septiembre 2020 - IV Año

LIBROS

‘Carrión’ de Antonio Daganzo

portadaCarrión
Antonio Daganzo
Colección De Jaque
Ediciones Vitruvio, 2017

 

 

 

 

Por Elena Muñoz

Hablar de Antonio Daganzo como novelista es toda una novedad, aunque no conocerle como escritor. De su calidad tenemos sobrada noticia a través de sus obras anteriores. Como poeta su poemario Juventud todavía un éxito de crítica, como así lo asevera el premio concedido por la de Madrid en 2016, o el premio Sarmiento de Valladolid en 2017; como ensayista a través de Clásicos a contratiempo, un recorrido músico literario de la mano de los autores más significativos y sus composiciones.

Con este bagaje, que acompaña su todavía joven madurez, no cabe la menor duda de que estamos ante un autor de gran calidad, que posee un estilo propio y que gusta de acometer retos de envergadura como esta novela. Un trabajo tan ambicioso, y así se constata tras su lectura, no puede ser acometido sino es desde el tiempo, la paciencia, la pulcritud y la búsqueda de la máxima perfección narrativa Un buen principio para abordar su lectura.

Con estos mimbres de aquellas cañas de su época de estudiante, momento temporal en que comenzó su gestación, se empieza a trenzar el texto de la novela, un melodrama reiventado, en palabras del autor, para estos tiempos, pero que guarda toda su amplia y estricta extensión de la palabra en su etimología más concreta: la música y el drama. ¿Cómo escapar el autor de aquello que supone parte de la esencia de su obra y de él mismo?

Una buena obra narrativa, y ya nos sumergimos en la que nos ocupa, además de una trama convincente, bien construida, necesita de unos protagonistas que, como las cimbras de un arco, sustenten esa historia. En Carrión es papel principal le corresponde a Juan Lucas, rodeado de otros también perfectamente trazados, joven de personalidad algo torturada cuyo retrato psicológico se va dibujando a lo largo de la novela. Un joven cuya personalidad parece convivir en dos mundos paralelos, como si de dos personalidades diferentes se tratara, en busca de un enigma. Nada que muchos de los mortales no reconozcamos, pero que llevado al extremo nos puede convertir la vida en un paseo sobre ascuas. Porque, a la postre, todos deseamos que se nos presente una aventura que ponga a nuestra existencia alguna que otra comilla que la haga diferente y digna de señalar.

En Carrión ese misterio tienen un nombre y un escenario propio que el lector irá desvelando página a página. La escenografía de la novela tiene marcos geográficos concretos: la ciudad castellana de Palencia, ciudad a veces desconocida, de ambiente provinciano y añejo, pero en la que sucede una parte fundamental de la novela; Galicia, origen, fundamento, y a la que nuestro protagonista mirará con la esperanza con que se ve el final de un túnel; Madrid, esa ciudad que nos da la vida y que también nos mata, que en la voz de Antonio Daganzo crece y se multiplica y nos lleva y trae por sus calles.

Y como un paraguas que lo abarca todo la música. Sería imposible hablar de Carrión sin mencionar esos ecos, conocido para muchos, de la zarzuela, o la grandiosidad de Shonberg, Valdemar y Toneville, los cuales ponen banda sonora a este devenir de acontecimientos, de velos desvelados, en los que la persecución del misterio del que hablábamos al principio sumergen al lector en esa misma búsqueda que acontece al protagonista, llevándonos junto con él a las orillas mismas del Carrión,

Personajes, escenarios y sobre todo la palabra. Es imposible comentar esta novela sin decir que es una auténtica rendición a la buena literatura. Para quienes conocen la voz de Antonio Daganzo, la melodía que surge de ella no puede disociarse de su poesía, con la que nos encontramos algunos pasajes. Nos sumergimos en una riqueza desbordante de vocabulario, de retratos literarios no solo de personas sino de lugares; exhaustivas descripciones de sentimientos, de emociones que nos vuelven a retrotraer a esas novelas admirables de hace más de un siglo en las que cada palabra, pulida hasta el extremo, ocupa su lugar, y no otro, como ha de hacer una nota en una perfecta partitura para que no se desafine. Carrión no es solo narrativa, en ella podemos ver esas dos caras, ese Jano bifronte literario que pone en el empeño el sustrato poético del autor del que no puede o no quiere escaparse.

Como resumen diremos que Carrión no es una novela fácil: decir lo contrario sería rebajarla a la condición historias de pret-a-porter que nos tienen acostumbrados estos tiempos. Es una novela que nos hace recuperar el placer de la lectura como elemento final, como remate de la obra de arte literaria.