noviembre 2021 - V Año

LIBROS

‘El yo sitiado (Diario de 2020)’ de María Antonia García de León

El yo sitiado (Diario de 2020)
María Antonia García de León
Editorial Pigmalión, Madrid, 2021

Pasarán estos largos meses de pandemia, encierro, confinamiento… Regresaremos a nuestras rutinas y ojalá, que nos sirva de algo la traumática experiencia sufrida, que hayamos aprendido la lección y que volvamos a nuestros quehaceres sin repetir errores del pasado.

El yo sitiado”  que es tanto como decir recluido, prisionero, cautivo, es un texto hermoso, sensible, lúcido y humano. María Antonia García de León, va desgranando ideas, sentimientos… poniendo en cuestión lugares comunes y manifestando la vigencia de determinados valores y símbolos. Son unas páginas para degustar con fruición, para meditar… y para encontrarnos con nosotros mismos.

Las sorpresas agradables empiezan nada más abrirlo. Tiene un prólogo de Gloria Nistal y un epílogo de Cristina Galán nada convencionales, escritos desde la amistad, la complicidad y una visión de la existencia compartida.

Aparecen, también, voces corales de escritoras, profesoras y personas que dejan caer una mirada distinta sobre las cosas y ayudan a eso tan difícil, que es comprender y comprenderse.

Quizás, lo que destaque por encima de todo, es la poesía. María Antonia es una magnífica poeta y como deberíamos saber, la verdadera poesía poetiza al mundo, lo humaniza y lo convierte en algo que merece la pena ser vivido.

El confinamiento –horrorosa palabra- ha puesto de manifiesto nuestra vulnerabilidad y nuestra capacidad de resistencia para encajar la soledad y el dolor. En esos instantes de vacilación, de duda, la literatura y especialmente la poesía es un buen refugio… para esperar a que escampe.

Son abundantes las citas y referencias sin el menor asomo de pedantería. En cierto modo, sirven como escudo las palabras de María Zambrano, de Gil de Biedma o de Louise Glück.

Resistir es prepararse para superar las dificultades. La memoria es una facultad que nos anima a seguir vivos, recordando tiempos mejores y todo aquello a lo que alguna vez nos hemos asido para soportar las angustias y los miedos.

El cine, las películas que han constituido nuestra educación sentimental, es también  un baluarte, un mástil al que agarrarnos en medio de la tormenta y una forma de que vuelvan a cobrar vida sentimientos, vivencias y anhelos de nuestro pasado.

La reclusión forzosa presenta otra faz muy dura, la de privarnos de la presencia de los amigos… cada vez se hace más larga y angustiosa esa separación obligada y más, y más, deseable el anhelado tiempo del reencuentro.

El diario está magníficamente escrito. María Antonia como socióloga, no deja de hacerse unas cuantas preguntas pertinentes: ¿Cómo hemos tratado a la naturaleza para que responda así? y, sobre todo ¿seremos distintos cuando salgamos de esto?

Si la peste de Florencia, nos dejó el “Decamerón” de Giovanni Boccaccio, el corona-virus, la pandemia o el “annus horribilis”, también nos deja como testimonio libros como este diario, donde no hay lugar ni para convencionalismos, ni para tópicos y donde asistimos asombrados como un yo se desnuda, dialoga con amigos ausentes y con esa comunidad que constituyen los escritores que merece la pena leer y releer del pasado y del presente.

Hay que valorar, en lo que valen, los pequeños placeres, también ellos nos ayudan a vivir. Qué duda cabe que es interesante establecer un diálogo con Jorge Luis Borges, por ejemplo, y con todo aquello, con todos aquellos y aquellas que estuvieron y ya no están. Hemos asistido impotentes a que el tiempo se los tragara.

Pocas veces se ha puesto la poesía tan en valor. Para eso hace falta inteligencia, sensibilidad y ese admirable y sutil ‘toque mágico’ que de cuando en cuando, nos recuerda ‘que estamos hechos de la misma materia que los sueños’.

En esa reclusión que a veces parece que será infinita, se echan de menos lugares de la Mancha o el mar del que permanecemos tan lejos y tan cerca. Otra voz que aparece en varios lugares de estas páginas es la del inmenso poeta, recientemente desaparecido, Joan Margarit.

En cierto modo puede decirse que este diario es ‘una escritura del yo’. El feminismo es, quizás por encima de otras cosas, una forma del ver el mundo y nuestro papel en el mundo. Es, también, una mirada atenta y agradecida al pasado para recuperar la existencia de muchas mujeres, que privadas de poder, han sido borradas por una visión de la historia que no las ha tenido en cuenta y las ha despreciado.

Esta reseña tiene unos límites espaciales que no puedo traspasar, mas, quiero recordar a Cristobalina Fernández de Alarcón, que aparece en una placa en Antequera y que es una de las pocas supervivientes de todas las mujeres que se ha tragado una visión patriarcal de la historia.

De cuando en cuando, también hay que quedarse con los cuidados análisis de columnistas como Manuel Vicent o Fernando Vallespín, o saber encontrar un sentido transgresor pero, al mismo tiempo, hermenéutico en las viñetas y dibujos de El Roto.

“El yo sitiado” no está exento, afortunadamente, de una penetración metafísica que da densidad y vuelo a muchas de las ideas que contiene.

El carácter repetitivo y, en cierto modo circular, de este periodo de reclusión se pone igualmente de manifiesto en la parte segunda del diario, titulado “In media res”… un tiempo muerto y circular que nos ha obligado a replegarnos sobre nosotros mismos.

Es un libro, otra de cuyas virtudes, es ayudar a descubrir lecturas sin la menor pedantería, es más, con modestia, como si se hubiera debido a la casualidad. Así sucede con “El bolso de Ana Karenina” de Anna Caballé. En el bolso de Ana Karenina,  caben un conjunto de mujeres interesantes.

Hay que ser fuerte para resistir tanta mediocridad, sordidez y grosería que nos envuelve y de las que los medios de comunicación dan cumplida cuenta a diario. María Antonia tiene un fino sentido del humor, mas al mismo tiempo, una faceta crítica de investigadora social que cuenta lo que ve.

Despierta en mí una sonrisa escéptica… y un tanto amarga cuando recuerda una viñeta de El Roto, un payaso triste, muy triste, comenta: “el circo se muere, imposible competir con el espectáculo político”.

No sé si esta es o no, una reseña al uso, desde luego, lo que he pretendido es despertar la curiosidad del lector para que se atreva a juzgar, por sí mismo y, abrir las páginas de este diario. En modo alguno se sentirá decepcionado… muy al contrario, se llenará de júbilo al percibir que ha encontrado un pequeño tesoro sensible, inteligente y muy útil para guarecerse de lo que se nos ha venido encima… y no es descartable, por nuestra torpeza, que se repita.