enero de 2026

‘Poemas escogidos (1962-1996)’, de Joseph Brodsky

Poemas escogidos (1962-1996)
Joseph Brodsky
Siruela, Madrid, 2025

La minuciosa poesía (o, tantas veces) prosa poética que destila este libro, es referente estético muy singular que la obra de este autor transterrado (así se le nota en el sentir, en muchas ocasiones) que, haciendo de su tema poético al hombre atribulado como tal —y a la figura de la ciudad de Venecia en particular— nos ha legado un discurso sensible y hondo de los avatares del vivir —y el observar, y el pensar— con la huella impresa del amor o, cuando menos, de una forma de amor.

“Hace viento y el mar está agitado; / pronto ya será otoño, en torno todo cambia. / Ver mudar los colores, Póstumo, me emociona / más que ver a mi amiga cambiándose de ropa. // La muchacha entretiene, pero hasta cierto punto; no vas a ir más allá del codo o la rodilla. / Mucho más disfrutable la belleza sin cuerpo: / en ella no hay abrazos, ni tampoco traiciones!”.

Al modo de un acertado y sensible pintor, el poeta, cuando describe ten emotivamente lo observado, transformade algún modo la realidad observada hasta otorgarle una medida humana de un atractiva naturaleza: “Capiteles, columnas, grabados y molduras / en arcos, en palacios, en puentes. Allá arriba / un león sonriente, trepado en su columna / que el viento cubre como si fuera su vestido, / enhiesta como un tallo en la linde del campo, / ceñida por el tiempo en lugar de algún foso”.

Y al final del paseo por la desnuda realidad, por los caminos que lo cotidiano conserva con hábitos aprendidos hace tiempo, mucho tiempo, ahí se guardará todo el significado, la ternura de aquello que, a pesar de las lluvias y los cielos, perdura como a un modo antiguo, lo que proporciona una forma de belleza no para observar solamente, sino para sentir y, cada cual a su modo, hacerla propia: “Lentamente, como en la ópera languidecen las luces, / se encogen de noche las cúpulas-medusas. / Se vuelve estrecho y ondula el callejón-anguila, / y la polaza se aplana como un rodaballo. / Nereo recoge para sus hijas las peinetas / caídas de suntuosos peinados femeninos, / dejando intactas las baratas perlas amarillas / de los faroles callejeros”.

Y el agua de su querida Venecia seguirá en su fluir del tiempo, junto a la vida que le asiste.

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