mayo de 2026

‘Jaime Gil de Biedma: Retrato de un poeta’, de Miguel Dalmau

Jaime Gil de Biedma: Retrato de un poeta 
Miguel Dalmau
Tusquets Editores S.A., 2026
N
úmero de páginas: 544

LA MIRADA DE MIGUEL DALMAU A JAIME GIL DE BIEDMA

Miguel Dalmau comenzó la carrera de Medicina, que abandonó para dedicarse a la Literatura. Autor de biografías como Los Goytisolo (finalista del premio Anagrama de Ensayo), Julio Cortázar y La gran ilusión, libro que dedicó a la malograda periodista Concha García Campoy.

Novelista también con títulos como La balada de Óscar Wilde, La grieta, El reloj de Hitler (Premio de Novela breve Juan March Cencillo). Y resulta muy esclarecedora su biografía de Pasolini, publicada en Tusquets.

Hace ya tiempo, publicó el libro clave para entender a Jaime Gil de Biedma, que reedita ahora con nuevas aportaciones. Ya desde la cubierta con ese rostro que nos mira, con chaqueta y corbata y un cigarro en la mano y ese fondo de colores azul y rosa, nos damos cuenta de que nos adentramos en el mundo de un dandy, un personaje especial que marcó la literatura y la vida española desde los años cincuenta.

Como buen biógrafo, Miguel Dalmau nos va contando su vida, pero también nos adentra en la personalidad de un hombre que amaba el mundo gay, las fiestas, el ocio y la cultura hedonista de la época. Amigo íntimo de Carlos Barral y de Gabriel Ferrater, Jaime será el “bon vivant”, el hombre libre y desinhibido de una época que todavía vivía la terrible dictadura.

Para Miguel Dalmau los datos, fechas, nombres se intercalan con la mirada introspectiva que el escritor dota a su biografiado:

“Gil de Biedma tiene un insaciable apetito de diversiones y, en su defecto, necesita ocuparse en algo que le aleje de la llamada imperiosa de la carne. Ahora gasta el tiempo tomando fotos con su cámara nueva”.

Y la aparición de la “gauche divine”, que define muy bien Miguel Dalmau, porque más allá de un entretenimiento para ricos, fue también una forma de vida, donde la idea era conjugar la cultura con la diversión. Gil de Biedma, como el doctor Jekyll y Mister Hyde, cambiaba su atuendo serio para dejarse llevar por el placer:

“Nada le hacía más feliz que cambiar el disfraz de ejecutivo por un atuendo sport y escaparse a Bocaccio. En aquella Barcelona, las actitudes ideológicas se habían transformado en actitudes culturales, en modos de vivir y relacionarse”.

Los poemas de Las palabras del verbo, el dedicado a su padre muerto, expresan esa ironía del poeta que nunca se tomó en serio, que supo que la vida era un juego macabro. Una característica de Jaime Gil fue su forma de vivir, donde la poesía era como una ola que estallaba en el mar, pura explosión en una vida hecha por y para la diversión. Nos podemos imaginar al Jaime Gil solitario, después del placer con los chicos que conocía, un poeta desolado por esa sensación de no ser comprendido.

Como bien dice Dalmau al revisar su libro Diario de un artista seriamente enfermo, Gil de Biedma expresa su verdadera radiografía interior:

“En él descubrimos la conciencia de su soledad, el cerco familiar, la obsesión erótica, el peso de las amistades, sus ansias de escribir y el reflejo de los acontecimientos que, por entonces, reclamaban la atención del mundo”.

El libro es una radiografía de dos hombres, el uno que se extiende en el exceso, que vive la vida con suma libertad, entre orgias y placeres de todo tipo y el otro, el hombre que se ve reflejado en el espejo del tiempo, antes de que el SIDA le ganara la batalla.

Magnífica biografía, que es mucho más que un recorrido detallado por su vida, es también un acercamiento al mundo interior del que fue uno de los grandes poetas del s. XX.

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