septiembre 2020 - IV Año

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Por una prescripción responsable de opioides

ENTRELETRAS SALUD

pres 1En un informe de la Organización Mundial de la Salud relativo a la sobredosis de opioides se recoge que en 2014 más de 15 millones de personas en el mundo tenían dependencia a estas sustancias, no solo en su uso como drogas ilegales, sino también a las derivadas de la prescripción médica. Una cifra que ha ido en aumento en los últimos años, situando la muerte por sobredosis como la primera causa de mortalidad accidental en Estados Unidos. A partir de la dimensión que este problema ha alcanzado, desde el ámbito de la salud pública se ha declarado una epidemia de opioides y han comenzado a desarrollarse directrices para una prescripción más segura en el tratamiento del dolor crónico.

El uso de estos fármacos ha mejorado la calidad de vida de los pacientes con dolor crónico, pero la necesidad de un alivio rápido del dolor y la intolerancia a cualquier tipo de sufrimiento en las sociedades más desarrolladas, unido a la aparición de nuevos medicamentos y a la presión de las compañías farmacéuticas sobre los profesionales, ha generado una sobreprescripción de opioides, lo que conlleva un aumento de los efectos adversos asociados a su uso crónico y un mayor riesgo de adicción, sobredosis y mortalidad, siendo actualmente en muchos países un importante problema de salud.

Aunque con diferencias, en España -según datos del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social- el uso de opioides no ha dejado de aumentar desde el año 2010. Esta tendencia sigue la senda de crecimiento que se viene observando en otros países de Europa, aunque sin alcanzar los niveles de Estados Unidos.

Por tanto, se puede hablar de un problema multifactorial donde, en la actualidad, el modelo de prescripción predominante en la práctica clínica puede ser considerado una de sus principales causas, en el cual con frecuencia se confunden curación y cuidados. Porque, como dice Keith Humphreys, profesor de la Universidad de Stanford, los médicos estadounidenses creen que la vida es ‘reparable’, en contraposición a los médicos europeos que practican una medicina más orientada al ‘alivio’ y al ‘cuidado’.

Aunque en Estados Unidos se ha descrito una mayor prescripción de opioides entre las poblacionepres 3s con más desempleados y menos seguros de salud -lo que parece relacionar el abuso de estas sustancias con situaciones como la pobreza y la exclusión social-, esto no debe alejarnos de lo que parece ser la causa principal. Por ello habría que dirigir la atención a la interacción de la industria farmacéutica con los profesionales, y al enorme desarrollo producido en los últimos años de nuevas formas de estos medicamentos y una mayor oferta de presentaciones de los mismos, tal y como se destaca en el informe sobre la utilización de medicamentos opioides en España entre 2008 y 2015.

Es por lo que la formación de los profesionales en el manejo del dolor, el cambio en la cultura de la medicalización y la toma de decisiones compartidas con los pacientes, se proponen como estrategias para adecuar el uso de estos fármacos en el dolor crónico. Porque, en este asunto, la responsabilidad es de todos: la administración sanitaria, los profesionales y los pacientes.

En primer lugar, los médicos necesitan tener más evidencias de cómo actuar con prudencia en la prescripción de opioides y adquirir una formación adecuada para su manejo, trabajando en la prevención de las adicciones y las sobredosis e informando a los pacientes de los riesgos que llevan asociados y del poder adictivo que presentan estos fármacos.

Por otro lado, se necesita una mayor regulación por parte de la Administración que evite el uso ilícito de estas sustancias.

Y por su parte, los pacientes deben tener un papel activo en la resolución de sus problemas de salud. Se hace necesario, por tanto, practicar una `medicina centrada en la persona´, donde las decisiones compartidas adquieran un lugar relevante.

La toma de decisiones entendida como un modelo deliberativo posibilita que los profesionales y los pacientes elijan entre las distintas opciones diagnósticas o terapéuticas aquellas que están basadas en la mejor evidencia, teniendo en consideración los valores y preferencias de estos últimos. Un proceso que resulta fundamental en la práctica clínica cuando no son esperables todos los beneficios de la intervención o los riesgos son mayores, como ocurre con el uso de los opioides para el dolor crónico.

 

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