La vida por dentro
Manuel Neila
Editorial Cypress, 2026
154 páginas
No cabe duda de que Manuel Neila es un escritor que ha cultivado una variedad ingente de géneros literarios y se puede decir, sin temor a equivocarnos, que en todos ellos ha dado muestras de una gran calidad y un saber hacer extraordinarios, pero, será porque un servidor es un acérrimo seguidor y practicante, considero que es en el género aforístico donde Manuel Neila ha conseguido una maestría inigualable. LA VIDA POR DENTRO, es el último de los ya numerosos libros de aforismos que Neila ha escrito y, por cierto, todos ellos tan recomendables como este. Sin embargo, es en este donde encontramos, con mayor destreza, un alto grado de compromiso con la realidad del mundo que nos ha tocado vivir. Y esto, para un servidor, es un logro, un evidente acierto, ya que ese compromiso, que tiene mucho de búsqueda filosófica, no ensombrece el hálito poético que envuelve al libro. Dice uno de los aforismos: “Aforismo. Canto rodado, saeta verbal, máxima mínima, pensamiento sentiente, pensamiento errático, idea pulida”. Todo ello es exacto a la hora de definir el contenido de este libro, nada que reprochar, pues, a tan variada definición ya que Manuel Neila cumple con ella sin dejarse nada en el tintero. Es más, para completar tan contundente frase, añadiría yo: “Golpe en la conciencia”, que es lo que termina siendo esta magnífica obra.
Pero vayamos a la crítica a través de la práctica. Hemos hablado de aforismos donde el autor expresa su desesperanza con el mundo, aquí pone en la punta del iceberg de los problemas globales a los poderosos:
“Los escasos poderosos de la tierra tendrían poco que hacer si los aspirantes a serlo no fueran tan numerosos”.
“Los poderosos no tienen ideología, que es cosa de pobres, los poderosos tienen poder”.
La estupidez humana no es tema que escape a la mirada escrutadora y mordaz del autor:
“La vulgaridad no es más que el síntoma de una enfermedad más profunda: la estupidez consentida”.
“La inteligencia es parva; la estulticia, inconmensurable”.
La felicidad como anhelo humano, algo tan difícil de conseguir que termina por ser imposible o, como dijo Schopenhauer: “La felicidad no es una meta positiva que se alcanza, sino una condición «negativa»: la mera ausencia temporal de dolor o aburrimiento”. Así, nuestro autor da en el clavo con dos aforismos magníficos:
“La felicidad no se busca, en todo caso se recuerda o se desea”.
Y “La felicidad consiste en un deseo que permanece como deseo”.
Todos los aforismos, incluso los muy filosóficos, rezuman poesía por todos sus poros, pero algunos resultan estremecedoramente poéticos:
“Enseñanza del río: morir la vida; enseñanza del fuego: vivir la muerte”.
“Viaje a Ítaca. Vamos de paso… y andamos a ciegas”.
“El difícil oficio de vivir muriendo no se enseña…, se aprende”.
Dice el profesor Javier Recas, uno de los mayores expertos en el género aforístico que hay en nuestro país, en el maravilloso prologo que abre el libro: “El impulso ético del humanismo de Neila, sin embargo, poco tiene que ver con los usuales términos de bondad o maldad. Su planteamiento no es tan mondo, pues requiere ser plenamente consciente de los matices y la complejidad de las virtudes y flaquezas que nos caracterizan”. Y es que Manuel Neila no plantea, en sus aforismos, nunca disyuntivas maniqueas que den lugar a tener que elegir de una forma vulgar, sino que propone directamente, en precisas y preciosas píldoras con un lenguaje perfectamente medido, ideas que logran activar en sus lectores el pensamiento crítico, algo, todo hay que decirlo, nada fácil de conseguir. Un aforismo ejemplificador de esto sería:
“A través de la poesía, conoce lo que siente; a través de la filosofía, lo que piensa; y a través del aforismo, lo que siente pensando”. Toda una declaración de intenciones.
Quizá me deje llevar por mi pasión por el aforismo, pero les recomiendo, encarecidamente, la lectura de este magnífico libro; no se arrepentirán. ¡Ah! y no se asusten si termino esta reseña con uno de los aforismos más breves y contundentes del libro, pura advertencia que no deberíamos dejar caer en saco roto: “Seguimos avanzando hacia el abismo”. Que sean felices… si pueden.











