
El pasado mes de noviembre, cuando coincidí en la asociación Ateneo de Madrid, en un acto homenaje por el centenario del filósofo Carlos París (a cuyo lado me cupo el honor de estar en la Junta de Gobierno de dicha asociación y como Secretario Coordinador de Actos); un evento público (1) bueno y necesario al cual tuve el gusto de asistir invitado por su organizadora, la cineasta Inés París; cuando coincidí en ese acto —iba yo explicando…—, con la persona amiga y también contrincante en las urnas y en varias ideas, del actual presidente de la Junta, Luis Arroyo (agradezco su referencia, igual la de Inés, desde la tribuna); en nuestro cordial saludo previo al acto, me preguntó si ya había escrito un poema por el —entonces, recientísimo; dos semanas—, nacimiento de mi hija.
Admito que no tenía yo hasta entonces pensado tal. Como algunas personas saben, me considero retirado de la escritura en verso desde 2013. Supongo que lo urgente me fue derivando hacia otras formas de redacción. A veces he dicho que desde entonces sólo escribo de carácter funcional. Ello no quiere decir que, a mi entender, la poesía no cumpla una función, y también social. Siempre he creído en ello y en estas mismas páginas lo he dicho también (2).
Posiblemente, en los tiempos de la post-modernidad y la post-verdad; en estos tiempos (me permito opinar), frente a los significantes vacíos, palabras hueras…, un género —como lo es el poético—, donde la palabra tanto pesa y significa, resulta especialmente necesario; útil. Sería algo así como la contrapartida a tantas “tertulias” de TV (nadie se ofenda, pues hay algunas personas buenas tertulianas, como hay malos poemas). Creo en la funcionalidad del verso, como también en el componente estético que puede tener incluso la prosa hecha con la intención más práctica.
(La poesía, sin embargo, opera con un tiempo distinto, en mi opinión).
Explicaba, que no escribo en verso, salvo algún apunte muy ocasional a vuelapluma en alguna hoja o en esta veterana BlackBerry, desde hace muchos años. Publico de vez en cuando algún poema inédito —uno tiene todavía cierto fondo de inéditos, si bien no tan hondo como el del famoso baúl de Pessoa—, o también, alguno hasta entonces editado sólo en viejo papel, y para que vea la nueva luz del soporte digital. Pero —confirmo…—, estoy jubilado de la consciente elaboración del verso.
Y sin embargo, aquello lo cual me comentó Luis, creo que me animó a escribir lo que hoy publico.
(Supongo que es un efecto, y no malo, de cuando una rivalidad de ideas; de planteamientos… se conduce desde el respeto a las personas. Siempre deseable. A veces imposible y según. Pero no en este caso).
Así nació pues, valga el término, este poema Gabriela Maura, con su subtítulo. Una lenta escritura en unos pocos momentos de estos meses. Luego, que es ahora, he pensado que puede servir también a modo de saludo para amistades —incluso para quienes no…—, en la escritura, en el Ateneo, en la sociedad, en el trabajo y en la vida. Saludos, por haber estado yo, cierto, prácticamente desaparecido desde el pasado noviembre. Y trato de explicarlo, sin rehuir las disculpas.
Creo que hay personas (a las cuales envidio), quienes pueden estar, con la misma capacidad de atención, en varias cosas (y especifico aquí: cosas de las exigentes), sin que el rendimiento en cuanto hacen al respecto, se vea mermado, o apenas. Con sinceridad, nunca me he tenido por una de esas personas… Ya sea por mi aprendizaje primero como maquinista, o por cualquier otro factor (sin obviar las propias limitaciones), la forma que yo conozco para tratar de hacer las cosas bien (sin significar tampoco garantía de éxito; ya quisiera…); el modo como yo sé, es centrarme lo más por completo posible en la tarea. Lo cual, repito, no me asegura tampoco buen suceso, máxime cuando se trata de algo —para quien ahora escribe—, completamente novedoso. Pero al menos, en esos casos, no puedo excusar “que no dediqué atención”. Con mejor o peor fortuna, en fin, es como he procurado conducirme siempre. Quienes me conocen, lo saben.
Y dicho ello… ¿cuál mejor razón que algo tan grande como la vida, aunque se origine tan pequeña?
Ciertamente —lo sé—, no han faltado, y siguen, asuntos de envergadura en estos meses desde noviembre. A veces siento —lo he comentado con los amigos del barrio aquí en Vallecas—, que ha sido “desconectarme” un rato del mundo, y el mundo “irse al garete”…
Lo he dicho y digo, naturalmente, desde un humor de El Puerto de Santa María, que procuro no me abandone nunca, ni aun en las peores circunstancias. Especialmente, en esas. Como mi paisano Pedro Muñoz Seca ante el pelotón de fusilamiento… Y lo señalo siendo también, para mí, portuenses de referencia, y en especial, Rafael Alberti y Juan Modesto. Admito que servidor, quien no soy particularmente terruño, admiro el humor de donde nací (que no me crié). Siempre he pensado que la buena chanza es muestra de asentada civilización. Y Gadir, con más de 3.000 años de historia, tiene de ello.
Pero iba yo refiriendo, que tiempos terribles. Aún más de lo habitual. En la América hermana, en el Asia insondable, en la Europa senecta. Y sin olvidar el Gran Norte (americano) enloquecido…
No he escrito sobre ello en estos meses, mis disculpas. Tampoco soy, o no me considero, un articulista, en puridad. Quiero decir, con respeto debido, que no me sujeto a más periodicidad que aquella la cual puedo, y deseo.
(Aprovecho para agradecer a la querida y muy veterana —año 1871—, Asociación de Escritores y Artistas Españoles, que haya incluido un también ya veterano —aunque algo menos…—, texto de servidor, en su nueva publicación «Cuadernos de Creación y Ensayo» (3). No pude estar en la presentación —febrero—, por mis condicionantes hasta este mismo abril. Pero me fue una grata noticia en un difícil comienzo de año).
¿Tengo algo que añadir a cuanto pasa en estos meses? Como todos —o al menos, todos quienes salen en algún Medio…—, algo siempre se puede decir (sea de interés luego o no). Particularmente y sin jactancia, creo que mi opinión sobre algunos temas, ya la he dejado por escrito en varias ocasiones (tal vez muchas). Ello no significa, por supuesto, que no pueda escribir más —sobre esos temas—, conforme más va sucediendo (que siempre sucede y aún mayor ahora). Pero vengo a explicar, que las líneas de mi parecer, aunque no sean inalterables, pueden saberse sin gran dificultad —o eso espero…—, y en las cuestiones públicas. Procuro tener presente lo que escribió un buen amigo, profesor, también ateneísta; Pedro García Bilbao: “Es la coherencia entre valor y conducta lo que llamamos virtud”. Era el año 2009. Al poco creamos la convergencia (del Ateneo) con Carlos París, y en esas coordenadas seguimos, en fin. No es difícil entonces, reitero, saber lo que pienso de cuanto horrible en el mundo está pasando especialmente en estos días, y me trae a la cabeza aquella frase del Tenorio: “¡Fuera máscaras!”. Sin ánimo de ofensa, digo que no soy yo de las personas quienes, en estos meses de violencia, parece que se estuvieran “cayendo del guindo” (mejor digamos, “de la sequoia californiana”). Otras personas, tenemos claro de tiempo atrás lo que significan determinados poderes; su profunda inhumanidad.
“Pido la paz y la palabra”, escribió el poeta Blas de Otero. Hace un año citaba yo ese título en uno de los últimos textos que publiqué antes de mi obligada pausa (4). Me pareció acorde para el tiempo general que ya entonces se barruntaba (salvo por quienes nunca quieren ver), parafrasear al gran autor. Bilbaíno como Carlos París y amigo suyo y de mismos ideales (que son también los míos).
“La paz y la palabra”, no en abstracto, como ya entonces escribí con el pensamiento de estos dos inolvidables referentes. Porque la paz sin equidad, con injusticia, aboca a la guerra, igual que la palabra al servicio del engaño (para perpetuar la injusticia, precisamente), también.
De esta forma, pedir la paz es pedir asimismo la justicia social, y pedir la palabra es pedir igualmente la verdad del ser humano; “Hijos del mismo sol y tributarios del mismo arroyo”, como dijera Azaña.
Y así termino con el poema por el nacimiento de una niña (cuando nace un niño, nace una esperanza para todos. Cuando muere o se mata, como en estos días, muere esa esperanza; morimos también un poco todos). Me observaron mis buenas amistades del Colegio Público “Moreno Rosales”, que “hace falta ser valiente para tener un hijo en estos tiempos”. A lo cual respondí (mi incorregible humor gaditano, discúlpeseme…), “o muy tonto”. El ser humano tiene de ambas cosas. Fui militar bastantes años y se presuponía el valor. Hoy digo en reconocimiento que, en este caso, fue mayor el de Maura (sénior).
Acabo pues con verso; es cuanto pude hacer en estos días, aparte de ayudar a crecer una pequeña esperanza (falta hace…). No sé si las palabras pueden mejorar el mundo (pero quiero seguir creyéndolo). Tengo por más seguro que pueden empeorarlo, lo observo cada día en diarios y platós televisivos, con sus focos. Ya referí que la palabra, cuando no busca desvelar, sino esconder, enmascarar…, no sirve a la paz, sino a la guerra. Un poema trata —no digo que lo logre en cualquier caso—, precisamente, de correr ese velo, para ver más nítidas las cosas. Lo formuló Heidegger: “Poesía es el decir de la desocultación del ente”. También, María Zambrano. Y con mayor donaire del sur, para mi gusto: como “Palabra auroral”, caracterizó la expresión poética; su “razón”. Una “luz” más “humilde” —al estar siempre “naciendo”—, que la “luz total” y “cegadora” de la razón occidental. Y es que sabemos, en efecto, que hay “luces” que no dejan ver, como las sombras.
Gracias por la atención. Procuraré seguir escribiendo desde este mes, cuando me reincorporo a mis habituales quehaceres. Muy cordiales saludos.
Poema Gabriela Maura
(La herida iridiscente)
Lo inicial reducido; la potencia
de todo por venir, de cuánto.
No decir que no importan las palabras,
no los hechos: algo que nos detiene,
si lo guardamos, significa.
Y así, como quien hincha sus pulmones
en la lluvia y el gas
ozono, que es pigmento de colores.
La antigua voz de trapo y el llanto del origen.
Esa fragilidad indestructible.
¿Quién lo puede evitar? No es la razón
ni el sentimiento.
Cuanto nos humaniza al fin
es otra cosa fugitiva,
un momento tal vez,
como quien parpadea, y son sus ojos
una delgada línea con todo resplandor
que absorbe como una pequeña nova;
átomo donde condensan los soles
y ebullen para crear universo.
Y así nace en lo oscuro y frío,
soledad primigenia,
un nuevo mundo; otra oportunidad
antes de regresar la noche.
Hoy escribo tan sólo
lo visto; igual que siempre, igual que un acta
a quien pregunte.
La envuelvo en lana, en verso.
Para que no se entibie
la herida iridiscente que derrama
nebulosas brillantes, púlsares
y cuásares; la vida láctea
de estrellas que te miran
y se sonríen socialmente.
Notas:
1 https://youtu.be/7LsJJW5ZQFc?si=MpTEE_L91C3aoJ35
2 https://www.entreletras.eu/letras/un-poema-en-pasillo-verde-ferroviario-texto-y-contexto/
3 http://lamiradaactual.blogspot.com/2026/03/cuadernos-de-creacion-y-ensayo-n-1-de.html
4 https://diariosabemos.com/opinion/de-paz-palabra_508853_102.html











