febrero de 2026

‘El vientre sonoro del universo’, de Victoria Suéver

El vientre sonoro del universo
Victoria Suéver
Prólogo I : Edwin Antonio Gaona
Prólogo II : Laura Redondo
Editorial Nueva Estrella, 2025
Páginas: 144 

La Sinfonía de la Existencia en la pluma de Victoria Suéver

Para contextualizar El vientre sonoro del universo de Victoria Suéver es fundamental conocer la trayectoria de la autora, una poeta cuya obra se caracteriza por el compromiso social, la sensibilidad histórica y una profunda curiosidad por la condición humana.

Nacida en Madrid, Suéver desarrolló gran parte de su carrera profesional en el ámbito de la sanidad como enfermera, labor que desempeñó durante veinticinco años antes de dedicarse plenamente a la escritura. Esta formación científica y humana se refleja en su interés por temas como la física, la memoria colectiva y la persistencia ante el desgaste, presentes en su obra poética más reciente. Viajera incansable y apasionada de la fotografía, la poeta ha vivido en ciudades como Roma, México y Luxemburgo, experiencias que nutren la atmósfera de sus textos. En el año 2022, como defensora de los Derechos Humanos obtiene el Certificado de Embajadora Mundial, por la Cámara Internacional de Escritores y Artistas (CIESART) y se le concede el Certificado de Embajadora de la Paz en el Reino de Marruecos.

La producción literaria de Victoria Suéver comenzó con la narrativa para luego evolucionar hacia una poesía de corte intimista y reflexivo. Su debut vino de la mano El viento sopla del Norte (2016), una novela histórica —abordaba el colonialismo portugués en Mozambique y la marginación de la mujer—, que ya demostraba un marcado interés por la justicia social y la perspectiva de género. Después vinieron los libros de poemas: Roma no es amor / Roma. El aroma de lo eterno (2021); Flores en la cabeza (2022); Roma no es amor. Las rosas solo son espinas (2023), un poemario fotográfico bilingüe (castellano/árabe); y Palestina, en el nombre de la raíz (2025), una obra que reafirma su compromiso con la realidad social.

El vientre sonoro del universo (2025) representa una evolución en su estilo, donde la autora utiliza su «agilidad lingüística para la crítica social» para diseccionar el canon de la música clásica. Si en sus libros anteriores el foco era la historia o el paisaje, aquí el eje que vertebra la obra es el universo sonoro como herramienta para comprender lo que la música oculta o normaliza, manteniendo siempre su espíritu vindicativo.

El vientre sonoro del universo es un poemario que propone un viaje sensorial donde la música clásica y la poesía se entrelazan de forma indisoluble. A través de sus páginas, Suéver no solo rinde homenaje a grandes compositores como Mozart, Beethoven, Verdi y Puccini, sino que dota de voz y humanidad a los sentimientos y personajes que habitan esas melodías.  Este libro está pensado para leerse escuchando música. Cada poema nace de una pieza musical concreta —un aria de ópera, una obra instrumental o una forma musical— y su sentido depende de conocer qué está ocurriendo en esa música, quién la interpreta y qué lugar ocupa dentro de su contexto.

En los poemas inspirados en la ópera, la poesía funciona como una lectura crítica y emocional de arias muy conocidas. No se trata de embellecer la música ni de repetir su argumento, sino de preguntarse qué ideas transmite, qué relaciones legitima y qué tipo de experiencias humanas pone en escena. La música emociona; el poema explica por qué, y también qué queda fuera de ese relato.

Junto a estos textos, el libro incluye un conjunto amplio de poemas que se apartan del argumento operístico y se abren a lo que aquí se entiende, de forma deliberadamente amplia, como el universo. Son poemas inspirados en el patrimonio musical no como narración individual, sino como lenguaje del mundo: el origen del tiempo, la materia, la historia, la ciencia, la memoria colectiva o la vida cotidiana atravesada por el sonido.

En estos textos, la música no cuenta una historia de amor ni un drama personal. Sirve para pensar lo que excede al individuo: el cosmos, la física, la guerra, el trabajo, la decadencia, el paso del tiempo o la persistencia humana frente al desgaste. La poesía no describe el universo, sino que se sitúa frente a él, preguntándose qué lugar ocupamos dentro de esas fuerzas mayores y por qué necesitamos organizarlas en forma de música.

Por eso El vientre sonoro del universo no es una simple colección de poemas. Es un recorrido por distintas maneras de escuchar: desde la intimidad del amor y la pérdida hasta la experiencia histórica, científica o cotidiana. En todos los casos, la música es el punto de partida y la poesía una herramienta para comprender no solo lo que esa música dice, sino también lo que oculta, lo que normaliza y lo que nos permite pensar.

Leer este libro es aprender a escuchar de otra manera. No para dejar de disfrutar de la música, sino para entender mejor qué nos está contando cuando creemos que solo nos está emocionando.

La poeta Victoria Suéver

Uno de los pilares fundamentales del poemario es también el cuestionamiento de los roles tradicionales y la reivindicación de la mujer frente al canon masculino de la ópera clásica. En el poema ‘Hombre incauto’, inspirado en La donna è mobile de Verdi, la autora lanza una respuesta contundente al estereotipo de la mujer voluble:

«Nos llamas inseguras, tú que tienes, / una máscara distinta para cada salón […] / Tú no cantas la verdad de la mujer. Cantas tu miedo».

A través de estos versos, Suéver justifica que la supuesta «inconstancia» femenina es, en realidad, una compleja capacidad de supervivencia y resistencia que el hombre no logra comprender.

Esta última obra de la autora explora cómo el arte nace a menudo de una herida profunda: el sacrificio y el dolor como motor artístico. En el poema ‘Un grito en la noche’, basado en la Reina de la Noche de Mozart, se retrata el dolor filial y la manipulación. La autora utiliza el verso para argumentar que el vínculo con el arte no es siempre de placer, sino de una herencia de sufrimiento:

«… Y yo soy hija / no de tu mandato, / sino del dolor que deja tu canto / cuando se apaga y no puedo ya dormir».

Suéver logra transformar estructuras musicales abstractas en escenas de un erotismo vibrante. Un ejemplo magistral es ‘Las mil y una noches’, poema inspirado en el Bolero de Ravel. Aquí, el crescendo orquestal se convierte en una metáfora del encuentro amoroso:

«Tus dedos son la percusión: rítmicos, exactos […] / Y cuando por fin todo mi cuerpo te grita sin nombre, / tú llegas —mi rey, mi amante, mi tormenta— / con tu clímax de metales, con tu furia de orquesta completa».

La segunda parte del libro, «La música del universo», expande la mirada hacia lo metafísico. En ‘Partitura del firmamento’, la creación del cosmos se describe como un acto de composición musical donde la humanidad es solo un «acorde suspendido»:

«Aquí la física es una broma elegante que sólo entienden los electrones viejos. […] Todo termina en un acorde suspendido que nadie osa resolver». La cosmología y lo Eterno van de la mano en los versos anteriores.

El vientre sonoro del universo es una obra de una musicalidad técnica exquisita. Victoria Suéver logra que el lector no solo lea sus versos, sino que los «escuche», creando una sinfonía de palabras que rescata la memoria del pasado para proyectarla hacia una reflexión existencialista y moderna. Es, en esencia, un recordatorio de que la armonía del universo existía mucho antes de nuestro primer latido.

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