noviembre 2020 - IV Año

LIBROS

‘Desde mi ventana’ de Jesús Aguilera Muñoz

ventanaDesde mi ventana
Jesús Aguilera Muñoz
Ediciones Ondina, 2018 (2ª edición)

 

 

 

Autor de varias obras de teatro, la ‘ventana’ de Jesús Aguilera Muñoz se ha entreabierto ahora para dejar escapar dieciséis relatos, acompañados con ilustraciones de Enrique Bazako Goiburu, que este escritor nos entrega en el libro ‘Desde mi ventana’ (Ediciones Ondina, 2018).

Los relatos que Aguilera ha reunido en este libro son el producto de una mirada atenta y singular del mundo que se muestra ante su ‘ventana’. Un ámbito donde descubre la materia con la que construir sus relatos. Como el propio Aguilera explica en estas páginas, su ventana ‘es tan solo eso, una abertura a la calle a la que me asomo a diario al menos cuando me acuesto y al ir a acostarme’. Un paisaje urbano que parece, como refiere el autor en uno de sus relatos, ‘un boceto a carboncillo’.

En este sentido, podemos observar como la narración se asienta sobre elementos extraídos de lo cotidiano y, en algún caso, también sobre la intrahistoria más cercana al autor. Así, en el relato que abre el libro, ‘Luciérnagas y medusas’, hallamos a un tiempo estos dos ingredientes. Por un lado, el relato se origina a partir de ‘una estilográfica, una ramillete de manzanilla seco y una carta sin terminar’ y, por otro, recupera un suceso familiar con el telón de fondo de la Guerra Civil de 1936 a través del cual realiza un señalado ejercicio de memoria histórica.

‘Desde mi ventana’ contiene relatos breves y otros más extensos. Todos ellos amenos, sugestivos y de ágil lectura. Relatos en los que el autor toca una amplia gama de temas. Narraciones bien estructuradas, donde se intercalan diálogos que aportan dinamismo y espontaneidad al texto. Quizá la trayectoria de Aguilera como autor dramático se hace aquí más evidente, contribuyendo a dar mayor fuerza expresiva a los relatos. Apuntar también como en estos relatos advertimos continuas referencias a la pintura, el dibujo, la escultura, el color,…. ‘Necesito el color para trabajar, para vivir’. ¿Es el protagonista del relato ‘Pingelap’ quien habla o el autor? Del mismo modo, hace acto de presencia la música, como en el relato ‘Jazz Session’, donde música y sensualidad se dan cita en el emblemático Café Central de Madrid. Dejando abierto el desenlace a la imaginación del público lector.

En ocasiones, la ventana de Aguilera se convierte en una ventana indiscreta. Es el caso del relato ‘Lo que han de comerse los gusanos’, donde el escritor nos habla de esa cotidianidad que termina por transmutarse en rutina. Esa monotonía a la que parece condenada, en concreto, la protagonista de esta historia, hasta que un día un encuentro no esperado cargado de erotismo rompe dicha rutina. El amor, las relaciones personales y el sexo emergen en el argumento, para determinar los acontecimientos y el devenir de los personajes en relatos como ‘Necesidades mutuas’, ‘Canon desvencijado’ o ‘En un posit’.

Como en todo libro de relatos, ‘Desde mi ventana’ tiene momentos en los que la intensidad temática y literaria se eleva de forma muy destacable. Uno de ellos es el espléndido relato ‘Ojo por ojo’. Aquí aborda Aguilera el tema del maltrato, físico y también psicológico, donde la narración va a girar en torno a la figura de un esposo y padre que ejerce la violencia gratuita o inducida por el consumo de alcohol como forma de dominación. En este relato el autor describe a la perfección de qué manera esa violencia silenciosa que se da en el reservado ámbito doméstico genera resentimiento, odio y más violencia, y hasta qué punto una personalidad violenta puede condicionar el destino de aquellos sobre los que ejerce dicho maltrato. Un relato duro, áspero si se quiere, que lleva la literatura más allá, a dar testimonio de lo que ha sucedido antes y, por desgracia, sigue ocurriendo en la sociedad de nuestro tiempo.

En la misma línea, ‘Lucía’, el último relato del libro, es otro ejemplo de cómo Aguilera entra sin ambages en un asunto de candente actualidad que preocupa con razón a mucha gente, me refiero al Alzheimer. Lo hace con solidez y sensibilidad, a pesar de la crudeza del tema.

Otro relato muy bien planteado que, a mi juicio, sobresale en esta serie de escogidas narraciones, es ‘Desde el alfeizar’. Un relato de una gran ternura en el que surge el tema del amor fraternal, tratado sin artificios ni edulcorantes innecesarios.

Asimismo, el misterio hace acto de presencia en el relato ‘El pasadizo de las últimas palabras’, donde el tatuaje de unas líneas caligrafiadas y Dorian Gray, el legendario personaje de Oscar Wilde, son el soporte de una narración que mantiene la atención del lector en todo momento y concluye con un final nada predecible. El ilusionismo, el prodigioso mundo de los magos y sus siempre intrincados trucos, ocupa igualmente su lugar entre estos relatos con ‘Como por arte de magia’.

En el relato ‘Esto no son paparruchas’, va a sorprendernos Aguilera confeccionando un original relato sobre el espíritu de la Navidad, donde la acción pasa por el siempre fascinante Río de Janeiro, el distinguido barrio Polanco de México D.F. o las paradisiacas playas de Punta Cana. Poniendo término al relato con una escena digna de una representación teatral.

El humor y la ironía aparecen con soltura en el relato ‘De la inspiración o dos cervezas, tres tequilas y dos botellas de Four Roses más tarde’, donde los personajes debaten sobre la creación literaria en prosa o en poesía. Un coloquio en el que se plantean ciertas ideas y mitos sobre los métodos a seguir para escribir un libro, la utilidad de una vida más o menos bohemia como experiencia para hacer buena literatura, la relación entre escritura y alcohol (sobre todo con el bourbon Four Roses que no pocas veces se consume en estos relatos), así como sobre el empleo de un lenguaje complejo en poesía: ‘juntas tres palabras bonitas y una que no entiende nadie y ya tienes el comienzo de un poema’ o ‘¿Está usted borracho? No le entiendo, parece usted poeta’, puede leerse a lo largo de este relato.

Un relato entrañable es ‘Verano del 69’, aquel verano en el que por primera vez un ser humano -Neil Armstrong- pisó la luna que orbita nuestro planeta. Una fotografía de ese año es el origen de este relato, cuando los niños de entonces pensábamos en ser astronautas de mayores, mientras jugábamos con los coches teledirigidos por cable Paya o atrapábamos pequeños animales sin ninguna conciencia ecológica, como esos pequeños renacuajos que ‘metíamos en un bote de cristal’. 1969, el año en que nuestras hermanas o primas mayores quedaron enamoradas sin remedio del atractivo protagonista de la serie televisiva el ‘Doctor Ganon’. Otros tiempos.

Solo resta decir que en las páginas de ‘Desde mi ventana’ encontrarán a un escritor que trabaja con esmero su narrativa, para ofrecernos con honestidad un libro que contiene un elenco muy diverso de atractivos relatos con los que disfrutar del placer de la lectura.