septiembre 2020 - IV Año

LETRAS

La literatura y sus soportes (y II)

Viene de La literatura y sus soportes (I)

william iven 5895 unsplashContinuemos, por tanto.

¿Un ebook bien editado contiene algo diferente al libro tradicional? No.

¿Pudieran nacer de la exposición en tales soportes nuevos géneros o subgéneros literarios o creativos? Sí. Ya existen. La literatura interactiva, la intertextualidad, los libros multimedia y un sinfín de herramientas que el lector de hoy al menos debe conocer, y luego, si le apetece, hacer de su capa un sayo.

¿Eso es malo o es bueno? A mi entender no es malo.

¿Pueden publicar ahora, darse a conocer, escritores, creadores del ámbito que fuere, cuando lo deseen y en el lugar que estuvieren? Sí. Además, el escritor se convertirá en su librero, podrá autogestionar sus publicaciones, convertirse en su propio corrector y modificar el texto escrito cuando lo desee si es el administrador, e incluso, ser corregido por otros con tal de que permita esa opción, contestar o no a sus detractores, en fin… esto es otra cosa y además imparable, que no afectará a la literatura, como decía, pero sí al libro llamado tradicional.

¿Esto significa que estamos de acuerdo con el pirateo y con las descargas ilegales? Pues no lo significa, pero, sí es cierto que permite que la ciudadanía tenga acceso al conocimiento universal viva en donde viva, nazca en donde nazca, hable la lengua que hable, sea pobre o rico de cuna… siempre que disponga de un soporte telemático y una conexión a internet.

freddie marriage 92621 unsplashHay una cosa más que deseo exponer antes de finalizar esta serie de divagaciones -estas meditaciones precisaría- que uno se hace al calor de su locura, porque, cada cual tiene la suya, no nos engañemos, y a mí, perdónenme, me ha dado por encarrilar letras buscando la senda del pensamiento, la vereda que me lleve a aquello que se me escapa -que es casi todo-, que queda escondido siempre en la paráfrasis malsana de unos o en el ominoso eufemismo de otros, y es la siguiente.

A los que diseñan la información reglada, esa que está marcada por cánones versátiles según las tendencias religiosas, filosóficas o ideológicas que dominen un territorio dado, la Red y todo lo que ello supone, es incómoda, muy incómoda, porque, la posibilidad de que la ciudadanía tenga acceso a la información en general, sea de la materia que fuere -pero, especialmente, en lo que concierne a la literatura que es vetada por los inquisidores todos, censurada a rajatabla- ya no les es posible quemarla en piras que enciendan con luces de horror las plazas nocturnas, aquejando al creador y a los lectores de pérdidas irreparables donde se conjugan la subjetividad y la diversidad como elementos necesarios para definir lo que somos como seres humanos, como entes portadores de derechos inalienables y capaces de pensar, de crear y de modificar mundos a través de la palabra.

Lo que ocurrió con la biblioteca de Alejandría ya no es imaginable, excepto que el mundo en que vivimos se vaya al garete por una catástrofe, que tampoco hay que desdeñar tal posibilidad, pero, entonces, lo libros se irán con nosotros… con nuestra civilización. Nos iremos todos, juntos, y eso es hasta romántico, verdad, para los que somos lectores empedernidos.

teemu paananen 376238 unsplashHasta aquí las ventajas, la amenaza por otro lado es clara: quienes dominan la Red gobiernan el mundo. No hay un servicio de inteligencia que no disponga de expertos dedicados a robar información. Pero este es otro debate.

Para los autodidactas en cambio, si saben manejarse por los entresijos del caos telemático con cierta soltura, supone también, poder realizar cuantos estudios les parezcan pertinentes sin pago de cuantiosos estipendios, aunque el título se lo den los conocimientos adquiridos, que es lo que importa, y no una Universidad que conceda un aureolado pergamino para colgarlo tras el sillón del escritorio o en el salón de casa.

Así que, el dilema está listo para el debate. Usted mismo.

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