febrero de 2026

Pablo Reinoso: “Me fascina la fuerza del crecimiento vegetal”

Hasta el día 15 de marzo se puede ver en el Museo Nacional de Artes Decorativas (Calle Montalbán,12. Madrid) la exposición del artista franco argentino Pablo Reinoso titulada “La vida se mueve”, comisariada por José Jiménez. Reinoso ha diseñado las rampas para discapacitados del Elíseo y ha sido nombrado por el presidente Emmanuel Macron Caballero de las Artes y las Letras.

 

– En el catálogo de “La vida se mueve, se afirma que su arte es “inclasificable”. ¿Para usted también?

– La clasificación de mi producción artística suele ser complicada… eso se debe principalmente a la libertad que asumo al trabajar en territorios diferentes.  Ser inclasificable es quizás un signo de éxito en mi obra.

– ¿Es importante la clasificación? ¿Arte y decoración habitan montañas separadas?

– En el Renacimiento, un creador podía trabajar sin problemas en arquitectura, urbanismo, pintura o escultura. Obviamente, había áreas donde esos grandes artistas eran más fuertes, donde se asentaban las bases de su pensamiento, pero luego, desde esas bases, podían abordar otros temas creativos.

Respecto a la pareja “arte y decoración”, no son categorías que se puedan mezclar. Si se miran mis trabajos desde esa óptica nos encontraremos frente a un callejón sin salida.

Las artes decorativas debemos entender que se refieren a objetos con una determinada función que, por su excelencia en la ejecución, por su originalidad frente a la utilización, por su potencia narrativa o, al contrario, por su silencio narrativo y por su testimonio de la cultura de la época, nos hablan de un momento en la evolución de los objetos de la vida cotidiana. Yo muchas veces miro a estos objetos, y en particular a las sillas, como la materia prima para elaborar mis pensamientos centrados sobre la vida, usos y costumbres.

– ¿Cuándo fue la primera vez que la madera salió de una de sus piezas para iniciar un camino propio por el mundo? 

– La madera ha sido mi primer material; de niño ya lo usaba, lo veía como un vector fecundo para desarrollar mis creaciones. Siempre fue un aliado que yo respeto profundamente.

– Sus tentáculos de madera fugitiva se retuercen como zarcillos de enredadera. ¿Qué buscan? ¿Qué demuestran? ¿Están vivos?

– En mis obras de las últimas décadas ese buscar, crecer, ramificar, enredar, muestran siempre lo mismo, la fuerza de la vida. Y en particular la fuerza del crecimiento vegetal, que siempre me ha fascinado.

– ¿Su obra respira? Pero la respiración también puede ser un simple artilugio, usted lo ha construido.

Hay obras que he hecho que hablan de la vida y las que yo llamo “respirantes” la evocan de un modo radical. En cuanto a la palabra artilugio, como anteriormente la palabra decoración están fuera de mis consideraciones. El trabajo con el aire como sujeto fue una necesidad personal intensa que nació hace ya más de tres décadas. Inventé entonces mis materiales y mis herramientas para abordarlo como sujeto. Fue así como cambié cincel por máquina de coser, maderas por telas tecnológicas. Pasar a las tres dimensiones desde un patrón de costura en vez de un bloque de piedra o un tronco de madera, fue una novedad para mí. Inventé un sistema de trabajo y a partir de él volví a hablar de la vida. Esta vez la alusión a la respiración ha sido directa. Busco intensificar la idea de dependencia. No existe vida alguna que no esté en relación de dependencia con su medio. La metáfora de la respiración es para nosotros, seres vivos, una evidencia.

– ¿Qué debe su obra al surrealismo?

– No mucho. Es un movimiento que me fascinó de niño, pero que también me aburrió rápidamente. Lo que sí puedo asociar con el surrealismo en mi obra es una cierta libertad total en la “vida” de los objetos. El objeto se libera cuando su función se modifica. Una mesa que vuela deja de ser mesa sin ser tampoco un avión. Abre, con su vuelo, metáforas. Es ahí donde trabajo. Y por eso me intereso tanto por los objetos en la arquitectura. Se han transformado en materia prima…Eso puede resonar con el surrealismo.

– ¿De qué otros movimientos artísticos bebe?

Muchos, la lista es inmensa, desde los antiguos a los clásicos, el arte conceptual, el minimalismo, el barroco, todos me alimentan, los necesito a todos.

– El surrealismo como expresión de libertad, ¿es un grito contra las tendencias autoritarias?

Así parece haber sido en su momento; a eso se le agregó la aparición conceptual del inconsciente freudiano, que el surrealismo quiso abarcar y ahí es donde fallaron, pero en esa época era pertinente.

– ¿Su mundo tiende a la curva?  Parace que en la naturaleza la recta solo se da en los cristales.

– Todo lo que es vida incluye sistemáticamente la curva, mientras que el concepto vida puede leerse desde la geometría o las matemáticas. Siempre debajo del barroco hay una arquitectura con geometría estricta, en mi trabajo también.

– ¿Su creación está contaminada por la literatura? ¿Y por el fuego? Se ha permitido quemar la Divina comedia.

– Tanto como contaminada no podría decirlo. A veces atravesada por obras de la literatura. El fuego es un elemento que me he apropiado como metáfora. Ya hablamos del aire (la respiración) y obviamente incursioné con el agua y la tierra. Me faltaba el fuego.

En cuanto a si quemé la Divina comedia… en realidad no he quemado nada, he evocado la idea del fuego, le he pedido a un trozo de madera que evoque la llama que lo consumirá. Parece anodino, pero es pedir a quién será destruido, la madera, que represente a su destructor. Yo siempre lo vi como una ironía. La ironía del destino. Respecto a la divina comedia, sus hojas están listas para ser consumidas, son elementos nacidos también de la madera, son lo mismo en otro momento de su ciclo de vida. En mis fuegos lo único que no hay es fuego.

– Si usted tuviera que imaginar una escala de Jacob, un camino hacia el cielo, ¿estaría formado por sillas?

No, si tuviera que enfrentar ese desafío, creo que intuitivamente trabajaría con mi obra respirante.

– ¿Por qué son importantes las sillas en su obra? Hábleme de ellas.

– Desde niño me fascinaron, sus formas, sus usos y sobre todo la lectura antropológica que podemos realizar sobre ellas: si vivimos 90 años, habremos pasado 30 sentados. Desde una piedra donde sentarse, hasta el trono que junta todos los poderes, la adaptación de las sillas a todos los usos a la que se las somete es alucinante. En mi trabajo, en mi investigación, han sido fundamentales. Cuando hago bancos como los de las plazas, a los que les ocurren aventuras, tienen obviamente una dimensión artística, también cumplen (si autorizo a que sean utilizadas) una función de diseño, pero lo que más tienen y que suele pasar inadvertido, es una función social: permitir que la gente se siente, se incluya en el proyecto artístico y que al mismo tiempo lo olvide, inmerso en la conversación con el vecino.

(Las fotografías son todas cortesía del artista). 

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Archivo Entreletras

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