octubre 2020 - IV Año

ENSAYO

Los misterios de Homero

A los hombres que más se honra es a los justos y a los valientes
Aristóteles. Retórica.

homero6Hay personajes que parecen envueltos en un aura de misterio. Eso no hace más que aumentar su atractivo. Desde la noche de los tiempos se ocultan en una neblina donde no se distingue la historia de la leyenda, ni los hechos probados de los ficticios e incluso, claramente inventados.

A la cabeza de esos personajes se encuentra, sin duda, Homero. Se cree que vivió en torno al siglo VIII a.C. y que fue un poeta épico a quien se atribuye nada menos que La Ilíada y La Odisea escritas en hexámetros.

Una nube de misterio lo envuelve y no es posible abrirse paso a través de conjeturas, lagunas y desconocimiento en torno a su figura y a su existencia histórica. Su universo es mítico y compuso sus dos poemas antes del nacimiento de la Filosofía, es decir, del pensamiento racional.

No se sabe, a ciencia cierta, dónde nació. Varias ciudades helénicas se disputan ese honor. Quizás, Esmirna quizás, Quíos por las descripciones que hace de la costa Jónica de Asia Menor, quizás Ítaca, quizás incluso Atenas…

En el año 125 a.C. el emperador Adriano, en un viaje a Grecia se detuvo en Delfos y formuló una pregunta al célebre oráculo: ¿dónde nació Homero? El oráculo no respondió. Y, por tanto, el lugar de nacimiento de Homero continuó siendo un misterio indescifrable…

¿Hubo un Homero o varios? La Ilíada y La Odisea ¿Son obras de mismo autor? A ciencia cierta nada sabemos. Como en todas las leyendas, se dan por ciertos hechos que están lejos de poderse probar. Por ejemplo, que fue ciego o pobre, (en griego, homero significa ciego). Pueden constatarse, sí, testimonios como el de Heráclito o el de Píndaro, pero en realidad en las páginas y fragmentos que se guardan de ellos repiten lo que han oído decir o recurren a lo que se dice o se cuenta.

homero2Por tanto, la incógnita de si es un personaje real o imaginario dista mucho de poderse resolver incluso hoy. A veces, para complicar más las cosas se añaden dificultades a las ya existentes. Durante mucho tiempo, una biografía de Homero, se atribuyó a Herodoto. Hoy, con los nuevos avances filológicos, no es posible ni riguroso mantener la autoría. Tanto La Ilíada como La Odisea, durante muchos siglos nos vienen conmoviendo y emocionando. Es sencillamente maravilloso que sintamos el mismo pálpito y las mismas sensaciones que tuvieron otros hombres hace XXVIII o XXIX siglos.

Las dos obras, durante mucho tiempo, han formado parte de la educación de los jóvenes. Y, digo han formado, con profunda tristeza, porque deberían continuar siendo obras con las que los adolescentes se familiarizaran con el mundo clásico antiguo y aprendieran, como muchas generaciones hemos aprendido de ellas, una forma de vida, unos valores… Nos sentimos atraídos por la valentía, por la inteligencia, por la astucia, por el amor a la libertad y a la justicia de algunos de sus personajes y de muchas de sus páginas.

Recuerdo la primera vez que leí La Ilíada y La Odisea, siendo un preadolescente. La Odisea, me interesó más. Ítaca, el lugar del que se parte y el lugar al que se vuelve, la lucha contra el cíclope Polifemo, las descripciones de Nausicaa en la playa, donde arriba Ulises tras un naufragio, el canto de las sirenas, que Odiseo escucha amarrado a un mástil o la hechicera Circe que convierte a los hombres en cerdos…

Creo que tanto La Ilíada como La Odisea son obras que aportan mucho a una educación sentimental y que convenientemente leídas se puede extraer de ellas mucha sabiduría, compasión y ganas de vivir, ya que son de esas obras que permanentemente están hablando a los hombres y mujeres despiertos y son capaces de decir algo distinto cuando se tienen 12 años, 20, 40 o 60. Sin ir más lejos, el fragmento de La Ilíada que reproduce la conversación de Príamo y Aquiles tras haber dado muerte a Héctor, con la madurez resulta desgarrador y emocionante, pero en la juventud puede pasar desapercibido.

Me parece interesante constatar que, en lo que denominamos periodo homérico, abundaban los relatos orales que sólo más tarde se fijaron por escrito. La Ilíada consta de 15.689 versos y La Odisea de 12.110. Los aedas o rapsodas, iban por los caminos recitando versos y muchos de ellos eran ciegos. La literatura oral es la que da origen a los dos grandes poemas.

homero33Probablemente paguemos un alto precio por nuestro desinterés hacia el mundo clásico. En él están nuestras raíces y desconocerlo nos causa desorientación pues quienes ignoran de dónde vienen, en muchos casos será difícil que logren saber, a dónde van.

Uno de los muchos libros que resultan útiles para adentrarse en los albores de la antigua Grecia es El Mundo Clásico (la epopeya de Grecia y Roma) de Robin Lane Fox. Sobre Homero hay una amplísima bibliografía de interés muy diverso y que no despeja las incógnitas que hemos ido exponiendo. Quiero recordar, asimismo, una novela bien documentada y evocadora de Antonio Prieto El ciego de Quíos que me parece muy ilustrativa de cuanto venimos diciendo.

Continuemos esta aproximación a Homero y a sus múltiples misterios. Sabemos que el dramaturgo Sófocles lo admiraba y que Alejandro Magno, el hijo de Filipo de Macedonia, en sus expediciones de conquista llevaba con él textos homéricos que según cuenta Plutarco, leía incluso a lomos de su caballo.

Quiero exponer mi convencimiento de que la lectura de La Ilíada y La Odisea, contribuyen a que los lectores extraigan de ellas ideas y conclusiones que les permitan reflexionar sobre la existencia e incluso aplicarla a la vida cotidiana.

Estoy convencido de que las obras clásicas aportan mucho al conocimiento de la historia, la cultura y las ideas y, constituyen un acicate para que nos hagamos preguntas que, probablemente, nos lleve mucho tiempo estar en condiciones de responder. Esas preguntas y respuestas son las que nos van haciendo personas, sin duda, posibilitan que los jóvenes crezcan por dentro, favoreciendo su proceso de maduración.

Creo que es obligada una reflexión sobre tradición e innovación. El adanismo es no sólo una prueba de incultura sino de estupidez. Procedemos de una tradición que debemos conocer pero, si no innovamos la tradición a la que pertenecemos, nos limitaremos a ser meros espectros del pasado.

En la antigua Grecia existía una tradición oral y uno o varios aedas lograron darle forma fijando, por escrito, las dos obras inmortales del periodo Pre-Clásico. Fijémonos en que este procedimiento no se circunscribe a este momento histórico. Pensemos, por ejemplo, en el Mester de Juglaría que ha dado como fruto, entre otros logros, el poema de El Mío Cid, que hay que colocar como una de las primeras joyas escritas del castellano.

homero5Creo que para los estudiosos e investigadores exigentes, Homero es un verdadero filón. Simplemente separar lo histórico, lo cierto, lo comprobable de lo legendario, lo atribuido sin rigor, lo falso y lo inventado es una tarea apasionante. Sabemos, por ejemplo que se le atribuyó La Batracomiomaquia (la lucha entre las ranas y los ratones) que análisis fidedignos han demostrado que es de una época posterior y la misma suerte han corrido los denominados himnos homéricos.

Ante nuestros ojos atónitos se muestra un mundo prístino por descubrir, una visión mítica del mundo, donde los dioses intervienen en la vida de los hombres y, donde encontramos descripciones, tan puras y tan bellas del amanecer como ‘cuando la aurora de rosados dedos hija de la mañana anunciaba el día…’

Podríamos continuar esta tarea de aproximación a la figura legendaria de Homero, pero llega el momento de poner fin a estas líneas señalando, eso sí, que la aventura intelectual y humana de leer La Ilíada y La Odisea y de meditar sobre su contenido, sigue siendo una tarea de primer orden y que en tiempos de navegar en la red y, lo que se ha dado en llamar, la revolución telemática es necesario y urgente compatibilizarla con unos cimientos de la cultura clásica que nada más, pero nada menos, que nos ha permitido llegar a ser quien somos.

Quizás el mayor misterio de Homero es lo bien que se conserva. Su juventud y vitalidad son, nunca mejor dicho, épicas y colosales.

No debemos tolerar que nuestros nietos no emprendan esta aventura, que hace muchos años nosotros realizamos siguiendo una sabia tradición.

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