septiembre 2021 - V Año

LETRAS

La enfermedad y la medicina en las novelas de Emilia Pardo Bazán

Emilia Pardo Bazán ha sido una escritora del siglo XIX. Este año ha sido declarado su año de referencia al igual que el anterior fue dedicado a D. Benito Pérez Galdós.

En los estudios literarios de su obra se han reconocido una serie de valores como periodista y como escritora, con una ventana abierta al feminismo, de la que fue pionera. Su obra ha sido destacada dentro del elenco de narradores más interesantes del siglo XIX.

Se han relacionado sus escritos por su cronología y estilo literario con Leopoldo Alas “Clarín” y con Galdós. Con éste último también a través de su relación epistolar.

Sabemos que su relación amistosa fue intensa con el escritor canario. Incluso, por la lectura extraída de sus cartas, se sabe que alcanzó el rango de una relación amorosa. No obstante, se ve en ellas una cierta admiración mutua que abarcaba lo personal y lo literario.

Dos han sido los motivos de traer a la actualidad su figura. Una de ellas ha sido el hallazgo de la correspondencia que ambos se cruzaron a lo largo sus vidas y la otra por la devolución de su al Patrimonio Nacional de su residencia familiar, del Pazo de Meirás. La usurpación del mismo ha sido una larga reivindicación de los ciudadanos de Galicia durante muchos años debido a la ocupación mediante una venta falsa por la familia del dictador Francisco Franco.

Dotada de unas buenas cualidades para la escritura desde joven, comenzó sus actividades como columnista de algunos periódicos emprendiendo posteriormente el camino de la novela como vía para dar a conocer sus pensamientos y sus inquietudes literarias.

Su posición en el naturalismo y el realismo literario se inicia con la visita a Francia en su viaje de novios donde conoce la literatura de Emile Zola.

Aunque su formación está inicialmente influenciada por la obra del Padre Feijoo, adopta después de sus primeras experiencias literarias el estilo importado del naturalismo  francés. El naturalismo le seduce y lo traslada a sus creaciones a partir de ese momento. Posteriormente derivará a un cierto estilo realista.

En su novela “Un viaje de novios” ya inicia y valora el papel de los balnearios en la salud de las personas.  Son sus primeros pasos en el mundo de la medicina. Empieza a introducir a partir de ese momento figuras de médicos en sus novelas.

Fruto de su visita después de su boda al balneario de Vichy, la escritora recoge en breves notas lo que observa, mientras su marido, enfermo, toma las aguas. Este pasaje le inspira para describir esa experiencia. Los balnearios en esa época están de moda entre las clases pudientes.

A partir de ese momento su curiosidad le lleva a valorar los conceptos de fomento de la salud y prevención de la enfermedad. Es un camino didáctico para reivindicar la medicina como un instrumento clave en la modernización de la sociedad de su tiempo.

Los personajes de sus obras atesoran, como los de Zola, los valores y las aportaciones sociales de las ciencias de la salud, la ciencia y el progreso.

Puede observarse en sus relatos las limitadas posibilidades de acceder a los servicios médicos por parte de los más necesitados y su vinculación de aquellos a los recursos disponibles. Es preciso conocer que solo las clases sociales altas tenían acceso a los servicios médicos.

No es el caso del mundo de Emilia Pardo Bazán marcado al principio por el entorno rural del que procede, donde abundan más los curanderos que los facultativos.

En España, en su Galicia natal, y en Madrid, la autora describe diversos estilos de medicina en el último tercio del siglo XIX. Es un país donde la población se vincula al campo, y en muchos casos al atraso secular.

Los médicos licenciados en esa disciplina en las escasas facultades disponibles ejercen mayormente en las ciudades, y en algunos casos, en las localidades medias y pequeñas, mientras que en la folk-medicina prestan sus servicios los curanderos del mundo rural gallego. Se citan también las mujeres que asisten a los partos, las parteras, que se ocupan de los alumbramientos sean estos de animales o de personas.

Los sueldos de los facultativos corren, como los de los maestros, a cargo de los Ayuntamientos, con lo que los destinos están condicionados por los fondos disponibles.

La vida media de la población en el último tercio del siglo XX es escasa y no ampliará sus márgenes hasta los años 20 y 30 del siglo XX. Las enfermedades merman la población.

Básicamente se citan en primer lugar las enfermedades infantiles, salvado el parto, donde muchos mueren sin atención médica. Las madres al parir en casa en la mayoría de los casos, sufren también las dificultades de la falta de asistencia. Incluso un número nada despreciable, la población femenina muere de fiebres puerperales después del parto.

La desnutrición, la difteria (El garrotillo), la escarlatina, el sarampión y las enfermedades infecto-contagiosas de todo tipo, constituyen su enemigo mayor.

Luego hay que contar con las enfermedades que afectan a toda la población en general, como el cólera o la tuberculosis, que tardarán muchos años en erradicarse.(*)

En la literatura de Max Aub, pervivirán algunas  de ellas como la tuberculosis, descrita en su novela “Las buenas intenciones”. Por Machado, sabemos que su esposa murió de tisis en 1912 y que el poeta Miguel Hernández falleció en la cárcel de Alicante, en 1940 consumido por ella y por el hambre.

A finales del XIX empiezan a aparecer las primeras Cátedras de Higiene lo que vino a rellenar un hueco clave en la salud de la población.

Sabemos hoy que hay ciertas condiciones básicas para preservar la salud. Estas están relacionadas con la escasa y deficiente alimentación, el hacinamiento habitacional, las malas condiciones de habitabilidad y las dificultades de separación de las aguas fecales de las de consumo. Su erradicación constituye la clave para poner a la población bajo las condiciones mínimas de seguridad, dotándola de una salud pública aceptable.

A caballo entre los dos siglos, XIX y XX y por largo tiempo en éste, el trabajo de los higienistas fue clave para mejorar las condiciones de vida de la población, preservar la salud y sortear las enfermedades.

El asunto del papel de la mujer en la profesión sanitaria al igual que en otras, acabó por alcanzar carta de naturaleza y debates en la prensa.(**)

Aún adquirió más relieve con la controversia suscitada en el seno del Colegio de Médicos para ejercerla. Tanto debate alcanzó el asunto que motivó una defensa encendida de la escritora en 1892 contra el Marques del Busto, que en un discurso en la Real Academia de Medicina había formulado sus objeciones. En su discurso se postulaba que el ejercicio de la medicina estaba en contra el pudor y el decoro de la mujer.

El alegato de Emilia Pardo Bazán titulado “Una opinión sobre la Mujer” no se hizo esperar, y constituyó un ejercicio, no solo reivindicativo, sino didáctico sobre el papel relevante que podría alcanzar su figura en la medicina, tanto en la atención de ésta, como en la de sus hijos, y, sobre todo, en los aspectos de la salud mental. Ya estaba inmersa para entonces en la redacción de algunas de sus obras con referencias a la psiquiatría. Su inspirador en ésta materia era el insigne médico D. Luis Simarro Lacambra, maestro de D. Ramón y Cajal, quien aquel momento alcanzaba ya un papel relevante.

La escritora era muy dada a usar las columnas periodísticas para abordar muchos de estos asuntos. No conforme con ello, relató también en sus obras aspectos singulares de los actos médicos y de la importancia de la Medicina en la sociedad de su tiempo.

El papel del higienista radical Máximo Juncal en “Los Pazos de Ulloa” y en “Madre Naturaleza” le permite introducir los temas de la higiene y la prevención de la salud. Es un caso donde se centra la importancia del positivismo para apoyar y defender sus planteamientos naturalistas.

También se cita el papel de los algebristas o reparadores de huesos tanto de animales como de personas, una especie de médico rural habilitado para ciertos menesteres de ese tipo, más bien un aprendiz de médico sabio conocedor de experiencias transmitidas de generación en generación. Recurso al que accedían las clases menos pudientes en las zonas rurales.

Es el caso del Sr Antón el atador de “Boan” citado en “Madre Naturaleza”, componedor de fracturas, emplastos y otros remedios propios del medio rural gallego, la autora centra su descripción con todo detalle.

Incluso se cita otro perfil más en sus novelas, la “Sabia”, que se cita en “Los Pazos de Ulloa”, la mujer que aporta una serie de conocimientos también transmitidos de generación en generación. Una mezcla de curandera, echadora de cartas y quiromántica, propia de la profunda Galicia rural.

En la década de 1879 a 1889 es un periodo decisivo en Emilia Pardo Bazán, al introducir con más insistencia en sus relatos los conceptos naturalistas, la influencia médica y la perspectiva de los relatos recogidos de Zola. Toma para ellos personajes que se enfrentan. Esa dialéctica entre ellos tiene como fin delatar las dificultades de progreso de la medicina científica positivista en el medio rural anclada en las tradiciones y su resistencia a las innovaciones.

Más adelante en su obra, influenciada por D. Luis Simarro, la autora se adentra en los aspectos psiquiátricos y en la pena de muerte que condena decididamente. Es un tema que le inquieta y al que vierte sus esfuerzos. Le interesan los crímenes que se perpetran, y los móviles que los alumbran y,  sobre todo, la escasez de estudios pormenorizados, excepto honrosas excepciones, del análisis de los personajes. Es un terreno donde su escasa formación le impide profundizar, aunque sigue como referente los relatos y diagnósticos de D. Luis Simarro.

En cuanto a las enfermedades infecciosas capta su interés la tuberculosis. Desde 1881 cuando publica “El viaje de Novios” hasta 1908 en que aparece «La Sirena Negra”, casi toda su vida literaria marca la tuberculosis como un gran mal. Se cita en sus escritos en diversos pasajes.

En su segunda obra “Un Viaje de Novios” ya se señala al hacer mella en uno de sus protagonistas Pilar Gonzalvo, contrapunto de Lucía, la recién casada. Se aprovecha en Pilar para describir los síntomas de la enfermedad, desde que se le presenta hasta su fatal desenlace.

También en “La Sirena Negra”, la protagonista, una mujer joven, Rita Quiñones” padece el mismo mal y promueve en las relaciones con su pareja, Gaspar de Montenegro, un sentimiento un tanto morboso, una atracción fatal por la muerte.

La obra de Emilia Pardo Bazán, contiene desde esta perspectiva, una triple mirada, la sostenida por las preocupaciones de sus coetáneos, su curiosidad por el saber, el conocimiento de la ciencia y el progreso, asumiendo ella misma su papel divulgativo. En tercer lugar está la modernización de la sociedad desde una mirada feminista sobre un mundo de relevancia reservada mayormente a los varones.

En el panorama literario no son desdeñables sus aportaciones como observadora de referencia de los paisajes y paisanajes de su Galicia natal.

Notas:
*La tubercolosis es una enfermedad que marcó durante mucho tiempo la preocupación de los españoles. El bacilo de Koch, estudiado por la microbiología alemana, no quedará despejado de nuestro panorama hasta la llegada en los años 50 del siglo pasado, con la aparición de los antibióticos a mediados siglo XX en UK.

**La primera mujer que acabó la carrera de Medicina en España fue Elena Maseras Ribera y lo hizo por Barcelona en 1878. Entre ese año y 1882 son 3 las mujeres egresadas que alcanzaron la licenciatura para ejercer. Fue un flujo pequeño al principio, pero luego imparable.
La profesión de enfermera se crea en 1896. No tuvo al principio carácter oficial y se debió al trabajo de Doctor Federico Rubio director del Instituto de Terapéutica Operatoria de la Moncloa. Fue entonces cuando se fundó la Escuela Santa Isabel de Hungría solo destinada a promover auxiliares sanitarias. La Administración española tardaría unos años más en instituir formalmente la profesión.

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