El laberinto
Sandra Chaparro
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2026
El Laberinto, una alternativa brillante a la novela histórica
La historiadora Sandra Chaparro publica su opera prima con una mirada innovadora sobre la Edad Media, el Temple y el amor
La lectura de El Laberinto, opera prima de la historiadora Sandra Chaparro Martínez, desencadena en el ánimo del lector un gozo inesperado. Y ello a causa del encuentro que procura con una realidad histórica inteligentemente descifrada por la autora, que conoce con desenvoltura la Edad Media y el universo templario. Resulta esclarecedor el conocimiento de la organización de la vida cotidiana medieval, lifemanship denominaría Normal Mailer a este tipo de saber, que exhibe desde el origen a la culminación del texto. No pasa de puntillas por los grandes enigmas medievales, como acostumbran cruzarlos los autores de novela histórica, sino que se zambulle plenamente en ellos con un bisturí analítico tan afilado y amenamente erudito como para poner al descubierto (casi) todas las capas bajo las cuales se ocultaban.
La habilidad narrativa desplegada a lo largo del libro pone de manifiesto un respeto y una empatía singulares hacia el lector, al que se brinda una simplificación nada banal de los complejos problemas de intelección que hasta ahora presentaba la comprensión de la Edad Media en general y la dinámica templaria, en particular.
La construcción de los personajes muestra un profundo conocimiento del alma humana, señaladamente el personaje femenino de Livia, paradigma de inteligencia omnicomprensiva, de asombrosa feminidad, si bien su personalidad acapara en todo momento toda la escena narrativa. Las contradicciones de Bruno, su contraparte masculina, descritas con finura, encuentran expresión suprema en el cinismo paternal de Bajamonte Tiépolo; en el pragmatismo del chipriota Ibelin; y en la personita de Lisa, edificada por la autora con una conmovedora ternura. La historia de amor que la novela incluye, rezuma poesía.
Sorprendente Raimundo Lulio
Es sorprendente la información brindada sobre la figura y la obra de Raimon Llull, personalidad que la autora convierte en realmente transhistórica, por su cercanía insólita, casi familiar, hacia el algorítmico mundo contemporáneo. Llama asimismo la atención la extrema politicidad de esta novela, donde la lucha del Papado, el rey de Francia y las órdenes militares como elementos interpuestos, muestra un saber que solo puede procurarlo una reflexión y un estudio incesantes sobre una dinámica histórica tan fluida y contradictoria. No obstante, se echa de menos un apunte informativo, algo más desarrollado, sobre el fin concreto del Temple, aunque el proceso histórico-político -y económico- de su consunción resulta solventemente descrito.
Dada su consistencia, ya que conjuga historicidad, descripción quasi científica y ensoñación literaria, la novela deviene en innovadora del género histórico, también y particularmente por la aproximación política que realiza frente a las tentativas meramente literarias efectuadas hasta el presente por otros narradores. La axiología medieval, los valores entonces vigentes y el desmantelamiento, realizado por Sandra Chaparro, de los mitos que oscurecieron la Edad Media, encuentra aquí un tratamiento esclarecedor. Su belleza descriptiva y narrativa se ve bañada por pinceladas de una naturalidad que humaniza una época empero más cercana a nuestros días de lo que un mecanicismo racionalista premeditadamente desafortunado durante tres siglos le impuso, segregando aquella Edad del flujo cultural civilizatorio que en su seno llevaba.
El Hermetismo, asimismo especialidad filológica de la autora y arquitrabe del saber antiguo, impregna por doquier el trasunto narrativo de la novela. Comoquiera, pues, que la búsqueda de la luz de aquel saber antiguo hoy casi perdido, enhebra el discurrir de lo narrado, cabría resumir este emprendimiento novelado como un laberinto hacia la luz perdida y ensoñada.
Por todo ello y por ubicar la elipsis precisamente al culminar el relato y no salpicándolo desde el origen del texto, como suele ser frecuente en las novelas al uso e incluso en los filmes históricos, el cénit de Laberinto resultará sorprendente al lector.











