octubre 2020 - IV Año

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Una solución capitalista, pero inteligente: reducir la jornada laboral

fabrica1Nunca como hoy hubo tal capacidad de producción ni tanto aumento de productividad. El aumento de la vida media ha hecho crecer el bienestar en el mundo. Aun en los países menos desarrollados se ha superado la vida media de 32 años que era universal hace unos pocos siglos. -El PIB de todo el mundo, 142 billones de dólares, repartido entre 7.000 millones que somos, da de media 20.000 dólares/año per cápita que para una familia de dos hijos son 80.00 dólares/año. Así podría ser el mundo. Durante siglos el objetivo de la política económica fue atender el hambre de la población. Hoy el objetivo es otro: repartir correctamente la riqueza producida de modo más equitativo para que el estado de bienestar sea una realidad mundial. El mero crecimiento vegetativo del progreso en la productividad garantiza un futuro sin preocupaciones.

La realidad del renacido capitalismos desaforado lleva camino de sepultarnos en el S. XVIII. El PIB estimado para 2018 es de 128.702 dólares per capita en Quatar frente los 40.280 de España y a los 705 de la República centroafricana. No se puede seguir así.

El mejor reparto de la riqueza debe recurrir a la ley básica de la economía de Adam Smith: la ‘mano oculta’ que solo actúa en un mercado ideal igualando la oferta y la demanda en su óptimo. Son unas leyes que salvando las naturales distancias equivalen a las leyes de Newton que rigen el universo. Hay que dejar que la ‘mano oculta’ trabaje y el óptimo caerá como le cayó a Newton la manzana del árbol: de modo inevitable. Pero para eso el mercado tiene que parecerse al ‘mercado ideal’ que es el único en el que funcionan esas leyes.

ficharLa Ley de Fick dice que cuando se mezclan dos fluidos que tienen distinta concentración en sus elementos se produce un movimiento ¿la ‘mano oculta de Fick’? hasta lograr el equilibrio; al final todo el volumen tiene la misma concentración. Equivale a la ‘mano oculta de Smith’ que repartiría la riqueza del mercado si hay dos concentraciones distintas, la de los ricos y la de los miserables. Si entre los dos fluidos se pone una membrana se logra que haya dos concentraciones distintas a cada lado; las membranas impiden que ‘la mano oculta de Fick’ iguale el equilibrio que exige la naturaleza. Si las membranas son semipermeables del líquido de menor concentración pasa el agua para el líquido de mayor concentración.

Eso hace la sociedad capitalista; coloca barreras, sus leyes de reparto de la riqueza, para que la distinta concentración del fluido de cada persona no alcance el equilibro que exige la naturaleza al impedir que actúe la ‘mano oculta de Smith’. Y como en la analogía hasta lo poco que tenía en exceso el fluido más concentrado, el agua, en ese caso el medioambiente, pasa al departamento del rico. Él vive en zonas sin contaminación, el pobre en las contaminadas.

La política económica, es decir, la política, tiene que eliminar estas barreras artificiales que separan a las personas en el mercado y en las naciones, creando departamentos separados por membranas artificiales que algunos quieren impermeables. Son un atentado a la naturaleza. Y a eso tiene que dedicarse, a eliminar las membranas que impiden el bienestar de las personas.

Eso pasa con las leyes del mercado ley de Smith; se necesita eliminar esas membranas que nos separan del esquema del mercado ideal. Para cumplirse sus leyes todo el mundo debe tener igual información, capacidad de acción, y satisfechas sus necesidades básicas. Sólo así se comerciará en plan de igualdad y sólo así actuará la ‘mano oculta de Smith’.

En 1900 se trabajaban 3.500 h/año. El aumento de productividad permitió reducir la jornada a 8h/día en 6 dia/semana, que pronto fueron 5 días/semana con el week end. En 1950 se trabajaban 1750 h/semana, había casi pleno empleo, mejores salarios y tanta riqueza que permitió reconstruir todo lo destruido en la II GM, es decir TODO lo malgastado produciendo armas de destrucción para privarnos de lo que teníamos. Si en 1950, con el incremento de la productividad producido se siguiera con la misma jornada laboral de 1900 a doble jornada laboral el paro sería del 50 %. Se hubiera producido la revolución mundial.

trabajoPero pese al mejor reparto de la riqueza al reducir al 50 % la jornada salarial los ricos se hicieron más ricos pero los trabajadores dejaron de ser pobres y crearon una amplia clase media. El pronóstico de Marx había dejado de cumplirse. Un sistema impositivo más justo permitió atender las necesidades básicas: la educación, la sanidad, y la justicia y la educación universitaria parcialmente, y mucho más parcialmente la vivienda. No eran un regalo del Estado, sino que habían sido prepagadas por los impuestos sobre el salario por los propios trabajadores.

Pero en ese mercado de creciente justicia apareció el concepto capitalista de propiedad de la vivienda, que arruino ese progreso. Ese erróneo concepto creo viviendas de protección oficial, no para alquileres reducidos perpetuos, sino con propiedad diferida a 20 años. Así, los ya beneficiados recibían un segundo beneficio 20 años después: al vender la vivienda a precio de mercado se quedaban con las plusvalías de una vivienda construida con los impuestos de todos. Fue la perfecta trampa del capitalismo, generar la insolidaridad entre los trabajadores. De haberse ofertado esas viviendas en alquiler perpetuo, el beneficio para el alquilado, al pagar un alquiler justo, hubiera sido mayor porque el alquiler hubiera sido más bajo; además. al crear nuevas viviendas con una oferta creciente de alquileres bajos se frenaría el incremento del alquiler y también el de la vivienda en propiedad. La realidad conseguida ha sido la opuesta.

El aumento de la productividad desde 1950 a la actualidad ha sido mucho mayor que de 1900 a 1950. El resultado de la aplicación del capitalismo salvaje, aun bajo gobiernos socialistas, ha disparado el índice de Ghini. Marx volvió a tener razón: los ricos se hicieron más ricos, la clase media pasó a ser clase baja, y ésta a clase pobre y los pobres pasaron a ser miserables.

Una solución capitalista moderada es aumentar el salario mínimo por decreto o imponer la renta básica universal. Son dos errores. Se necesita actuar sobre el mercado. Reducir la jornada laboral. Eso aumenta el salario según la ley del mercado. La renta universal desprestigia el trabajo; las familias dispuestas solo a sobrevivir con esos ingresos se convierten en un foco de trabajo negro que perjudica al trabajador que financia esas rentas. No cabe mayor dislate.

La solución correcta es buscar el mercado ideal de Smith ajustando la jornada laboral a la productividad para lograr otro equilibrio: la mayor demanda de trabajadores con salarios trae mayor demanda de bienes, que aumenta la producción, que reduce el coste unitario e incentiva el consumo, que aumenta la demanda de trabajadores, dado el nuevo aumento de la demanda.

fabrica2Al final, tras el pleno empleo y un aumento del salario se necesitarán inmigrantes. Para reducir el alza del salario se fomentará la I+D incorporando robots al mercado, no como amenaza al empleo, sino como liberación de los trabajos más duros como paso antes. Hoy no se hace el metro ni se cavan los cimientos de casas con pico y pala. Fabricar robots aumenta la demanda de trabajadores mejor formados que egresarán de la FP, del Bachillerato y la Universidad y que con una jornada laboral de 28 h/semana (solo un 30 % de reducción frente al 50 % de 1900 a 1950) tendrán de tiempo suficiente para la formación continuada, para ajustarse al desarrollo laboral crecientemente tecnológico que acabará reduciendo la jornada laboral a 24 h/semana.

Eso debió hacerse desde 1950. Reducir de 40 a 36, 32, 28 h/semana, como vengo proponiendo desde hace medio siglo, hubiera evitado la crisis económica, el genocidio disimulado de los inmigrantes en el mediterráneo, los Campos de Concentración, púdicamente llamados Campos de Refugiados y los Centros de Internamiento de Extranjeros, un despilfarro de dinero que podría dedicarse producir riqueza.

Reducir la jornada laboral es ‘la mano visible’ que permite que actúe ‘la mano invisible’ con la debida corrección y que el encuentro de la demanda y la oferta sea el óptimo del mercado repartiendo con razonable equidad la riqueza producida y no con creciente inequidad.

La semana laboral de cuatro días la implantó Microsoft en Japón con éxito. La reciente primera ministra de Finlandia está analizando establecerla en su país. ¿Por qué siempre hemos que ir a remolque? En todo caso me alegra que los extranjeros lleguen a mí misma conclusión.

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