diciembre 2020 - IV Año

LETRAS

Luis Martín-Santos y James Joyce

El sino de la vida es lo incompleto
Pedro Salinas

silencio3Rememoramos en este mes de mayo el cincuentenario del Mayo francés. De casi todo hace ya, al menos, cincuenta años, incluso de nuestra lejana juventud. Un poco antes de las revueltas juveniles y de las barricadas parisinas, el panorama novelístico en nuestro país había sufrido un colapso notable con la publicación por Seix Barral de Tiempo de Silencio, del médico-psiquiatra y dirigente socialista Luis Martín-Santos, que fallecería en accidente de automóvil en 1964.

Ayer estuve en el Teatro de la Abadía viendo la versión teatral de Eberhard Petschinka de la novela, interesante, desasosegante y convincente. No me sorprendió, lo más mínimo, que siga despertando un fuerte interés tantos años después, que siga siendo un revulsivo y que siga haciendo aflorar resortes interiores adormilados.

¿Qué significó la aparición de Tiempo de Silencio? En cierto modo, un viaje sin retorno. Nada menos que una ruptura, con lo que se ha dado en llamar, objetivismo o realismo social, por una parte y por otra, la utilización consciente e intencional de técnicas y recursos de vanguardia en los que la poderosa influencia de James Joyce es decisiva, aunque desde luego, no única ni excluyente.

La ineluctable fuerza del destino está presente aunque las referencias míticas se disfracen. En el texto puede percibirse la gravedad y el peso muerto de la derrota, la vida anodina de unos seres exiliados de sí mismos, con un infinito cansancio y el peso muerto de las amenazas que producen escalofríos.

De principio a fin los ataques a la línea de flotación del realismo social son palpables: la ruptura del hilo narrativo, la confluencia de distintas perspectivas, las citas implícitas o explicitas a la literatura existencialista y al psicoanálisis.

silencioTiempo de Silencio no deja de arremeter contra la mediocridad de la dictadura franquista. Nos demuestra que el objetivismo y el realismo social, no eran la única forma de realizar una crítica demoledora. Pone de relieve los rostros incómodos del fracaso y de la frustración, a través de una serie de personajes que viven en diferentes ambientes, desde los burgueses, caracterizados por un conformismo vital, hasta los de un ‘lumpen’ acanallado, violento y grotesco. Curiosamente, lo que no aparece es el proletariado urbano. Los distintos ambientes en que se desarrolla la novela, nos presentan a los seres humanos en sus jaulas como ratones de laboratorio.

Tiempo de Silencio es una novela polifónica donde se hace presente la hipocresía, la obscenidad, el hambre, los abusos, el miedo que cala hasta los tuétanos, la explotación y la exclusión social a que muchos eran arrojados por lo que irónicamente podríamos denominar ‘las condiciones objetivas’.

Las diversas interpretaciones, las voces superpuestas parecen desplazarse en círculos infernales concéntricos de perímetro reducido. Tiempo de Silencio pone de relieve renuncias y frustraciones. Pedro, ve como sus deseos de ser investigador acaban hechos añicos. Las condiciones ambientales son pésimas, faltas de todo aliciente vital y de una mediocridad y miseria moral alarmantes.

A todo esto, ¿dónde está James Joyce semi-oculto?, ¿qué hace ahí? Está presente en los monólogos interiores, en las reflexiones y digresiones del narrador y en las numerosas referencias culturales que una y otra vez rompen el hilo narrativo. El valor estético no significa, en absoluto, la ausencia de un trasfondo ideológico que muestra, descarnadamente, la miseria, la brutalidad y unas formas de vida penosas, monótonas y grises que en cualquier momento pueden aplastarnos inmisericordemente.

Tiempo de Silencio puede leerse como una epopeya urbana en la que Pedro actúa como antihéroe y donde nada queda de la grandeza mitológica de los viajes de Odiseo. Los personajes no afrontan las adversidades, sino que se dejan arrastrar poseídos por un fatalismo y por una pasividad existencial. Todo ello visto con un distanciamiento que permite a Martín-Santos clavar su aguijón a una sociedad medrosa, explotada y alienada.

Es conocida su pasión por la obra de Joyce y por sus recursos expresivos, principalmente el monologo interior, que reproduce los pensamientos de distintos personajes y que suele mezclarse con las digresiones del narrador omnisciente.

Martin SantosLa miseria y la devastación se entrelazan con referencias cultas a la pintura o a la literatura a través de El Aquelarre de Goya, de una complicidad con Miguel de Cervantes o trayendo a colación al Café Gijón, lugar emblemático de encuentro de creadores de la posguerra. De igual forma, podríamos hablar de su modo peculiar de entender el perspectivismo, al narrar o describir los mismos hechos a través de distintos personajes.

Tiempo de Silencio no es una novela fácil. Su estilo es complejo y vanguardista. Se aparta del ‘realismo pedestre’, como él mismo lo califica, con la intención ambiciosa, desde luego, de renovar la narrativa.

También hay un contraste acusado entre lo que se narra y la forma de narrarlo. Me da la impresión de que una cierta estética del lenguaje es lo que acaba imponiéndose y, sobresaliendo, muy por encima de las torpes peripecias vitales de los personajes. En cierto modo, se puede considerar una novela neo-barojiana como ha analizado con penetración Alfonso Rey.

Volvemos a tropezarnos con la alargada sombra de James Joyce, por ejemplo en el empleo del estilo indirecto libre y otras técnicas narrativas tan utilizadas por el escritor irlandés como la descripción de la ciudad (en un caso Dublín y en otro Madrid) o la tendencia a la introspección rompiendo el hilo narrativo.

Los dardos envenenados de Martín-Santos, implícitos o explícitos, alcanzan a personajes como al filósofo Ortega y Gasset. En la novela aparecen referencias a autores latinos clásicos como Horacio y Virgilio, a poetas españoles republicanos como Antonio Machado o a otros iconos como pueden ser Shakespeare, Proust o Kafka junto a la sombra del omnipresente Joyce. Me ha llamado mucho la atención, en una relectura reciente, sus referencias a pensadores como Ortega y Gasset pero también a Heidegger, Platón e incluso al sofista y poliédrico Protágoras, tan denostado por los bien pensantes al uso.

Tiempo de silencio tampoco escapó a la inquina de la censura que todavía se movía entre un falangismo altanero y un nacional catolicismo mojigato. En la edición de 1961 aparecen, nada menos, que veinte páginas censuradas, en su mayoría las que aluden a los prostíbulos y la vida en ellos. No se puede afirmar que nos hallamos ante un texto plenamente fiable, hasta que apareció en el año 2000, en la Editorial Crítica la edición a cargo de Alfonso Rey.

Silencio1La prematura muerte de Martín-Santos, hace de él, en la práctica, un escritor de una sola novela, aunque apareciera posteriormente Tiempo de destrucción, como reconstrucción de una obra inacabada.

¿Consiguió Luis Marín-Santos su propósito? He dedicado estas páginas a argumentar la respuesta afirmativa. Su estilo y su estética, suponen una herida profunda para el objetivismo y la novela social, que no lograrían reponerse del golpe.

A veces me da la impresión de que no se ha reconocido suficientemente lo mucho que Martín-Santos debe a Joyce sin que esto suponga merma alguna ni de su originalidad, ni del valor literario de Tiempo de Silencio. Su afán de renovación estética es palpable y en la disposición, elegante y arriesgada de los elementos y recursos narrativos, sobre el tablero, podemos constatar que el objetivo se ha cumplido con creces. Su lenguaje, intelectual y preciso, es el germen de una nueva forma de narrar que rompe moldes y que introduce en la literatura española los recursos y técnicas de lo más selecto y rompedor de las vanguardias.

Hay que volver a leer Tiempo de Silencio. Son muchos los hilos que nacen de sus páginas y que conectan con la narrativa posterior más granada y exigente.

He repasado algunas de sus páginas. Tas la descripción de personajes como El Muecas, Cartucho, Dorita o el mismo Pedro, asfixiados o superados por un lenguaje que los trae, los lleva y los devora… percibo no sólo una forma de composición original donde el lenguaje se convierte en el verdadero protagonista sino la sonrisa distante y burlona de James Joyce.

 

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN LETRAS

Letras

Galdós vs. Delibes: Vidas paralelas

Letras

‘El médico de Ifni’ de Javier Reverte

Letras

Emilia Pardo Bazán y su vinculación con el Ateneo de Madrid, en visperas del centenario de su muerte

Letras

La relación de Galdós con el socialismo

Letras

Antonia Pozzi: ‘El gran abismo hacía la tristeza’

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (y 6)

Letras

Ernest Hemingway, la novela que encierra el gran cuento

Letras

Nicasio Álvarez de Cienfuegos, un ilustrado coherente y poeta innovador

Letras

Longfellow y Jorge Manrique, venturas y desventuras del traductor

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (5)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (4)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (3)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (2)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (1)

Letras

Un futuro para la poesía

Letras

Edmond Hamilton, la ciencia ficción narrada con sencillez magistral

Letras

John Fante, mostró la xenofobia y la explotación de las minorías en la América profunda

Letras

Andrea Camilleri, la literatura consciente de sus rasgos sociales

Letras

Un poco de Don Juan

Letras

Unamuno y Portugal

Letras

‘Historias de aquí y de allá’ de Luis Sepúlveda

Letras

Raúl Zurita: desde el dolor

Letras

Francesco Petrarca… mucho más que un gran poeta

Letras

En torno a la novela ‘Antonia’ de Nieves Concostrina

Letras

Albrit o la creación del personaje en Galdós

Letras

Alejandra Pizarnik, cuando la sombra araña el alma

Letras

Meditaciones de gastronomía transcendente

Letras

‘Litoral’: la revista más hermosa y representativa de la generación del 27

Letras

Yorgos Seferis en el piélago

Letras

Jo Nesbø, huellas dactilares de excelente confesión literaria

Letras

Cesare Pavese: el sufrimiento como oficio

Letras

Duque de Rivas: liberal, dramaturgo y presidente del Ateneo de Madrid

Letras

Galdós en el horizonte epistolar de Blasco Ibáñez (y II)

Letras

Galdós en el horizonte epistolar de Blasco Ibáñez (I)

Letras

‘La caza del Snark’ de Lewis Carroll

Letras

Yorgos Seferis: poeta, ensayista, premio Nobel y diplomático

Letras

Somerset Maugham en Lisboa

Letras

Las novelas dialogadas de Galdós a debate

Letras

Vittorio Amedeo Alfieri, todo un carácter

Letras

Los cimientos de ‘El abuelo’ de Benito Pérez Galdós

Letras

Abril es el mes más cruel…

Letras

En torno al libro ‘En los pliegues del olvido’ de Ignacio Vázquez Moliní

Letras

Juan Eugenio Hartzenbusch, un punto de vista sigular…

Letras

La pasión por los naipes del doctor Egas Moniz

Letras

Doña Perfecta

Letras

Galdós para ‘Dummies’

Letras

Antonio Gamoneda: La poética de la oscuridad como origen de la luz

Letras

Literatura clásica, o metafísica, materialista, lógica, política

Letras

El Galdós protofeminista

Letras

Los tres grandes pasos hacia la Ilustración

Letras

La conferencia de Julián Zugazagoitia en Bilbao sobre literatura en 1924

Letras

Benito Pérez Galdós en el centenario de su muerte (1920-2020)

Letras

A la memoria de mi tío Pablo

Letras

Pérez Galdós, el Nobel arrebatado

Letras

Tolstoi y Shakespeare

Letras

Aproximación al libro ‘Que no se entere la Cibeles’ de Mar de los Ríos

Letras

En torno al libro ‘Extravagancia infinita’ de Javier Olalde

Letras

Augusto de Angelis (1888 -1944)

Letras

Fernando Pessoa. El yo conflictivo

Letras

Federico García Lorca ocho décadas después

Letras

Antonio Daganzo, poeta de aleaciones

Letras

Sufriente, prometeico, iconoclasta y quijotesco

Letras

Leopoldo María Panero, el traductor de la locura

Letras

Poesía y dignidad

Letras

Buenos libros malos

Letras

Confesiones de un crítico de libros

Letras

En torno a ‘Sombra de Luna’ de Francisco Álvarez ‘Koki’

Letras

Alda Merini, vivir al borde de la sombra

Letras

Literatura de cordel

Letras

Demian. Herman Hesse

Letras

Hilario Martínez Nebreda, el poeta silencioso

Letras

La literatura y sus soportes (I)

Letras

La literatura y sus soportes (y II)

Letras

La Escuela Nueva y el centenario de Ruskin

Letras

Don Quijote y el mar

Letras

Elizabeth Barrett Browning, una poeta victoriana

Letras

Por qué escribo

Letras

Ángel González: la ácida ironía de un poeta

Letras

Carmen Posadas y su feria de las vanidades

Letras

El caso Miguel Hernández

Letras

Quevedo en sociedad y III.- Obra y vinculación cívica

Letras

Quevedo en sociedad II.- La crítica como ‘función’ social

Letras

Quevedo en sociedad I.- El hombre, la sociedad

Letras

VII Certamen de Novela Histórica de Úbeda

Letras

Antología poética. Alfonsina Storni

Letras

Ángel González: palabra sobre palabra

Letras

Galdós y el melodrama

Letras

IV encuentro de Poesia a Sul

Letras

Feminismos: la mujer sobre la letra

Letras

El Hidalgo: literatura y pobreza

Letras

‘Celia en los infiernos’, la obra socialista de Galdós (y II)

Letras

‘Celia en los infiernos’, la obra socialista de Galdós (I)

Letras

Ana Caro Mallén: una esclava en los corrales de comedias del siglo XVII

Letras

José Rodrigues Miguéis, casi olvidado

Letras

Tristeza que es amor. Alusión a Don Quijote

Letras

George Sand: ‘Un invierno en Mallorca’

Letras

José Ángel Valente: una estela inmortal de palabra poética (y II)

Letras

José Ángel Valente: una estela inmortal de palabra poética (I)

Letras

Imagen de José Ángel Valente

Letras

Valente, sin aditivos

Letras

Valente: Qué la palabra sea solo verdad

Letras

José Ángel Valente, en ‘el borde de la luz’

Letras

John Berger: ‘Un hombre afortunado’

Letras

Los desafíos de Lou Andreas-Salomé

Letras

La primavera y su sombra

Letras

El Conde de Montecristo, historia de una venganza

Letras

Luis Martín-Santos y James Joyce

Letras

Los cimientos culturales del abolicionismo: Harriet Beecher Stowe

Letras

Pinceladas sobre Agatha Christie

Letras

Juan Ramón Jiménez, escritor de epístolas (y II)

Letras

Juan Ramón Jiménez, escritor de epístolas (I)

Letras

Thomas Mann: Una Europa que se derrumba

Letras

El eterno romanticismo

Letras

Qué es ser agnóstico

Letras

Pedro Garfias: La poesía desgarrada del exilio

Letras

El descenso a los infiernos de Dorothy Parker

Letras

El Conde de Oxenstiern, a quien llamaron el Montaigne del Septentrión

Letras

La sonrisa del Quijote (Una concesión a la melancolía)

Letras

Antonio Machado que estás en los libros

Letras

‘Agua’: Virginia Woolf y Alfonsina Storni

Letras

Críticos literarios, dueños del espíritu humano

Letras

El papel del lector en la posmodernidad

Letras

Poesías. Catulo.

Letras

Los vínculos entre Américo Castro y Jovellanos

Letras

Michel de Ghelderode y las Vanguardias del siglo XX

Letras

El trabajo entre las raíces, mirada sobre la creación literaria

Letras

La frase del escritor

Letras

Un cuarteto literario en clave de sol

Letras

Oía hablar a los árboles

Letras

El ‘slow’ de Pessoa (o las vicisitudes de la melancolía)

Letras

Claudio Rodríguez: del camino, del hombre

Letras

Sobre las Brontë

Letras

Borges en Ginebra

Letras

Philippe Jacottet: ‘Pensamientos bajo las nubes’

Letras

Juan Goytisolo: ‘sobre asuntos sociales y personales’

Letras

Miguel Hernández en Portugal

Letras

Mi Gloria Fuertes

Letras

Robert Walser, el paseante espiritual

Letras

‘Al menos, memoria’: Juan Ruiz de Torres

Letras

Cela, celador, celando, celar

Letras

Miguel Hernández: ‘Cancionero y romancero de ausencias’

Letras

Rafael Montesinos, renovador

Letras

Bartolomé Soler, lo amargo de la diosa

Letras

Rubén Darío, poeta de las dos orillas

Letras

Jovellanos, poeta

Letras

Un paseo por los ‘jardines’ de Eloy Tizón

Letras

Azorín, sobrevivido

Letras

Rosalía de Castro, la mejor de los mejores

Letras

Eugenio Gerardo Lobo, el ‘capitán coplero’

Letras

Galdós: una conciencia histórica lúcida

Letras

Desde el silencio, a Nicolás del Hierro

Letras

Salustiano Masó, la fuerza del tiempo

Letras

Los ‘Rubaiyat’ de Omar Khayan

Letras

Carmen Laforet, esa chica explosiva del Ateneo

Letras

Gabriel Celaya, el sueño de trabajar la poesía

Letras

Ramón Hernández, un diamante literario en las calles de Madrid

Letras

María Teresa León, el papel de la melancolía

Letras

Luis Felipe Vivanco, un poeta de los que siempre regresan

Letras

Rafael Pérez Estrada, el poder de la imaginación