abril de 2024 - VIII Año

‘Herculano. La ciudad del Vesubio’, de Daniel García Varo

Herculano
La ciudad del Vesubio

Daniel García Varo
Almuzara, 2023
245 páginas

Herculano. La ciudad del Vesubio, de Daniel García Varo es un libro espléndido. Una obra rigurosa de divulgación histórica que nos adentra en la crónica de una magnífica ciudad perdida, sepultada durante siglos por la ceniza volcánica originada por las nubes piroclásticas que se produjeron tras la erupción del célebre monte Vesubio, y rescatada para la historia por una labor arqueológica desarrollada en diversas etapas, más o menos intensas, desde el siglo XVIII hasta nuestros días, con la finalidad de conocer los secretos de las urbes (Pompeya, Herculano y Estabia) del Golfo de Nápoles que quedaron devastadas por la fuerza implacable de la naturaleza.

El libro de García Varo es un recorrido apasionante por la otra resplandeciente ciudad sumida en el olvido desde el 79 d.C., como consecuencia de aquel dramático suceso. Menos conocida que Pompeya por el gran público, Herculano es una pieza fundamental para completar nuestra comprensión de la civilización romana y del mundo clásico. De este modo, en las páginas de Herculano. La ciudad del Vesubio hallamos repuestas sobre cómo vivían quienes habitaban la ciudad cuando se produjo el desastre, cómo fueron los últimos instantes de aquellas personas que no pudieron huir de un destino trágico casi imposible de imaginar, así como sobre el notabilísimo legado petrificado (frescos, mosaicos, dibujos, casas, tiendas, tabernas, termas, barcos…,) que gracias al excelente trabajo del autor podemos conocer en toda su extensión.

El amplio reconocimiento de Pompeya como lugar arqueológico y de interés turístico es evidente. Solo hay que atender a las cifras que nos proporciona el autor. Frente a las trescientas mil visitas que recibe Herculano de media cada año, Pompeya acoge dos millones y medio de visitantes. Sin duda, por diversos factores que juegan a favor de Pompeya, la diferencia es abismal. Ahora bien, como se explica en las páginas de este libro, Herculano tiene poco que envidiar a Pompeya. Es verdad que Herculano es bastante menor que su competidora, pero, en palabras de García Varo, “esconde entre sus paredes auténticos tesoros que cautivan a los espectadores”. En todo caso, el autor confiesa en las primeras líneas del libro cual ha sido el objetivo principal que se marcó a la hora de escribir: “rescatar de las cenizas divulgativas al complejo arqueológico de Herculano, con el fin de iluminarlo frente a la gran sombra que proyecta la urbe de Pompeya”.

En consecuencia, el plano del actual complejo que se facilita al lector antes de la Introducción a la obra, para poder acudir a él cuando se alude a las diferentes zonas o edificios de la ciudad, nos da una idea de la importancia que debió tener la urbe en la sociedad de su época. Anotar aquí que el libro está convenientemente ilustrado con numerosas imágenes y fotografías, algo que es de agradecer.

Fundada en el siglo IV a.C., un siglo después que Pompeya, Herculano fue una ciudad prominente, donde Calígula tuvo “un alojamiento” (lo sabemos por Séneca) y según el político de la República romana Cicerón era “un centro destacado de la zona” que en el año 62 d. C. sufrió un terremoto considerable, provocando que algunos de sus pobladores abandonaran la ciudad quizá para siempre. A pesar de ello, casi dos décadas más tarde, nada hacía prever la catástrofe que se avecinaba. Es cierto que hubo algunos indicios los días previos, tanto en la tierra como en el mar (temblores y disfunciones en las mareas), de que algo se estaba fraguando, pero en un tiempo en el que se carecía de medios científicos para entender estos avisos la única opción era encomendarse a los dioses.

De esta forma, en el 79 d. C. las ciudades citadas del Golfo de Nápoles serían aniquiladas por el Vesubio. De hecho, Herculano padeció con más virulencia la embestida de las cenizas ardientes del volcán al estar más cerca de este. Según se explica en el libro, uno de los testimonios fundamentales que poseemos sobre lo sucedido es el de Plinio el Joven que relató el acontecimiento y la muerte de su tío Plinio el Viejo como consecuencia del mismo. Aquellas urbes quedaron sepultadas tras la erupción volcánica, aunque no serían abandonadas por la autoridad romana. El emperador Tito promovió un plan para intentar rescatar a posibles supervivientes y recuperar los enseres y pertenencias de los pocos que pudieron huir o no estaban allí en el momento de la catástrofe. Sin embargo, las urbes cayeron en el olvido hasta muchas centurias más tarde, cuando en el siglo XVIII, tanto Pompeya como Herculano, emergieron de las funestas cenizas que un día aciago extinguieron su esplendor.

En este sentido, son numerosos los aspectos y temas en los que profundiza García Varo en esta crónica de Herculano, todos ellos muy interesantes.  Destacar, por ejemplo, la acertada reivindicación que hace el autor de dos personajes, españoles para más señas, que contribuyeron de manera fundamental a que hoy conozcamos los lugares que fueron asolados por la erupción del Vesubio en el año 79. El primero de ellos fue el rey Carlos III, que antes de ser rey de España lo fue de Nápoles y Sicilia entre 1731 y 1759, impulsor en su época italiana de “las diferentes excavaciones que se realizaron no solo en Herculano, sino en las ciudades enterradas próximas como Pompeya o Estabia, por algo se le considera el rey arqueólogo.”, como subraya García Varo.

El segundo personaje al que hace merecida referencia el autor es Roque Joaquín de Alcubierre, protagonista principal del hallazgo de las ciudades a las que nos hemos referido y de las primeras excavaciones efectuadas en ellas: “Al realizar una pequeña revisión acerca de la figura de Alcubierre podemos observar que no ha sido tan reconocido como debería en los estudios y las investigaciones relacionadas con el descubrimiento de Herculano, sobre todo a nivel internacional…,”. El asunto es tan llamativo que a día de hoy no sabemos cómo era Alcubierre, no tenemos ninguna imagen suya y, lo que es peor, llegó a ser confundido con un arqueólogo alemán. “Por lo tanto, —añade García Varo—  se ha llegado a eclipsar su labor en múltiples ocasiones, pero a través de este libro vamos a rescatar su hazañas y memoria para poner en valor una figura tan relevante.” Cosas que ocurren por desgracia en esta España nuestra, en fin…

A través de las páginas de este libro iremos conociendo los diversos periodos en los que se ha excavado Herculano, desde los tiempos del ya citado Carlos III, pasando por los trabajos de Amadeo Maiuri en un contexto de fervor nacionalista durante la Italia de Mussolini, hasta llegar a los proyectos que se llevan a cabo en la actualidad.

Igualmente,  se detalla la estructura social del momento, donde aparece el papel que jugaban las mujeres, “pues hay evidencias de mujeres con grandes riquezas en las ciudades sepultadas por el Vesubio que no necesitaban la figura masculina para organizar su pequeño imperio.”, destaca García Varo. También es posible saber, gracias a los restos hallados, que los ciudadanos de Herculano comían gran variedad de frutos y legumbres, productos cárnicos, pescados y, por supuesto, consumían el afamado garum. Asimismo, resulta curioso que “las últimas investigaciones han atestiguado que los hombres y las mujeres no tendrían la misma dieta.”

Herculano. La ciudad del Vesubio desvela al lector o lectora que se acerque a sus páginas cómo era la vida cotidiana en aquella ciudad: el aseo de hombres y mujeres, las enfermedades que padecían, cómo se trataban lo residuos que generaban, qué espectáculos eran del gusto de aquellas gentes cuando asistían al Teatro (“El desnudo era ya casi usual en las obras de teatro y las bromas eróticas, las flatulencias estaban a la orden de día, y provocaban enormes carcajadas entre los espectadores. El disfraz de sátiro era muy común, y portaba enormes falos…”, explica García Varo) o cuales eran los deportes que practicaban (atletismo, lanzamiento de piedras, natación…,). Un curioso enigma es el asunto del Anfiteatro de Herculano, pues “Existen testimonios de varios gladiadores en diferentes lugares que atestiguan haber luchado en Herculano a pesar de no existir un anfiteatro.”, señala el autor. Sin embargo, otros datos apuntan a que sí lo hubo. Para desentrañar este y otros misterios de la ciudad sepultada por las cenizas solo hay que adentrarse en el libro.

Cómo se organizaba la economía de la urbe y el comercio es también materia de este libro. Cómo eran las tiendas y qué se vendía en ellas; cómo era una panadería o una tienda de Ultramarinos; cómo se desarrollaban los intercambios comerciales y qué productos llegaban a Herculano desde Hispania. La pista seguida por los investigadores a dos lingotes de plomo hallados entre las ruinas, ubica su procedencia en la península ibérica. Asimismo, un mosaico revela la presencia de ánforas hispánicas que pudieron servir para trasportar aceite, vino y garum desde Hispania.

El libro continúa relatando cuestiones que suscitan nuestro interés, como el hallazgo excepcional de una embarcación en la playa “durante las excavaciones realizadas por Guisseppe Maggi, un barco que poseía el casco integro. Fue encontrado boca abajo y rodeado de algunos esqueletos, lo que podría llevar a diferentes hipótesis.” También conoceremos los elementos y decoración de las casas descubiertas, la situación de alguno de los esqueletos de las personas que fallecieron o la existencia de ciertos dibujos que aún “son todo un misterio que escapan de las investigaciones y que no poseen explicación.” Escribe García Varo: “En primer lugar, se representa a una figura femenina con rasgos demoníacos como cuernos, alas y garras mientras levita con un bastón. A su lado se ha representado un gallo y a continuación un animal cuadrúpedo identificado como un camello o un dromedario acompañado de una manta en su lomo.” Esta figura puede ser la representación de un hada o, por el contrario, de un ente maligno. En cualquier caso, nos dice el autor, “no hay duda de que se trata de un gran ejemplo sobre los dibujos que se pueden llegar a encontrar” en Herculano.

Dilucidando página a página la vida cotidiana, política y religiosa de la que fuera una ciudad sobresaliente en su época, y visitando las casas más importantes que han ido viendo de nuevo la luz gracias a la arqueología, el autor del libro revela cautivadores hechos, datos y misterios sobre Herculano. Nos acercamos así al final de la obra, no sin antes referirnos a una mansión que entre sus innumerables salas poseía “una biblioteca de papiros que dan nombre a la Villa.” La Villa de los Papiros, afirma García Varo, “es la muestra sublime de la ostentación y la riqueza en un espacio doméstico…,”.

El libro concluye con un capítulo dedicado a los últimos descubrimientos realizados por la arqueología en Herculano hasta el momento de la edición del libro. Un libro que, a mi juicio, supone un valioso hallazgo y un autor, Daniel García Varo, que sabe conjugar rigor histórico y divulgación amena. Por ello, Herculano. La ciudad del Vesubio es una obra muy recomendable que debe tener un sitio en la biblioteca de los amantes de la Historia, en particular de la historia del mundo antiguo, y de los incondicionales de la arqueología.

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