
En términos de pura movilidad, la dama es la figura del ajedrez más poderosa, y además la más alta. Si cae la dama de tu partido, Ayuso, el rey, que es pequeño e incapacitado, Feijóo, lo tiene muy crudo, pero al menos ya no sufre un eclipse como el que disfrutaremos el próximo miércoles. A Pedro Sánchez es que le ocurre lo opuesto, que la dama es él, y el acorralado rey si acaso su mujer. Los peones del Gobierno de Madrid lo van a pasar mal, pero es que el destino de un peón es siempre tarde o temprano el sacrificio.
Mazón era un alfil, por eso siempre se desplaza en diagonal respecto a la verdad, en el intento de comerse alguna dama, amiga o enemiga eso ya no le importaba tanto. La dama del PP fue comida porque quiso hacer de su capa un sayo y de su negra casilla un casoplón de pijaza.
El caballo negro de esta partida es González Amador, que lo mismo salta de estafar en la compra de un saxo y cae en un fraude fiscal que brinca desde el regazo de la Comunidad de Madrid y aterriza en el emporio sanitario Quirón. Sólo nos quedan las torres… ¿qué son las torres en esta nuestra alegoría? Pues intuyo que los respectivos calabozos en los que van a terminar Díaz Ayuso y González Amador, un futuro de amor roto, un esnobismo fracasado, puede ser, pero se debe reconocer que un jaque mate redondo, digno de Capablanca.











