julio 2022 - VI Año

Número 38 de Isidora Revista de Estudios galdosianos

Número 38 de Isidora Revista de Estudios galdosianos
Número dedicado a Emilia Pardo Bazán
Fundación Isidora, 2021

Isidora 38, irrumpe de nuevo, haciéndose su particular hueco en la vida cultural e intelectual de Madrid y en el tsunami de centenarios, actos y reconocimientos que se han sucedido en estos tres últimos años. Este año corresponde a doña Emilia Pardo Bazán, mujer intrépida, amiga de Galdós, intelectual consagrada: una mujer moderna en toda su extensión. La ineludible huella que dejó entre los escritores de su tiempo lo reflejan sus obras y sus relaciones con todos ellos. Cierto es que tuvo muchas oportunidades por ser una mujer de posición privilegiada, pero también lo eran otras y sin embargo no tuvieron el coraje de estudiar y dedicarse a las letras como lo hiciera la escritora gallega.

Los investigadores han puesto en evidencia la importancia de los escritos de doña Emilia, así como del peso que su opinión tenía en gran parte de los acontecimientos de aquel Madrid. Este número presenta las colaboraciones de Marisa Sotelo Vázquez

Pilar Úcar, Santiago Sevilla-Vallejo, Jesús Guzmán Mora, Paloma Pérez Valdés, Elena de Paz de Castro, Félix Recio, Rafael Hernández Tristán,  José Rayos Menárguez y el presidente honorífico de la revista: Antonio Chazarra. Nadie quedará indemne tras la lectura de estos textos, así como los diferentes puntos de vista que de doña Emilia y de Galdós se ofrecen. Isidora siempre ha querido romper con los moldes de las quizás maniatadas revistas científicas, pagando su precio por ello, pero sobreviviendo en libertad. De esa manera, siempre presenta textos académicos, al lado de traducciones, notas, poemas, cartas y otros textos no tan de índice universitario/académico pero que atrapa lectores y divulga los estudios galdosianos. Más de quinientos colaboradores se han dado cita en la casa de esta hija llamada Isidora, la protagonista de La desheredada de Galdós. El lunes 29 en la sede de UGT se darán cita, parte de los escritores que colaboran en este número y que hablarán de sus puntos de vista sobre la teoría literaria, la modernidad y la huella inefable que está detrás de los autores y de sus obras.

Así comenzó doña Emilia a explicar la cuestión tan palpitante entre la realidad y el natural, entre lo genético y lo religioso del ser humano y de su escritura: “Es cosa de todos sabida que, en el año de 1882, naturalismo y realismo son a la literatura lo que a la política el partido formado por el Duque de la Torre: se ofrecen como última novedad, y, por añadidura, novedad escandalosa. Hasta los oídos del más profano en letras comienzan a familiarizarse con los dos ismos.

Dada la olímpica indiferencia con que suele el público mirar las cuestiones literarias, algo desusadas y anormales habrá en ésta cuando así logra irritar la curiosidad de unos, vencer la apatía de otros, y que todo el mundo se imagine llamado a opinar de ella y resolverla.

Este movimiento no sería malo, al contrario, si naciese de aquel ardiente amor al arte que dicen inflamaba a los ciudadanos de las repúblicas griegas; pero aquí reconoce distinto origen, y desatiende la cuestión literaria para atender a otras diferentes aunque afines. Muy análogo es lo que ocurre ahora con el naturalismo y el realismo a lo que sucedió con los dramas del Sr. Echegaray. Si teníamos o no un grande y verdadero poeta dramático; si sus ficciones eran bellas; si procedía de nuestra escuela romántica o había que considerar en él un atrevido novador, de todo esto se le importó algo a media docena de literatos y críticos; lo que es al público le tuvo sin cuidado; discutió, principalmente, si Echegaray era moral o inmoral, si las señoritas podían o no asistir a la representación de Mar sin orillas, y si el autor figuraba en las filas democráticas y había hablado in illo tempore de cierta trenza… El resultado fue el que tenía que ser: extraviarse lastimosamente la opinión, por tal manera, que harán falta bastantes años y la lenta acción de juiciosa crítica para que se descubra el verdadero rostro literario de Echegaray, y en vez del dramaturgo subversivo y demoledor, se vea al reaccionario que retrocede, no sólo al romanticismo, sino al teatro antiguo de Calderón y Lope.

Otro tanto acaecerá con el naturalismo y el realismo: a fuerza de encarecer su grosería, de asustarse de su licencia, de juzgarlo por dos o tres páginas, o si se quiere por dos o tres libros, el público se quedará en ayunas, sin conocer el carácter de estas manifestaciones literarias, después de tanto como se habla de ellas a troche y moche.

Fácil es probar la verdad de cuanto indico. ¿Qué lector de periódicos habrá que no tropiece con artículos rebosando indignación, donde se pone a naturalistas y realistas como hoja de perejil, anatematizándolos en nombre de las potestades del cielo y de la tierra? Y esto no sólo en los diarios conservadores y graves, sino en el papel más radical y ensalzao, que diría un personaje de Pereda. Publicaciones hay que después de burlarse, tal vez, de los dogmas de la Iglesia, y de atacar sañudamente a clases e instituciones, se revuelven muy enojadas contra el naturalismo, que en su entender tiene la culpa de todos los males que afligen a la sociedad. Aquí que no peco, dicen para su sayo. Hubo un tiempo en que la acusación de desmoralizarnos pesó sobre la lotería y los toros: el naturalismo va a heredar los crímenes de estas dos diversiones genuinamente nacionales”.

Las obras de Emilia Pardo Bazán han marcado un antes y un después en la historia de la literatura femenina. A pesar de la modernidad de su persona y de su obra, la escritora y Galdós –como sabemos grandes amigos y pensadores- realizan sus indagaciones personales porque quieren encontrar y discurrir lo que separa a España de Europa. Un acierto también de actualidad. Los frutos de la revolución de septiembre de 1868, que pese a remover los obstáculos que se consideraban tradicionales como el del trono español, y declarar solemnemente la soberanía nacional, no hicieron sin embargo más libres a los españoles, pues para ello no se sucedió más que un simulacro de la revolución efectiva que habría necesitado España. En la práctica, la vida de los españoles se desarrollaba como en una nación que seguía viviendo sin leyes, sin garantías, sin tribunales, sujeta al mismo degradante yugo de aquel feudalismo inorgánico que mantenía a España separada de Europa, por toda la distancia de una edad histórica.

Galdós y Pardo Bazán han  ayudado con sus obras a empujar el progreso de España dando muestra tanto por sus vidas como por sus obras. Centenarios aparte, los estudios históricos, de época y de autor que es el cometido principal de esta revista, siguen creciendo en interés hacia otro tipo de estudios basados en la marcha de la sociedad y de nuestro tiempo. Esa es la dirección que queremos tener. Vale.

Rosa Amor del Olmo es directora de la Revista Isidora