximación al escepticismo grecolatino

Ensayo

Habermas-Rawls-Tönnies (y II)

Ensayo

Habermas-Rawls-Tönnies (I)

Ensayo

Repensar la protección de las personas vulnerables en la investigación científica

Ensayo

Decir y representación

Ensayo

La verdad, relativistas, los liberará

Ensayo

¿Cómo feminizar la vida social?

Ensayo

Nietzsche y la breve verdad

Ensayo

Juan López de Hoyos: el nexo entre Erasmo de Rotterdam y Cervantes

Ensayo

Hay mucho de lo que enorgullecerse

Ensayo

Europa un hermoso y original edificio… a medio construir

Ensayo

La estética en Eugenio Trías

Ensayo

Diez años releyendo a Dahrendorf

Ensayo

Consecuencias sociales y políticas de las nuevas tecnologías en el marco del transhumanismo h+ (y II)

Ensayo

Consecuencias sociales y políticas de las nuevas tecnologías en el marco del transhumanismo h+ (I)

Ensayo

Solón puso los cimientos de la democracia ateniense

Ensayo

Lógica, comprensión, traducción. Crítica de la traducción pura

Ensayo

Europa: Sísifo y la piedra

Ensayo

Ángel Fernández de los Ríos, un lugar destacado en la historia de Madrid

Ensayo

Hacia la unidad europea

Ensayo

Magdala o la historia de la trampa

Ensayo

Guillermo de Ockham… es mucho más que su célebre navaja

Ensayo

Política, comienzo incausado del arte de historiar

Ensayo

En el espejo se reflejan… los forajidos

Ensayo

Contra la misoginia, inteligencia y combatividad

Ensayo

El compromiso democrático de John Dewey

Ensayo

Unos meses decisivos para Europa

Ensayo

Infieran, no vaticinen, aborrecedores del lopezobradorismo

Ensayo

Maquiavelo, más allá de los lugares comunes

Ensayo

Sobre la Constitución y su Preámbulo

Ensayo

De tal palo tal astilla

Ensayo

La pérdida del impulso liberal (y II)

Ensayo

La pérdida del Impulso Liberal (I)

Ensayo

Séneca: invitación al diálogo sereno y a la reflexión

Ensayo

Ferdinand Buisson en el laicismo francés

Ensayo

Trasímaco vuelve… o quizás, no se haya ido nunca

Ensayo

Filosofía, enemiga de la economía digital

Ensayo

La reseña crítica de Manuel Cordero de la Restauración de Romanones

Ensayo

El liberalismo en el siglo XXI (I)

Ensayo

El liberalismo en el siglo XXI (y II)

Ensayo

John Rawls: un nuevo paradigma contractualista basado en la justicia redistributiva

Ensayo

Ferdinand Tönnies

Ensayo

La ‘Mélange’ ideológica y el ‘soufflé’ estratégico catalán

Ensayo

Guillermo de Torre, heterodoxia frente a conformismo

Ensayo

Un prefacio de Tierno Galván al Contrato Social de Rousseau

Ensayo

El movimiento del espíritu social. De la religión al arte

Ensayo

Fancesco Guicciardini, un diplomático toscano por tierras extremeñas

Ensayo

Norberto Bobbio, más marxiano que marxista

Ensayo

Freud nuestro contemporáneo

Ensayo

La experiencia de Suecia para Andrés Saborit en 1930

Ensayo

Las contradicciones de Gertrude Stein

Ensayo

Jean Jaurès, un pacifista y un europeista convencido

Ensayo

Encomienda de moderación

Ensayo

Aproximación a las bases teóricas del Mayo 68

Ensayo

Polibio de megalópolis y los valores republicanos

Ensayo

Una ética ecológica contra el totalitarismo tecnológico

Ensayo

Gioberti o el nacionalismo conservador

Ensayo

Al hilo de unas reflexiones políticas

Ensayo

Karl Korsch: ha vuelto para quedarse

Ensayo

David Harvey: La acumulación por desposesión

Ensayo

Guy Debord: la lucidez anticipatoria

Ensayo

Lo más humano, la idea, es la materia de la historia

Ensayo

Cesare Beccaria, un ilustrado frente a la barbarie

Ensayo

Política y pensamiento científico

Ensayo

El infinito viajar

Ensayo

El político y el científico

Ensayo

Albert Camus, un extranjero rebelde entre seres alienados

Ensayo

Los miedos de Baruch Spinoza

Ensayo

Virtualidad y cultura (La realidad fingida)

Ensayo

Cataluña y la ‘navaja de Occam’

Ensayo

Epicuro: el filósofo de los placeres moderados

Ensayo

Isaiah Berlin, un excelente y polémico ensayista

Ensayo

Rafael Méndez (1906 – 1991)

Ensayo

La serena inteligencia de Kolakowski

Ensayo

La posibilidad de la utopía

Ensayo

1 de octubre, 2018: días antes de un día después

Ensayo

Año 2018: ¿tiempo de la gran revisión constitucional?

Ensayo

Introducción estival al concepto de ‘liderazgo político’

Ensayo

Todo cambia…algo permanece

Ensayo

El sentimiento trágico de la vida

Ensayo

Adorno: Reflexiones desde la vida dañada

Ensayo

¿Por qué nadie recuerda a Daniel Bensaïd?

Ensayo

Cataluña, ‛casus belli’

Ensayo

Ferrater Mora, un catalán universal

Ensayo

Gramsci y Maquiavelo

Ensayo

La educación y la filosofía como utopía

Ensayo

Walter Benjamin, fracturas de la modernidad

Ensayo

Demos la palabra a Herbert Marcuse

Ensayo

Los misterios de Homero

Ensayo

La función de las ideologías según Max Horkheimer

Ensayo

Les presento a Margarita Nelken

Ensayo

Impunidad, no gracias

Ensayo

La vigencia de Erich Fromm

Ensayo

María Zambrano está viva

Ensayo

Buscando a Fernando Pessoa

Ensayo

El encuentro borgiano de Shakespeare y Cervantes

Ensayo

Dones de Amor, ay, cuitas de Amor

Ensayo

Intransigencia y control social: Flaubert y Baudelaire en el banquillo

Ensayo

El día que conocí a Ernesto Cardenal

Ensayo

Li Po y la melancolía

Ensayo

Epicteto de Hiérapolis (55dc/135dc), un esclavo filosófo del periodo helenístico

Ensayo

Gianni Vattimo y el “pensiero debole”