noviembre 2020 - IV Año

LETRAS

El Conde de Montecristo, historia de una venganza

conde 2Alexandre Dumas tenía, en el fondo de su alma, dos heridas. Una, cierta sensación de menosprecio entre parte de la sociedad por sus orígenes negros, pues su padre, el general napoleónico Thomas Alexandre Dumas, era hijo de una antigua esclava. Otra, por sus orígenes bonapartistas. El siempre miró con ojo crítico la Monarquía de Julio, esa restauración que propició las ganancias ilícitas, la corrupción y la creación de fortunas basadas en la especulación y en la cercanía al poder con las grandes obras públicas, como los ferrocarriles. En esos años, el capitalismo francés, los banqueros unidos a los magistrados y a las altas esferas de la Corte, hicieron pingües, y a veces, efímeros negocios.

Dumas, gran republicano, bonachón, manirroto, casi pródigo, además de amante de la vida, la comida y las mujeres, llegaría a la ruina casi total a pesar de que era el escritor más leído de Francia y de que ganó muchísimo dinero con sus novelas, muchas de ellas, en feuilleton, por entregas, lo que explica, en gran parte, su desmesurada longitud.

De pluma ágil con una capacidad de trabajo inigualable, era capaz de escribir una pequeña novela, una obra de teatro, en menos de un día. También se sirvió, como es sabido, de ‘negros’, como Auguste Maquet (que hoy sería llamado co-autor, en realidad), que trazaban el borrador de la historia que él les indicaba, a las que Dumas añadía después detalles, frases, adjetivos, páginas. De hecho, ya en 1845, se publicó un libro titulado Fabriques de Romans, Maison Alexandre Dumas et Compagnie. Lo que no resta mucho a la genialidad del autor, aunque le costó algunos procesos.

Monte Cristo, además de ser ese islote no lejano a la Isla de Elba, que un día él viera de lejos, navegando, era también el nombre una plantación en Haití, Mont-Christ, que había pertenecido a uno de sus antepasados, en la que se explotaba la caña de azúcar, el café y, conde 1como era corriente entonces en las colonias del Caribe, el tráfico de esclavos. La historia de la novela, como revela la gran biografía de André Maurois, Les trois Dumas, proviene de un informe policial de unos crímenes que tuvieron lugar en París a manos de un vengador, que así tomó la revancha de haber sido encarcelado como agente inglés y haberle sido robada su enamorada. Estaba en Mémoires tirés des Archives de la Police de Paris, obra de Jacques Peuchet, antiguo archivero de la policía. También Stendhal se inspiró en un suceso para escribir El rojo y el negro.

Dominique Fernandez, el gran escritor francés, uno de los mejores conocedores de Italia, de la música, del Barroco y de Rusia, ha reivindicado la figura de Dumas en Les douze muses d’Alexandre Dumas. Fernandez, hijo del crítico literario francés, derechista, fascista, de origen mexicano, Ramón Fernandez (fallecido en 1944), dedica su libro a explicar el origen y vicisitudes de la obra de Dumas.

El Conde de Montecristo, Edmond Dantès, es un personaje nietzscheano (paciencia, valor e inocencia), el superhombre. Su venganza es contra tres arquetipos: el celoso, el codicioso y envidioso, y el ambicioso y prevaricador. Es tenaz e impasible en su venganza, lenta y pensada, hasta que se produce una víctima colateral, como se diría ahora, un niño (una peste, por otra parte, el Edouard).

Es también Dantès, marsellés, un hombre de Oriente, ese mundo que fascinaba a Alexandre Dumas y que se había puesto de moda gracias, ente otros, a Chateaubriand y a Galland, traductor y divulgador en Europa de Las mil y una noches. El personaje de Haydée, que hace soñar, parece salido de esos cuentos. Los recursos del conde a la magia y a un cierto ocultismo, a los disfraces, son también muy de la época y dan al personaje un cierto aire luciferiano.

La obra quizá más importante y conocida de Dumas, abunda en referencias históricas, en citas musicales (adoraba las óperas, especialmente las de Rossini), en detalles sobre Grecia, Italia, sobre su amada Marsella, y se lee, aun hoy de forma trepidante, sin descanso, hasta acabar esas casi mil quinientas páginas.

conde 4No hay que olvidar otras obras suyas importantes y fascinantes, como sus viaje a Rusia y a Chechenia y Georgia (En Russie, Le Caucase), así como novelas cortas y relatos inspirados por España, como El Salteador, De Paris à Cadix, Le Bâtard de Mauléon, etcétera.

Además de su influencia en muchos autores, incluso en Jules Verne, en comics o bande dessinée, El Conde de Montecristo ha sido llevado al cine en más de treinta películas.

El público, la crítica literaria y los otros escritores

Como sucede a menudo, el público premia lo que el intelectual desprecia. Así ha pasado y pasa con esta gran novela. Por supuesto que hay novelones que llegan al público y no son literariamente buenos, pero éste no es el caso. Está bien escrita, la historia se tiene de pie desde el principio al final, los personajes –sobre todo los malvados- son arquetípicos (Danglars, Caderousse, Villefort), las descripciones, como las de Roma (con su carnaval) o Marsella, excelentes.

Exito de esta novela entre el público, mientras los intelectuales, muchos más que nada eruditos a la violeta, torcían el gesto y no la pasan de folletín (como lo siguen haciendo muchos sabios parisinos, entre ellos el muy ilustrado Charles Dantzig, que dedica una página y media a Dumas –pero cinco a Malraux- en su historia personal de la literatura francesa, su Dictionnaire égoïste de la littérature française.

conde 3Su longitud, en estos tiempos en que sólo se tiene paciencia para 140 caracteres, es un gravamen. Como muchos otros grandes libros que habría que leer, hay que tener algo de tiempo, no ir con tantas prisas. Así, el Quijote, Antagonía, de Luis Goytisolo, Guerra y Paz, David Copperfield, Memorias de Ultratumba, o tantas largas y memorables novelas. Más de mil páginas suelen ser una garantía.

Es un libro apasionado y su autor tiene ese talento que ha sido objeto de tantas disquisiciones entre genio y talento, entre amenidad y profundidad.

 

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN LETRAS

Letras

Emilia Pardo Bazán y su vinculación con el Ateneo de Madrid, en visperas del centenario de su muerte

Letras

La relación de Galdós con el socialismo

Letras

Antonia Pozzi: ‘El gran abismo hacía la tristeza’

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (y 6)

Letras

Ernest Hemingway, la novela que encierra el gran cuento

Letras

Nicasio Álvarez de Cienfuegos, un ilustrado coherente y poeta innovador

Letras

Longfellow y Jorge Manrique, venturas y desventuras del traductor

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (5)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (4)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (3)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (2)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (1)

Letras

Un futuro para la poesía

Letras

Edmond Hamilton, la ciencia ficción narrada con sencillez magistral

Letras

John Fante, mostró la xenofobia y la explotación de las minorías en la América profunda

Letras

Andrea Camilleri, la literatura consciente de sus rasgos sociales

Letras

Un poco de Don Juan

Letras

Unamuno y Portugal

Letras

‘Historias de aquí y de allá’ de Luis Sepúlveda

Letras

Raúl Zurita: desde el dolor

Letras

Francesco Petrarca… mucho más que un gran poeta

Letras

En torno a la novela ‘Antonia’ de Nieves Concostrina

Letras

Albrit o la creación del personaje en Galdós

Letras

Alejandra Pizarnik, cuando la sombra araña el alma

Letras

Meditaciones de gastronomía transcendente

Letras

‘Litoral’: la revista más hermosa y representativa de la generación del 27

Letras

Yorgos Seferis en el piélago

Letras

Jo Nesbø, huellas dactilares de excelente confesión literaria

Letras

Cesare Pavese: el sufrimiento como oficio

Letras

Duque de Rivas: liberal, dramaturgo y presidente del Ateneo de Madrid

Letras

Galdós en el horizonte epistolar de Blasco Ibáñez (y II)

Letras

Galdós en el horizonte epistolar de Blasco Ibáñez (I)

Letras

‘La caza del Snark’ de Lewis Carroll

Letras

Yorgos Seferis: poeta, ensayista, premio Nobel y diplomático

Letras

Somerset Maugham en Lisboa

Letras

Las novelas dialogadas de Galdós a debate

Letras

Vittorio Amedeo Alfieri, todo un carácter

Letras

Los cimientos de ‘El abuelo’ de Benito Pérez Galdós

Letras

Abril es el mes más cruel…

Letras

En torno al libro ‘En los pliegues del olvido’ de Ignacio Vázquez Moliní

Letras

Juan Eugenio Hartzenbusch, un punto de vista sigular…

Letras

La pasión por los naipes del doctor Egas Moniz

Letras

Doña Perfecta

Letras

Galdós para ‘Dummies’

Letras

Antonio Gamoneda: La poética de la oscuridad como origen de la luz

Letras

Literatura clásica, o metafísica, materialista, lógica, política

Letras

El Galdós protofeminista

Letras

Los tres grandes pasos hacia la Ilustración

Letras

La conferencia de Julián Zugazagoitia en Bilbao sobre literatura en 1924

Letras

Benito Pérez Galdós en el centenario de su muerte (1920-2020)

Letras

A la memoria de mi tío Pablo

Letras

Pérez Galdós, el Nobel arrebatado

Letras

Tolstoi y Shakespeare

Letras

Aproximación al libro ‘Que no se entere la Cibeles’ de Mar de los Ríos

Letras

En torno al libro ‘Extravagancia infinita’ de Javier Olalde

Letras

Augusto de Angelis (1888 -1944)

Letras

Fernando Pessoa. El yo conflictivo

Letras

Federico García Lorca ocho décadas después

Letras

Antonio Daganzo, poeta de aleaciones

Letras

Sufriente, prometeico, iconoclasta y quijotesco

Letras

Leopoldo María Panero, el traductor de la locura

Letras

Poesía y dignidad

Letras

Buenos libros malos

Letras

Confesiones de un crítico de libros

Letras

En torno a ‘Sombra de Luna’ de Francisco Álvarez ‘Koki’

Letras

Alda Merini, vivir al borde de la sombra

Letras

Literatura de cordel

Letras

Demian. Herman Hesse

Letras

Hilario Martínez Nebreda, el poeta silencioso

Letras

La literatura y sus soportes (I)

Letras

La literatura y sus soportes (y II)

Letras

La Escuela Nueva y el centenario de Ruskin

Letras

Don Quijote y el mar

Letras

Elizabeth Barrett Browning, una poeta victoriana

Letras

Por qué escribo

Letras

Ángel González: la ácida ironía de un poeta

Letras

Carmen Posadas y su feria de las vanidades

Letras

El caso Miguel Hernández

Letras

Quevedo en sociedad y III.- Obra y vinculación cívica

Letras

Quevedo en sociedad II.- La crítica como ‘función’ social

Letras

Quevedo en sociedad I.- El hombre, la sociedad

Letras

VII Certamen de Novela Histórica de Úbeda

Letras

Antología poética. Alfonsina Storni

Letras

Ángel González: palabra sobre palabra

Letras

Galdós y el melodrama

Letras

IV encuentro de Poesia a Sul

Letras

Feminismos: la mujer sobre la letra

Letras

El Hidalgo: literatura y pobreza

Letras

‘Celia en los infiernos’, la obra socialista de Galdós (y II)

Letras

‘Celia en los infiernos’, la obra socialista de Galdós (I)

Letras

Ana Caro Mallén: una esclava en los corrales de comedias del siglo XVII

Letras

José Rodrigues Miguéis, casi olvidado

Letras

Tristeza que es amor. Alusión a Don Quijote

Letras

George Sand: ‘Un invierno en Mallorca’

Letras

José Ángel Valente: una estela inmortal de palabra poética (y II)

Letras

José Ángel Valente: una estela inmortal de palabra poética (I)

Letras

Imagen de José Ángel Valente

Letras

Valente, sin aditivos

Letras

Valente: Qué la palabra sea solo verdad

Letras

José Ángel Valente, en ‘el borde de la luz’

Letras

John Berger: ‘Un hombre afortunado’

Letras

Los desafíos de Lou Andreas-Salomé

Letras

La primavera y su sombra

Letras

El Conde de Montecristo, historia de una venganza

Letras

Luis Martín-Santos y James Joyce

Letras

Los cimientos culturales del abolicionismo: Harriet Beecher Stowe

Letras

Pinceladas sobre Agatha Christie

Letras

Juan Ramón Jiménez, escritor de epístolas (y II)

Letras

Juan Ramón Jiménez, escritor de epístolas (I)

Letras

Thomas Mann: Una Europa que se derrumba

Letras

El eterno romanticismo

Letras

Qué es ser agnóstico

Letras

Pedro Garfias: La poesía desgarrada del exilio

Letras

El descenso a los infiernos de Dorothy Parker

Letras

El Conde de Oxenstiern, a quien llamaron el Montaigne del Septentrión

Letras

La sonrisa del Quijote (Una concesión a la melancolía)

Letras

Antonio Machado que estás en los libros

Letras

‘Agua’: Virginia Woolf y Alfonsina Storni

Letras

Críticos literarios, dueños del espíritu humano

Letras

El papel del lector en la posmodernidad

Letras

Poesías. Catulo.

Letras

Los vínculos entre Américo Castro y Jovellanos

Letras

Michel de Ghelderode y las Vanguardias del siglo XX

Letras

El trabajo entre las raíces, mirada sobre la creación literaria

Letras

La frase del escritor

Letras

Un cuarteto literario en clave de sol

Letras

Oía hablar a los árboles

Letras

El ‘slow’ de Pessoa (o las vicisitudes de la melancolía)

Letras

Claudio Rodríguez: del camino, del hombre

Letras

Sobre las Brontë

Letras

Borges en Ginebra

Letras

Philippe Jacottet: ‘Pensamientos bajo las nubes’

Letras

Juan Goytisolo: ‘sobre asuntos sociales y personales’

Letras

Miguel Hernández en Portugal

Letras

Mi Gloria Fuertes

Letras

Robert Walser, el paseante espiritual

Letras

‘Al menos, memoria’: Juan Ruiz de Torres

Letras

Cela, celador, celando, celar

Letras

Miguel Hernández: ‘Cancionero y romancero de ausencias’

Letras

Rafael Montesinos, renovador

Letras

Bartolomé Soler, lo amargo de la diosa

Letras

Rubén Darío, poeta de las dos orillas

Letras

Jovellanos, poeta

Letras

Un paseo por los ‘jardines’ de Eloy Tizón

Letras

Azorín, sobrevivido

Letras

Rosalía de Castro, la mejor de los mejores

Letras

Eugenio Gerardo Lobo, el ‘capitán coplero’

Letras

Galdós: una conciencia histórica lúcida

Letras

Desde el silencio, a Nicolás del Hierro

Letras

Salustiano Masó, la fuerza del tiempo

Letras

Los ‘Rubaiyat’ de Omar Khayan

Letras

Carmen Laforet, esa chica explosiva del Ateneo

Letras

Gabriel Celaya, el sueño de trabajar la poesía

Letras

Ramón Hernández, un diamante literario en las calles de Madrid

Letras

María Teresa León, el papel de la melancolía

Letras

Luis Felipe Vivanco, un poeta de los que siempre regresan

Letras

Rafael Pérez Estrada, el poder de la imaginación