julio 2022 - VI Año

LETRAS

Saramago o José de Sousa da Piedade: el Pensamiento

José de Sousa da Piedade y que por ignorancia burlesca y tal vez malintencionada del funcionario del registro civil del pueblo de Azinhaga (Ribatejo), en las tierras bañadas por el río Almonada, agregó en el registro el mote de Saramago, que en realidad es el nombre de una planta, que suele crecer en la zona del noreste de Lisboa, usada como diurético, antiescorbútica y estimulante, un rábano silvestre, que en algunas épocas de pobreza extrema, servía para mitigar el hambre, comúnmente entre los campesinos de aquellas tierras. Así nació el hombre que conocimos todos como José Saramago.

José de Sousa estaba llamado a ser uno de los pensadores más lúcidos del siglo XX, un autodidacta convertido en premio Nobel, procediendo de los estratos más humildes de la sociedad, el talento, aunque también las circunstancias, lo condujeron a convertirse en traductor de Tolstoi, Baudelaire y tantos otros; periodista, dramaturgo, poeta y narrador, este brillante novelista fue bastante más que un escritor de fortuna; en 1998 la Academia sueca destacó su “capacidad para volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía”, este pensador se inscribía en la corriente del “realismo mágico”.

De profunda convicción marxista, fue un comunista convencido en la profundidad del alma, su pensamiento político trazaba en el ideario un camino diferente al marcado por los errores del comunismo soviético, más allá de una praxis convulsa y desviada, el destino de una ciudadanía más justa e igualitaria se podría encontrar en las bases de la ideología comunista; este hombre que fue participe en la revolución de los claveles, fue un defensor a ultranza de los derechos humanos y del Medioambiente, que sintonizó con la causa de EZLN de Chiapas, cercano a la revolución cubana. Cuando ocurrió el fusilamiento de tres jóvenes cubanos que robaron una lancha para emigrar hacia la fantasía iluminada que representaba EE.UU, el manifestó: «Hasta aquí he llegado. Desde ahora en adelante Cuba seguirá su camino, yo me quedo”.

Escéptico e intelectual mantuvo una postura ética y estética por encima de partidismos políticos, y comprometido con el género humano[i], pero también un pesimista, desde el inconformismo, ya que los optimistas suelen acomodarse a la realidad del entorno y dejan de luchar.

Afirmaba Saramago: «Nuestro pensamiento está marcado por nuestro entorno. El capitalismo clásico explotaba a los asalariados; el neocapitalismo explota a los consumidores. Es necesario que las mayorías acumulen cosas para que las minorías acumulen capital”. Destacaba que, según Marx, el hombre está formado por circunstancias, entonces agregaba, es necesario forjar las circunstancias humanamente, pero hasta el momento, ni el capitalismo, ni el socialismo real, ni las izquierdas han formado esas circunstancias, por eso hay que apelar a la ética y a la defensa de los derechos humanos, defendía, y es por eso por lo que en sus obras destaca la esperanza y la utopía y el deseo de que un mundo mejor sea posible.[ii]

De ideas y convicciones firmes fue un crítico sin paliativos sobre la preponderancia de la economía sobre la política, a la dictadura de los mercados financieros, al consumismo desenfrenado. A sus 85 años, afirmaba en un ‘post’ titulado ‘¿Dónde está la izquierda?’ que, a pesar de la situación en el mundo, «la izquierda, cobardemente, sigue no pensando, no actuando, no arriesgando ni una pizca», tal vez intuyó que las políticas de izquierda del siglo XXI deben de ser repensada, la crisis de los partidos de izquierda, ya sean socialdemócratas o se encuentren más cercanos a la ortodoxia socialista, se encuentran en retroceso de cara a la aceptación ciudadana, posiblemente porque su discurso, ya no es el discurso de aquellos ciudadanos que aspiran a encontrarse con un mundo mejor, más libre, pero sobre todo más igualitario.

Manifestaba que, «Los males que sufrimos hoy son independientes de las ideologías. Hay un olvido de la conciencia moral que ha contaminado todo. No importa dónde mires, las mafias y la corrupción están allí, como una enfermedad que, espero, no sea incurable (…). lo que cuenta es el triunfo personal, algo que se convirtió en valor, no se puede esperar otra cosa. El triunfo personal es lo que cuenta, valga lo que valga, ocurra lo que ocurra. Está haciendo falta una resolución ética».

Su reflexión conducía siempre a la necesidad de un compromiso real, como motor para cambiar la realidad, «Lo que me preocupa más es la apatía de la gente», ese desánimo, esa crisis de indiferencia que se vive en el país. Parece mentira que sea el mismo pueblo que hace 30 años era el más combativo de Europa», decía sobre Portugal en 2005.

Aseveró, en los últimos años de su vida que, hoy estamos en manos de un capitalismo autoritario y sin ninguna duda lo encontraríamos enfrente de las nacientes autocracias y a los neo nacionalismos de corte populista que, en el presente, cada día se tuercen más hacia la extrema derecha.

Con la claridad intelectual que lo caracterizaba describía la realidad política, como una tergiversación del verdadero sentido del significado de la Democracia y lo expresó con la interpretación del concepto: “Un concepto de democracia que en el fondo significa que, a partir del momento en el que el ciudadano o elector coloca su voto en la urna, cedió su propia capacidad política, su capacidad crítica, la cedió a otra persona de la que, muchas veces, ni siquiera sabe quién es. Lo cedió a un partido, lo cedió a un conjunto de personas que pertenecen a ese partido, o que ocupan ese partido, o se aprovechan de ese partido, y que se van a aprovechar del poder para hacer aquello que “bien saben hacer”.

“Esto no es democracia. Porque todo esto se termina convirtiendo en pura ilusión.» afirmaba. Hoy en día nos encontramos en una dictadura que hoy es económica. Vivimos en una situación que puede llamarse también “capitalismo autoritario”. En una situación de estas, en la que nos hacen creer que lo mejor es triunfar en la vida.

Con una verdadera claridad, analizaba la transición del concepto que se había acuñado como democracia a partir del siglo XVIII, y el de ciudadano, que emergería a tenor de la revolución francesa, este último término, opinaba que había sido sustituido por el de “cliente”, somos consumidores afirmaba. Sin embargo, Saramago era un auténtico demócrata, no solo de aquellos que van a echar el voto cuando hay elecciones, sino de aquellos que trabajan, que militan y defienden la validez del poder del pueblo a través de una representación, claro está que esta acción debería contar con la ética y eso no siempre es así. Algo desilusionado, diría yo, manifestó en los albores del siglo XXI, “No solo ha terminado un siglo, ha terminado una civilización”.[iii]

Pero sobre todas las cosas, más allá de su ideología, de sus convicciones, de su historia personal, de su militancia y más allá también de sus libros, más allá de su narrativa, de sus poemas, de sus novelas, uno de los grandes aportes a la humanidad, ha sido su pensamiento filosófico, que es lo que lo sostuvo incólume a lo largo de su vida.

Rescato de su blog, un texto que bien ilustra ese carácter que manifestaba: Pensar, pensar, en el que decía: «Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte».

Sus ideas se reflejan en distintas entrevistas que mantuvo con la prensa, «Asumo las dudas y las integro en alguna certeza. Por decirlo de otra forma, soy como un sistema de dudas que funciona con cierta armonía. Tengo, eso sí, unas cuantas ideas claras sobre lo que debe ser la postura de uno en el mundo”[iv]. En lo concerniente a su pensamiento filosófico, ilustró sobre el amor y la muerte, reflexionó sobre Dios y las religiones, con lucidez y el respeto de un ateo, pero como laico convencido y desde la óptica que enlaza la harmonía y el hombre.

Criticó la «soberbia infinita» del ser humano, que aspira a vivir por siempre y derrotar a la muerte:

«Uno debe disponer de su propio cuerpo, del que nadie más tiene derecho a decidir. No creo que alguien que se suicide sea necesariamente un cobarde, creo que cuando tu vida mental o cívica ha terminado ya no vives, hay quien llega a esta situación por desesperación”, para afirmar con certeza, “Sé que cuando llegue mi hora entraré en la nada y se acabó; habrá también un día en que se acabe todo, también la galaxia”.

Nos recordó, la necesidad de tener conciencia de la muerte, de tener otra mirada referente a la muerte, no es que la muerte sea mejor que la vida, sin embargo, la muerte debería ser asumida como algo lógico y natural, hay que esperar el fin de la vida, como cuando esperamos a terminar un libro o un proyecto de vida.[v]

Una de sus citas que cabe recordar “no nos resistiremos a recordar que la muerte, por sí misma, sola, sin ninguna ayuda exterior, siempre ha matado mucho menos que el hombre”

En su libro: “Las intermitencias de la muerte”, que publicó en 2005, a sus ochenta y tres años, describe un mano a mano con la muerte: la ridiculiza y la teme, la admira y la ironiza y, a modo de catarsis, la literaturiza: la convierte en un personaje femenino, una dama elegante, seductora sabia y temeraria. “compadece” a la doña de la guadaña por su desconocimiento de saber “qué es vivir”[vi]

Su idea sobre la muerte podría resumirse en una de sus manifestaciones: “La muerte está presente cada día en nuestras vidas. No es que ello me produzca una fascinación morbosa, pero es una de las verdades de la vida.

Al final de nuestra vida descubrimos que la única condición para vivir es la muerte” “Entraré en la nada y me disolveré en ella”.

“Tu estabas, abuela, sentada en la puerta de tu casa, abierta ante la noche estrellada e inmensa, ante el cielo del que nada sabías y por donde nunca viajarías, ante el silencio de los campos encantados, y dijiste, con la serenidad de tus noventa años y el fuego de una adolescencia nunca perdida: ‘El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir’”. José Saramago.

Dicho de otra forma, nacemos para desandar un camino, que inexorablemente nos conduce a la muerte, pero ello no debería ser motivo de angustia, ni tampoco de una ideación, por la que, aterrado, el ser humano ha buscado o bien una explicación en relatos o leyendas o bien lo ha plasmado en creencias dogmáticas en el corpus de alguna religión.

Las religiones, sin la muerte tal vez no existirían, es ella, la muerte la que da sentido a las creencias gnósticas, el ser frente al demiurgo.

Quien vive mirando hacia atrás en su vida, viste con las mortajas del pasado, con los harapos del tiempo y es una pena perder el presente por el deseo de alcanzar el futuro, el futuro es una mentira piadosa que esgrimen las voluntades moribundas[vii].

La filosofía necesita tanto de la muerte como las religiones, si filosofamos es porque sabemos que moriremos.” JOSÉ SARAMAGO.

En su libro “Intermitencias de la muerte”, reflexiona también acerca de las religiones, ya que todas, por más vueltas que le demos, no tienen otra justificación para existir que no sea la muerte, la necesitan como pan para la boca. Sin muerte no hay resurrección, y sin resurrección no hay iglesia.

Al antídoto para esperar la muerte sin angustia, se encuentra en el amor, “Nuestra única defensa contra la muerte es el amor”.

Romántico y seductor, otorgaba a los sentimientos de amor, uno de los mayores dotes que el ser humano ha desarrollado.

El escritor habla en ´El hombre duplicado´ de la identidad del ser humano. La única posibilidad la ofrece el amor, «lo único que nos permite conocernos».

Manifiesta, que “La única compensación estaba en el amor, no en el amor obligatorio del parentesco, tantas veces un fardo impuesto por las convenciones, sino el amor espontáneo que de sí mismo se alimenta. “

Para Saramago el amor constituye una vinculación vital, un enlace más allá de la razón, pero, aun así, es racionalmente una certeza que debe no intentar convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización del otro. Allí muestra su lado feminista. Repudia el machismo e invita a cuestionar la esencia humana, la capacidad para diferenciarnos entre las demás criaturas del planeta y las disparidades que la misma racionalidad nos obliga.

La vida es un discurrir constante, que nos hace andar por un camino incierto en un mundo injusto, egoísta e innoble, un tránsito de un camino de vivencias hasta la muerte, para encontrarnos con la nada y es ese sendero donde el amor le da sentido a la vida.

Para él, los seres humanos buscan constantemente un lugar en el mundo, cuando no, un lugar donde quedarnos. La identidad de una persona no se refiere a donde nació o creció o a la cultura circundante, sino simplemente a lo que uno es y el ser no puede ser negado nunca. Y el ser en sí, depende del hábito de pensar, de reflexionar, de disentir, de decir basta a lo establecido y cuestionar, interrogarse y volver a pensar, eso es vivir filosóficamente hablando.

El hombre, manifiesta, vive según sus propias convicciones y lo que falta en la Declaración de los Derechos Humanos, es el derecho a disentir. Pero es imprescindible, pensar en que, y quien quiero ser, teniendo en cuenta que «Los cerebros están llenos de palabras que viven en paz y en armonía con sus contrarias y enemigas. Por eso la gente hace lo contrario de lo que piensa creyendo pensar lo que hace».

En torno a estas reflexiones, gira el pensamiento sobre la vida, que tiene aquel hijo de Azinhaga, que vio la luz hace un siglo, en noviembre de 1922, sin embargo, la historia ha querido dejarnos en el legado de su pensamiento, fundamentalmente, su idea de Dios y las religiones, por la que fuera fuertemente fustigado, por los poderes obedientes de la iglesia católica y el conservadurismo. Lógico si atendemos a que era un ateo y comunista confeso.

Si analizamos con detenimiento su pensamiento y su obra, Saramago se interesa por la vida, por el aprendizaje que nos hace ser como somos. El aprendizaje obtenido en el curso de la vida, y mientras van recibiendo conocimiento, el pasado ya no existe, es eso pasado vestido con los harapos de aquello que fue, él, sin embargo, mira hacia adelante, pero fundamentalmente al hoy mismo, ya que el futuro es un incierto sueño de aquello que imaginamos o deseamos.

Es por ello por lo que el pensamiento de Saramago constituye el ideario de conductor del raciocinio, que magistralmente plasma en sus obras y refleja en sus manifestaciones, siempre coherente con él mismo, con su trayectoria.

La fuerza de su pensamiento construye cual arquitecto un corpus filosófico, que incita a la reflexión en lo referente al tránsito del ser humano por la vida, pero dentro de todos sus pensamientos, destaca de manera crucial, su adscripción a la fundamentación del comunismo como praxis ideológica y su concepción religiosa.

Desde su ateísmo, asentado por el raciocinio, le pareció aberrante la creencia en Dios, en un Dios que ha servido casi siempre para enfrentar a los seres humanos, un Dios injusto, que condena a unos al sufrimiento y a otros a disfrutar de su propia conveniencia, sin ninguna duda el pensamiento “saramaguiano”, afirma que un mundo sin religión sería más pacífico, más justo y seguramente más feliz.

Ya en su novela, Terra do Pecado (1947), los problemas de la religión y del mal son las grandes motivaciones y exponen a la luz de las ideas el universo religioso y su relación con la sociedad en general. Consideraciones que retoma y plasma magistralmente en su obra «In nomine Dei» o en su «Evangelio según Jesucristo», Una biografía paralela a la del Cristo bíblico, en la que el personaje se aleja de la divinidad y se muestra más cercano al ser humano.

Sin embargo, reconoce que de alguna manera todos y él mismo, fuimos educados en una cultura cristiana, pero no es óbice para quitarse la venda y observar la verdad. El por qué se ha interesó tanto en este terreno, es debido seguramente y así lo manifestó en alguna ocasión, a esa necesidad que tienen las personas en creer en algo trascendente, en algo que justifique el trasiego vegetativo de una vida con pocas vivencias satisfactorias y muchas vivencias deplorables, patéticas o simplemente que se corresponden con una vida mediocre.

Claro está que esto no alcanza a la totalidad de la humanidad, pero a la luz de la realidad numérica, si alcanza a una inmensa mayoría que se sumerge en las creencias de lo inexistente para calmar su angustia vital y así se somete a “un Dios que es mala persona y vengativo” (en la presentación de una de sus últimas obras “Caín”).

«No estoy ni en paz ni en guerra con Dios. Si Dios no existe, que es lo que yo creo, no puedo estar en guerra con la nada».

El escritor portugués hace una relectura del Antiguo Testamento y azuza otra vez contra la religión. En esta obra presenta a Dios como el autor intelectual del asesinato de Abel, pues despreció el sacrificio que Caín le ofreció. Caín cuestiona a Dios por su crueldad y su vanidad, así como por ser vengativo y tirano.

Esta obra ofrece una reflexión acerca del origen de la dominación y de las manipulaciones y tergiversaciones que todas las religiones han ejercido sobre el pensamiento y por consiguiente sobre las conciencias de los hombres para evitar que el librepensamiento use la voluntad independiente de cualquier criterio religioso. Esta obra constituye una denuncia de los efectos perniciosos de las alianzas entre religiones y el poder de la gobernanza a lo largo y ancho del mundo. En definitiva, “Caín” es un alegato contra un Dios que mata y condena a quienes dice haber creado a su imagen y semejanza.

“Me gustaría escribir un libro feliz; yo tengo todos los elementos para ser un hombre feliz; pero sencillamente no puedo. Sin embargo, hay una cosa que sí me hace feliz, y es decir lo que pienso”.

Y hoy en el siglo XXI, tras el colapso de las ideologías, que en el siglo XX sirvieron de marcos de referencia, tras la debacle del sistema, las religiones han vuelto a hacerse presente y se asocian a los nacionalismos excluyentes y a la preponderancia de las autocracias.

Así, José Saramago (de Sousa da Piedade), una de las mentes preclaras, más importantes del siglo XX, resulta una pluma brillante, que no nos ofrece ficción gratuita, sino que nos brinda, un pensamiento realista, basado en la lógica de la razón y el amor, más allá del creacionismo como mecanismo de defensa para justificar la existencia. Su obra nos traslada a la reflexión de una realidad inexorable de la evolución. Nos invita a pensar acerca de la imperceptible línea que separa lo real de lo infinito y que el amor, siempre es la cara opuesta de la muerte. Vale la pena vivir si se ama y si se es amado.

“Es una estupidez perder el presente, pensando en que pasará en el futuro.”

Referencias
[i] .© Escritores.org. Contenido protegido. Más información: https://www.escritores.org/recursos-para-escritores/19593-copias
[ii] Damián Pachón Soto. Razón Práctica y Asuntos  Públicos.  Revista de Ética y Filosofía Política Nº 12/2009
[iii] En una entrevista al diario italiano Il messaggero
[iv] suplemento Magazine, del diario El Mundo–1998.
[v] 23 oct 2005
[vi] 23 junio. 2010. La nación.com
[vii] Hombre Mediocre, José Ingenieros. 1913
https://elpais.com/autor/jose-saramago/
https://www.josesaramago.org
https://saramago.blogspot.com
https://culturainquieta.com/es/arte/literatura/item/16894-diez-anos-sin-jose-saramago-instantes-y-reflexiones.html

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN LETRAS

Letras

Alberti y El Escorial

Letras

Sobre ‘El acontecimiento’ de Annie Ernaux

Letras

Camandulero

Letras

Jenny Jerome Churchill, madre de Winston Churchill e inventora del cóctel Manhattan

Letras

Jean Gabin, la estética del perdedor, tal Pierre Mac Orlan

Letras

‘Espuelas de papel’, un libro de Olga Merino

Letras

Madrid acoge este fin de semana la Asamblea del Consejo Europeo de Escritores

Letras

Saramago o José de Sousa da Piedade: el Pensamiento

Letras

Kadish por Walter Benjamin, de Antonio Crespo Massieu

Letras

Sobre ‘Los besos en el pan’ de Almudena Grandes

Letras

Efraín Barquero de orilla a orilla

Letras

Saramago, política, sociedad y vida

Letras

Teatro en Páginas de New Harmony

Letras

Algunas notas para la biografía de Antoniorrobles

Letras

Jacinta y Yerma…¡¡qué duro es ser madre!!

Letras

Chéjov, Deledda, la dignidad del paisaje

Letras

Los hombres contemporáneos no son otra cosa que ciegos que pueden ver… pero que no miran

Letras

En torno al libro ‘Lo que mueve el mundo’ de Kirmen Uribe

Letras

La escritura de Saramago: del monólogo al coro. Proximidad a la redacción de Philippe Claudel

Letras

Consideración de los cuentos de hadas

Letras

José Saramago, heterónimo de Fernando Pessoa

Letras

Se llamaba León Felipe

Letras

‘Cinco poemas comentados’

Letras

Almudena Grandes: el poderoso influjo de Galdós

Letras

La palabra interior del Ulises de James Joyce

Letras

Bernarda Alba y doña Rosa, confidentes de patio de vecindad

Letras

Nuno Júdice: cincuenta años de poesía

Letras

Regreso a Lisboa (Saramago versus Ricardo Reis)

Letras

Tarás Shevchenko, poeta de la liberación

Letras

Sobre el libro ‘Un largo silencio’ de Ángeles Caso

Letras

Años de hambre en Kiev

Letras

Saramago a escena

Letras

La impronta de Galdós en Cela: un paseo por Madrid

Letras

Saramago describe el extraño viaje del elefante Salomón

Letras

En torno a la poesía surrealista

Letras

Saramago: de la metáfora al ‘thriller’ futurista

Letras

‘Viajeras al Tren’ de Pilar Tejera, las sorprendentes aventuras protagonizadas por mujeres en los trenes de su época

Letras

Dos poetas descubiertos y uno por descubrir

Letras

Los muchos ‘Mark  Twain’ que hay en el polifacético y mordaz escritor

Letras

‘Todos Náufragos’ de Ramón Lobo

Letras

La estatua y la piedra, de Saramago

Letras

Los recientes poemas de Luis Alberto de Cuenca

Letras

Miniguía para seguir el ‘Ulises’

Letras

El paradigma ético de José Saramago

Letras

La desconocida estancia de Baroja y Azorín en la Sierra de Segura

Letras

Después de todo, Ángel Guinda 

Letras

Damaso Alonso “descubre” a Antonio Machado

Letras

Saramago, comunista de siempre

Letras

Como para que las leyesen los colibríes

Letras

¡Ese es Galdós! ¡Ese es Galdós! La Fontana de oro

Letras

‘Camino de palabras voy abriendo’: La poesía de José Saramago

Letras

Recordando a Galdós: La mujer en la sociedad de principios del XX

Letras

Tullia d’Aragona: el Renacimiento, especialmente el italiano, tiene también nombre de mujer

Letras

Entreletras recomienda 15 novelas / libros de relatos

Letras

Entreletras recomienda 15 libros de Poesía

Letras

Entreletras recomienda 15 libros de Ensayo / No ficción

Letras

En torno al libro ‘La mujer de Eliot y el hacedor de poesías’ de Pío Zelaya

Letras

Las parábolas de José Saramago entre la historia y la ficción 

Letras

Sofía Guadalupe Pérez y Casanova, 160 años de una ateneista olvidada

Letras

Almudena Grandes, en el mapa de honor de la literatura

Letras

Duelos y quebrantos

Letras

El viaje a Italia casi puede considerarse un género literario

Letras

‘La noche de los tiempos’ de Antonio Muñoz Molina

Letras

Poesia a Sul, 2021

Letras

Poesía y vino

Letras

Carmen Castellote, la última poeta viva del exilio español rescatada por el escritor Carlos García de Olalla

Letras

‘Arte Cisoria’ de Enrique de Aragón

Letras

Roberto Calasso, el conductor a “quién sabe dónde”

Letras

Emilia Pardo Bazán y Vicente Blasco Ibáñez. Encuentros capitalinos (y II)

Letras

Emilia Pardo Bazán y Vicente Blasco Ibáñez. Encuentros capitalinos (I)

Letras

Salvador Reyes Figueroa: novelista, ensayista y poeta chileno

Letras

Roberto Bolaño, póstumo y contundente gancho de izquierda

Letras

Virtudes Cuevas. Una superviviente del campo de concentración alemán de Ravensbrück

Letras

Dario Fo: un humor inteligente, corrosivo, sano, catártico, crítico y provocador

Letras

Rafael Alberti, el poeta deshabitado

Letras

La literatura de ficción de Santiago Ramón y Cajal

Letras

Emilia Pardo Bazán: Coraje, preparación, lucha contra los añejos prejuicios y feminismo

Letras

De Juan Ruiz a André Breton: El buen amor vs. L´amour fou

Letras

Wéstern, inédito confín

Letras

Los círculos de Justo Jorge Padrón

Letras

El día que murió Joan Margarit

Letras

‘Tea Rooms. Mujeres obreras’ de Luisa Carnés

Letras

Sencillamente contar historias

Letras

Ernesto  Herrera  Lascazes: dramaturgo uruguayo, transgresor… y un tanto bohemio

Letras

La enfermedad y la medicina en las novelas de Emilia Pardo Bazán

Letras

Gonzalo Rojas: voz fundamental de América

Letras

‘Con la ley en los tacones. Bautizo de fuego’ de Carlos Grau

Letras

José María Castillo-Navarro o el realismo social

Letras

Emilia Pardo Bazán: 170 aniversario de su nacimiento

Letras

Poesía de la sinceridad

Letras

Publicaciones sobre Galdós en su centenario

Letras

Vigencia del paisaje de Castilla

Letras

La vuelta a casa

Letras

El encuentro de Beethoven y Goethe

Letras

Vicente Aleixandre o el lugar donde el mar deja ver el horizonte de piedra  

Letras

La lluvia fina de Luis Landero

Letras

‘Siddhartha’, la búsqueda interior de Hermann Hesse

Letras

Una peregrinación hacia Shakespeare: Galdós en Stratford-upon-Avon

Letras

Galdós: Imagen y repercusión social

Letras

Galdós vs. Delibes: Vidas paralelas

Letras

‘El médico de Ifni’ de Javier Reverte

Letras

Emilia Pardo Bazán y su vinculación con el Ateneo de Madrid, en visperas del centenario de su muerte

Letras

La relación de Galdós con el socialismo

Letras

Antonia Pozzi: ‘El gran abismo hacía la tristeza’

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (y 6)

Letras

Ernest Hemingway, la novela que encierra el gran cuento

Letras

Nicasio Álvarez de Cienfuegos, un ilustrado coherente y poeta innovador

Letras

Longfellow y Jorge Manrique, venturas y desventuras del traductor

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (5)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (4)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (3)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (2)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (1)

Letras

Un futuro para la poesía

Letras

Edmond Hamilton, la ciencia ficción narrada con sencillez magistral

Letras

John Fante, mostró la xenofobia y la explotación de las minorías en la América profunda

Letras

Andrea Camilleri, la literatura consciente de sus rasgos sociales

Letras

Un poco de Don Juan

Letras

Unamuno y Portugal

Letras

‘Historias de aquí y de allá’ de Luis Sepúlveda

Letras

Raúl Zurita: desde el dolor

Letras

Francesco Petrarca… mucho más que un gran poeta

Letras

En torno a la novela ‘Antonia’ de Nieves Concostrina

Letras

Albrit o la creación del personaje en Galdós

Letras

Alejandra Pizarnik, cuando la sombra araña el alma

Letras

Meditaciones de gastronomía transcendente

Letras

‘Litoral’: la revista más hermosa y representativa de la generación del 27

Letras

Yorgos Seferis en el piélago

Letras

Jo Nesbø, huellas dactilares de excelente confesión literaria

Letras

Cesare Pavese: el sufrimiento como oficio

Letras

Duque de Rivas: liberal, dramaturgo y presidente del Ateneo de Madrid

Letras

Galdós en el horizonte epistolar de Blasco Ibáñez (y II)

Letras

Galdós en el horizonte epistolar de Blasco Ibáñez (I)

Letras

‘La caza del Snark’ de Lewis Carroll

Letras

Yorgos Seferis: poeta, ensayista, premio Nobel y diplomático

Letras

Somerset Maugham en Lisboa

Letras

Las novelas dialogadas de Galdós a debate

Letras

Vittorio Amedeo Alfieri, todo un carácter

Letras

Los cimientos de ‘El abuelo’ de Benito Pérez Galdós

Letras

Abril es el mes más cruel…

Letras

En torno al libro ‘En los pliegues del olvido’ de Ignacio Vázquez Moliní

Letras

Juan Eugenio Hartzenbusch, un punto de vista sigular…

Letras

La pasión por los naipes del doctor Egas Moniz

Letras

Doña Perfecta

Letras

Galdós para ‘Dummies’

Letras

Antonio Gamoneda: La poética de la oscuridad como origen de la luz

Letras

Literatura clásica, o metafísica, materialista, lógica, política

Letras

El Galdós protofeminista

Letras

Los tres grandes pasos hacia la Ilustración

Letras

La conferencia de Julián Zugazagoitia en Bilbao sobre literatura en 1924

Letras

Benito Pérez Galdós en el centenario de su muerte (1920-2020)

Letras

A la memoria de mi tío Pablo

Letras

Pérez Galdós, el Nobel arrebatado

Letras

Tolstoi y Shakespeare

Letras

Aproximación al libro ‘Que no se entere la Cibeles’ de Mar de los Ríos

Letras

En torno al libro ‘Extravagancia infinita’ de Javier Olalde

Letras

Augusto de Angelis (1888 -1944)

Letras

Fernando Pessoa. El yo conflictivo

Letras

Federico García Lorca ocho décadas después

Letras

Antonio Daganzo, poeta de aleaciones

Letras

Sufriente, prometeico, iconoclasta y quijotesco

Letras

Leopoldo María Panero, el traductor de la locura

Letras

Poesía y dignidad

Letras

Buenos libros malos

Letras

Confesiones de un crítico de libros

Letras

En torno a ‘Sombra de Luna’ de Francisco Álvarez ‘Koki’

Letras

Alda Merini, vivir al borde de la sombra

Letras

Literatura de cordel

Letras

Demian. Herman Hesse

Letras

Hilario Martínez Nebreda, el poeta silencioso

Letras

La literatura y sus soportes (I)

Letras

La literatura y sus soportes (y II)

Letras

La Escuela Nueva y el centenario de Ruskin

Letras

Don Quijote y el mar

Letras

Elizabeth Barrett Browning, una poeta victoriana

Letras

Por qué escribo

Letras

Ángel González: la ácida ironía de un poeta

Letras

Carmen Posadas y su feria de las vanidades

Letras

El caso Miguel Hernández

Letras

Quevedo en sociedad y III.- Obra y vinculación cívica

Letras

Quevedo en sociedad II.- La crítica como ‘función’ social

Letras

Quevedo en sociedad I.- El hombre, la sociedad

Letras

VII Certamen de Novela Histórica de Úbeda

Letras

Antología poética. Alfonsina Storni

Letras

Ángel González: palabra sobre palabra

Letras

Galdós y el melodrama

Letras

IV encuentro de Poesia a Sul

Letras

Feminismos: la mujer sobre la letra

Letras

El Hidalgo: literatura y pobreza

Letras

‘Celia en los infiernos’, la obra socialista de Galdós (y II)

Letras

‘Celia en los infiernos’, la obra socialista de Galdós (I)

Letras

El nazismo para Antonio Ramos Oliveira en 1930

Letras

Ana Caro Mallén: una esclava en los corrales de comedias del siglo XVII

Letras

José Rodrigues Miguéis, casi olvidado

Letras

Tristeza que es amor. Alusión a Don Quijote

Letras

George Sand: ‘Un invierno en Mallorca’

Letras

José Ángel Valente: una estela inmortal de palabra poética (y II)

Letras

José Ángel Valente: una estela inmortal de palabra poética (I)

Letras

Imagen de José Ángel Valente

Letras

Valente, sin aditivos

Letras

Valente: Qué la palabra sea solo verdad

Letras

José Ángel Valente, en ‘el borde de la luz’

Letras

John Berger: ‘Un hombre afortunado’

Letras

Los desafíos de Lou Andreas-Salomé

Letras

La primavera y su sombra

Letras

El Conde de Montecristo, historia de una venganza

Letras

Luis Martín-Santos y James Joyce

Letras

Los cimientos culturales del abolicionismo: Harriet Beecher Stowe

Letras

Pinceladas sobre Agatha Christie

Letras

Juan Ramón Jiménez, escritor de epístolas (y II)

Letras

Juan Ramón Jiménez, escritor de epístolas (I)

Letras

Thomas Mann: Una Europa que se derrumba

Letras

El eterno romanticismo

Letras

Qué es ser agnóstico

Letras

Pedro Garfias: La poesía desgarrada del exilio

Letras

El descenso a los infiernos de Dorothy Parker

Letras

El Conde de Oxenstiern, a quien llamaron el Montaigne del Septentrión

Letras

La sonrisa del Quijote (Una concesión a la melancolía)

Letras

Antonio Machado que estás en los libros

Letras

‘Agua’: Virginia Woolf y Alfonsina Storni

Letras

Críticos literarios, dueños del espíritu humano

Letras

El papel del lector en la posmodernidad

Letras

Poesías. Catulo.

Letras

Los vínculos entre Américo Castro y Jovellanos

Letras

Michel de Ghelderode y las Vanguardias del siglo XX

Letras

El trabajo entre las raíces, mirada sobre la creación literaria

Letras

La frase del escritor

Letras

Un cuarteto literario en clave de sol

Letras

Oía hablar a los árboles

Letras

El ‘slow’ de Pessoa (o las vicisitudes de la melancolía)

Letras

Claudio Rodríguez: del camino, del hombre

Letras

Sobre las Brontë

Letras

Borges en Ginebra

Letras

Philippe Jacottet: ‘Pensamientos bajo las nubes’

Letras

Juan Goytisolo: ‘sobre asuntos sociales y personales’

Letras

Miguel Hernández en Portugal

Letras

Mi Gloria Fuertes

Letras

Robert Walser, el paseante espiritual

Letras

‘Al menos, memoria’: Juan Ruiz de Torres

Letras

Cela, celador, celando, celar

Letras

Miguel Hernández: ‘Cancionero y romancero de ausencias’

Letras

Rafael Montesinos, renovador

Letras

Bartolomé Soler, lo amargo de la diosa

Letras

Rubén Darío, poeta de las dos orillas

Letras

Jovellanos, poeta

Letras

Un paseo por los ‘jardines’ de Eloy Tizón

Letras

Azorín, sobrevivido

Letras

Rosalía de Castro, la mejor de los mejores

Letras

Eugenio Gerardo Lobo, el ‘capitán coplero’

Letras

Galdós: una conciencia histórica lúcida

Letras

Desde el silencio, a Nicolás del Hierro

Letras

Salustiano Masó, la fuerza del tiempo

Letras

Los ‘Rubaiyat’ de Omar Khayan

Letras

Carmen Laforet, esa chica explosiva del Ateneo

Letras

Gabriel Celaya, el sueño de trabajar la poesía

Letras

Ramón Hernández, un diamante literario en las calles de Madrid

Letras

María Teresa León, el papel de la melancolía

Letras

Luis Felipe Vivanco, un poeta de los que siempre regresan

Letras

Rafael Pérez Estrada, el poder de la imaginación