Sendas de invierno
Fulgencio Martínez
Editorial “Ars Poética”. Colección “Non omnis moriar”
Madrid, 2025
Para aquellas personas que no conozcan la trayectoria de Fulgencio Martínez López, este “Sendas de invierno” es el tercer poemario de la serie Exposición temporal (nombre con el que ha recogido su obra en poesía de los años 2021 a 2024), publicado en la editorial “Ars poética”. Hablamos de un profesor, ensayista y poeta, conocido en el ámbito nacional por ser director y editor de la prestigiosa revista literaria de creación y ensayo “Ágora-Papeles de arte gramático”. Especializado en Antonio Machado, entre muchos otros escritores, escribió un ensayo sobre su filosofía y poesía, que publicó en “Symposium”, en Brasil. Antólogo, promotor y activista cultural, de hondo compromiso humanista, intelectual comprometido mucho más allá del arte como artificio, Fulgencio Martínez es uno de los nombres a destacar en el panorama literario español.
En la introducción, el autor define “Sendas de invierno” como un poemario resultado del taller efectuado junto a la poeta Dionisia García. Una de las definiciones de “taller” es el conjunto de colaboradores de un maestro, en la práctica de un oficio o artesanía. Que el poeta es un actor más, un agente, de la propia poesía, es algo que los que practicamos el oficio de la lírica tarde o temprano descubrimos. Por ello todos los poetas necesitamos maestros y maestras, una paideia, y yo añadiría que también esto es necesario en el arte de vivir, el pupilaje siempre es necesario, debemos aprender las enseñanzas de otros superiores a nosotros en algún aspecto para poder mejorar. En suma, practicar la humildad, cultivar el espíritu humanístico, son resultado de la aceptación de dicha paideia, la disciplina educativa que se está perdiendo —o se ha perdido por completo, quizá— en los tiempos actuales, en un proceso iniciado hace muchos años ya, el de la destrucción del pensamiento y el espíritu crítico, junto a la ruina del orden mítico del pasado, una consecuencia de la implantación del neoliberalismo como forma de vida triunfante actual, y la sustitución de todos los cultos por la religión del dinero, la devoción hacia el nuevo sacerdocio de la plutocracia.
Pues exactamente eso —un taller— es lo que ha hecho el poeta Fulgencio Martínez con esta tercera entrega de su “exposición temporal”, según su propia definición, un taller supervisado y corregido por la poeta maestra y amiga Dionisia García, importante autora de la denominada “generación del medio siglo”, cuyos poemas destilan sencillez y conocimiento de las grandes cuestiones humanas, que enseñan el modo correcto de vivir. El taller, pues, ennoblece la obra poética, ya que en realidad la poesía se construye desde la Voz, y la “voz poética” no pertenece a la persona concreta que escribe, al poeta, sino que es tomada por él o ella para escribir poesía. Así, podría considerarse que toda obra poética, aun viniendo firmada por un autor o autora particulares, está escrita en realidad por la Voz, la voz del misterio, de la “gran dama”, y requiere de anonimato, para ser entregada finalmente al conjunto de los lectores, sus destinatarios. El oficio de la poesía tiene, pues, algo de religioso, ya que el poeta oficia con la Voz un rito para dar a luz los poemas y ofrecerlos al público en una comunión de misterio, conocimiento y belleza. De ahí el sentido de “taller”, pues aunque la dirección de un taller sea del o de los maestros, su trabajo es colectivo puesto que la sustancia con la que trabaja, la palabra, es universal.
Respecto al subtítulo, “exposición temporal 3”, el autor manifiesta que este libro abarca temporalmente su producción poética entre los años 2022 y 23. El título es el invierno, sus “sendas”, pero en realidad el texto señala dos temas que vertebran esta obra: por un lado, el paso y la fugacidad del tiempo, que todo lo deshace y desdibuja, y por otro la eterna renovación de la vida y la fuerza que impulsa lo existente hacia la belleza y el asombro de una nueva primavera, el símbolo de la renovación. La saga de esta “exposición temporal” la componen 4 libros diferentes: “Tiempo reunido”, que abarca los poemas anteriores a 2022, “Carta partida”, que reúne los poemas de 2022, “Sendas de invierno”, con los poemas del 22 al 23, y el último libro, “Espacio para una urna”, con los poemas del 23 al 24. Este orden dado por el poeta a sus libros en su exposición temporal no es el orden de la publicación, pues previamente a “Sendas de invierno” fue publicada “Carta partida”, la segunda entrega. El subtítulo que el poeta otorga a estos cuatro libros refiere entonces una indagación sobre el paso del tiempo, la memoria y los significados.
El título original de este poemario, según manifiesta el autor, fue “Sendas de invierno hacia la primavera”, reducido finalmente a “Sendas de invierno” por consejo de Dionisia García. En este libro, el paisaje y la atmósfera emocional son los del invierno, tentativamente dudando entre la muerte, el abandono existencial y la espera letárgica de un mejor tiempo que la primavera traerá. Fulgencio Martínez, “el que fulge, el resplandeciente”, además de poeta es un gran humanista, y presumo que también deudor del barroco, pues su escritura debe mucho a los grandes maestros del siglo de oro, manifestando cierto pesimismo ante la profunda estupidez humana, su mal gobierno, y la vanidad y empeño que todos mostramos en nuestra loca huida de la muerte intentando conjurar el paso del tiempo. En el libro, un buen puñado de poemas oscilan entre el invierno, la melancolía y la tristeza que inundan el corazón del poeta, y la esperanza anunciada prematuramente en una próxima primavera renacida. Es el mismo invierno el que a través de algunos de sus elementos simbólicos (el cierzo, los dedos del Moncayo) se expresa en la voz, con desnudez y crudeza, y que a pesar de ello encuentra pequeños signos de la cercana renovación primaveral (una flor que emerge, inesperada), sosegando así con el bálsamo de la vida su alma y la del lector. Es la gratuidad, ese abandono a los elementos naturales precisamente, la que brinda la fuerza para asombrarse y seguir viviendo. El asombro inesperado ante la belleza que emerge son claves en la poesía. Ciertamente la madurez, la vejez a medida que cumplimos años, consista en algo similar, conjurar al pesimismo y la muerte transformando nuestro corazón de nuevo en una gema soñada desde el amor, la esperanza y la ingenuidad que perdimos con la niñez y la juventud, pues la vida siempre nos devolverá un hálito de fuerza y regeneración si nos acercamos a las cosas con humildad y abandono, dispuestos a abrazar la belleza cuando nos sea mostrada, acaso fugazmente, acaso por la palabra que es poesía y espíritu. Precisamente, creo, esta es una de las enseñanzas asimiladas por Fulgencio en su “Sendas de invierno” de su maestra Dionisia García. A propósito del nombre “Fulgencio” diré que es hermoso nombre para un poeta, pues el escritor sólo podrá fulgir en las gemas y diamantes de su creación si acepta humildemente la autoridad de otros maestros y maestras —el taller de nuevo, la paideia—, ya que esas son las únicas vías por las que la “gran dama” le prestará su Voz.
El juego del arte, o el arte como juego, es otro de los temas abordados en el texto, arte necesario para dotar de sentido el existir humano y tender lazos y puentes entre los que nos precedieron y nos seguirán, constituyendo la gran familia humana, la historia de nuestra especie que intenta en la belleza su perfeccionamiento, quizá su redención. Un poema central del libro, “Haciendo castillos en la arena y otras formas de juego”, habla de ello. Sin duda el arte es un juego gozoso, en el que el demiurgo juega a crear otras existencias, otras realidades, que acaso conecten con otro plano intuido y puedan acercarnos a la plenitud de la belleza. De ahí el asombro infantil con que todos nos sorprendemos en estos juegos: esa es una de las funciones misteriosas del arte.
El libro se estructura en 3 partes, constituyendo la tercera un único poema, “Terrain vague”.
“La noche a mi puerta” es el título de la primera parte, en ella los poemas son más tristes, impregnados de la atmósfera pesimista que el invierno trae, anuncio de muerte y sueño. El tiempo es la sustancia vaga y huidiza que barre la memoria, los recuerdos, desdibujándolos, haciéndonos dudar de si realmente lo vivido fue real en su gozo y su belleza, en todo caso. Incluso la desesperación llama a la puerta del poeta, como en el poema “la noche insiste”, intentando conjurar éste el final de la oscuridad, para poder vivir de nuevo en el amor. El paisaje es muy importante en esta parte primera, como personaje poético, ya que es un elemento más que lleva al lector a sentir y reflexionar sobre la fugacidad del tiempo, la proximidad de la muerte, la memoria sobre nuestra herencia y los ancestros, y la irrealidad de la propia vida aludiendo al sueño, en palabras de Calderón de la barca. También utiliza el poeta el recurso del viaje con frecuencia para señalar la continua mutación de nuestras experiencias, sentimientos y recuerdos, así como para recalcar el paso del tiempo y sus consecuencias en nosotros mismos. La serenidad es un corolario, un hallazgo que también utiliza la Voz para aportar algo de paz ante el invierno de la propia vida que la naturaleza impone.
En la segunda parte, cuyo título es “Poemas para despedir Europa”, aun continuando el mismo hilo temático, aflora claramente la esperanza de un nuevo y próximo renacer de la vida en la anunciada primavera, en elementos muy simples y sencillos -una espiga verde, una flor- que emergen entre la nieve o los campos yermos. Es aquí donde figura el poema que da título al libro, “Sendas de invierno”, y en el que se expone poéticamente esta tesis. El poema “Mayo” homenajea también la música y los versos de los juglares pasados, en ese canto de esperanza, y el largo poema “Haciendo castillos en la arena y otras formas de juego” se expresa el arte como juego o el juego del arte, y la herencia de nuestra especie humana, como ya señalé anteriormente.
Finaliza el libro con la última parte, que es también un único poema, “Terrain vague”, cuyo concepto alude al espacio urbano, baldío, quizá destruido por la guerra u otros avatares, por la propia actividad humana o el simple paso del tiempo, comúnmente sin sentido o sin objetivos claros, y que deja a Europa como concepto social y político, como polis de nuestro humanismo perdido o fuertemente amenazado en esta época que nos toca vivir, en un lugar baldío y expectante donde quizá la belleza, el amor, la solidaridad y la justicia, puedan volver a emerger gracias al arte y la poesía, quizá si fuéramos capaces de construir nuestra alma individual y el alma colectiva de Europa, en la rueda búdica de la vida y la muerte, como el propio poeta nos dice en unos maravillosos versos finales. Así sea.












