septiembre 2020 - IV Año

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La renta básica a debate: un proyecto de futuro para una democracia más justa, participativa y de mayor calidad

No hemos aprendido a vivir
José Luis Sampedro

renta3Tenemos a nuestra disposición cientos de libros, estudios e informes que nos hablan de cómo la democracia se va vaciando de contenido. De hecho, a diario muchas de las decisiones de mayor calado las toman quienes no han sido legitimados por las urnas y quienes lo han sido ven como su espacio de actuación se reduce y se achica. En síntesis, cunde el pesimismo y comunicólogos y medios de comunicación influyentes dan por hecho que el futuro será peor que el presente.

Nunca es bueno resignarse. Sería ingenuo considerar que no hay motivos de preocupación, pero no debemos arrojar la toalla… muy al contrario, hay que defender el sistema democrático; es más, hay que fortalecerlo, hacerlo más participativo y adoptar medidas para que los ciudadanos encuentren nuevos motivos para sentirse comprometidos al ver defendidos sus derechos y como mejoran sus condiciones de vida.

Desde hace algún tiempo se oye hablar, con cierta insistencia, de implantar una Renta Básica como una de las medidas de mayor alcance social. Una dificultad evidente es la falta de acuerdo y la confusión sobre su contenido y alcance. Por eso, precisamente, es necesario un amplio debate en torno a esta iniciativa.

Creo que sería apropiado hacer un esfuerzo por conceptualizar en qué consiste y también qué efectos tendría su aplicación. Una medida de estas características necesita, igualmente, que nos planteemos la forma en que debe financiarse.

No es en modo alguno algo novedoso. Estamos hablando de una idea de largo recorrido que lleva circulando mucho tiempo. En líneas generales y sin descender al detalle, consiste en que los Estados otorguen una ayuda periódica a los ciudadanos más desfavorecidos, de carácter universal o no.

Es este un aspecto de singular relieve puesto que como harían falta muchos recursos para ponerla en práctica puede, y quizás debe, estar condicionada a los ingresos con que pueda financiarse; se trata fundamentalmente, al menos en principio, de apoyar a los sectores más vulnerables a fin de evitar que caigan en los umbrales de pobreza. Extenderla, sin más a todos los ciudadanos, supondría sin duda, retrasar mucho esta iniciativa o posponerla indefinidamente.

Una vez dicho esto, habría que señalar que la idea parte de reforzar y de cimentar el Estado del Bienestar, garantizando una vida digna y evitando que las desigualdades abran en el seno de las sociedades brechas peligrosas. Los neoliberales y los partidarios de desmantelar el Estado del Bienestar se contaron y se cuentan, entre los principales detractores de la Renta Básica.

Desde luego, supone una apuesta por la justicia social y una medida para mantener dentro del sistema a quienes padecen las consecuencias, por ejemplo, del paro de larga duración o se sienten amenazados y excluidos por la progresiva implantación de medidas de automatización. Esto ha llevado a personajes con un evidente poder, como el mismo Bill Gates a contemplar como posibilidad la propuesta de establecer el llamado ‘impuesto a los robots’

Frente a toda esta confusión, a mi juicio, debe partirse de la idea de que se trata de un ‘ingreso básico’ para poder disfrutar de una vida digna y no caer en el lado oscuro de la sociedad, por debajo del umbral de pobreza y en unas condiciones de exclusión o marginación.

Quizás lo más valioso sea que es una medida de choque contra la desigualdad. Es urgente llevar este debate fuera del estrecho y reducido círculo de los especialistas, contando eso sí, con datos, análisis rigurosos y una información básica pero veraz.

No se logrará que estos proyectos crezcan, avancen y se robustezcan, si no se extiende el debate y sus consecuencias a amplios sectores de la ciudadanía. Debe proponerse, asimismo, su implantación paulatina pero contando con unos objetivos claros, una hoja de ruta bien perfilada, recursos suficientes y una serie de etapas, temporalizadas, que vayan fortaleciendo el proyecto y a un tiempo, demostrando su viabilidad y acallando las voces que lo descalifican desde los sectores más retrógrados.

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Hasta ahora, ningún país lo ha puesto en marcha. Esto es cierto, pero no lo es menos que algunas naciones, a modo de prueba, han ensayado y no con mal resultado, medidas que con esta u otra denominación, obedecen a la misma idea y a los mismos fines. Dos circunstancias que contribuyen a dar actualidad a estos proyectos son la aparición de la inteligencia artificial que ya está produciendo un ‘impacto’ en el campo laboral y, asimismo, que se vislumbra un repunte de la sensibilidad de algunos países que se manifiesta en la puesta en marcha de actuaciones tendentes a reducir las desigualdades sociales existentes.

La incapacidad de los mercados para auto regularse o para evitar el incremento de la pobreza y la marginación social, ha hecho volver los ojos hacia el sector público. Después de un largo paréntesis se vuelve a considerar al Estado como un instrumento de primer orden para equilibrar y conseguir cotas de bienestar y, también como defensor de los derechos y libertades del ciudadano.

No es el momento de extendernos en este punto pero habrá, asimismo que considerar que otra función fundamental de los Estados, del denominado Welfare State era contribuir a una redistribución justa de la riqueza mediante vía impositiva.

A menudo, se da a la Socialdemocracia por ‘muerta’ y se considera que el Estado del Bienestar se encuentra en ‘fase terminal’. Por el contrario, otros teóricos y expertos manifiestan que justamente este el momento adecuado para repensarlo, así como su contribución a una distribución justa y equitativa de la riqueza, una sostenibilidad del sistema y que sea garante de unos niveles de vida confortable.

Entre los pensadores que han defendido y defienden estos supuestos se encuentra Vicenç Navarro, del que diremos algo, más adelante, que entre otros puntos fuertes de su curriculum, dirige el Observatorio Social de España, en el que participan investigadores de varias disciplinas de distintas universidades, cuyo eje vertebrador es el estudio sobre el Estado del Bienestar, su necesidad y viabilidad.

Digamos, también, que entre sus publicaciones, todas cargadas de inteligencia, imaginación y de proyectos viables, habría que leer y repensar Neoliberalismo y Estado del Bienestar (2000), El Estado del Bienestar en España (2003) y, la a mi juicio más combativa y crucial de todas, Bienestar insuficiente, democracia incompleta. De lo que no se habla en nuestro país, (2002) a la que se otorgó, con toda justicia, el XXX Premio Anagrama de Ensayo. Quienes deseen tener a mano una información rigurosa y completa, argumentos básicos y respuestas sencillas y contundentes para participar en los debates, las encontraran en las página de estos libros, que no han perdido actualidad alguna… es más, en algunos aspectos son más necesarios, si cabe, que cuando aparecieron.

Vicenç Navarro además de divulgar eficazmente estas ideas y proyectos lo hace con inteligencia, amenidad e ironía, sencillamente encomiables, estimulando a los lectores y ayudándolos a extraer consecuencias no solo sociales, económicas o políticas sino también de índole moral. Por si esto fuera poco, ‘destila’ aquí y allá unas objeciones brillantes y bien cimentadas contra todo tipo de fundamentalismos con sus recetas simplistas y, a menudo, tergiversadoras de la realidad.

Vicenç Navarro maneja el lenguaje con destreza y sabe cuándo debe hurgar en la herida y cuando debe estimular el pensamiento crítico. No nos damos cuenta muchas veces de que si no actuamos contra la miseria y permitimos que se abismen las desigualdades… estamos siendo cómplices de instalar bombas de relojería que pueden estallar en cualquier momento. En los últimos meses ha habido algunos ‘avisos’ en varios países de nuestro entorno y, también en España.

Alguien tenía que decir con serenidad pero claramente, que hace falta más memoria, más formación política y más pensamiento libre y crítico, aunque no sea más que para que los avatares que se avecinan no nos sorprendan inadvertidos.

renta4Necesitamos ideas y proyectos innovadores y, por tanto, los análisis de Vicenç Navarro por fuerza deben ser bienvenidos. Hemos de estar con los ojos abiertos y tener mucho cuidado en no llamar a la puerta equivocada cuando busquemos opciones capaces de paliar los problemas que nos asfixian.
Especialistas, investigadores, historiadores, economistas, sociólogos y otros intelectuales de prestigio han de asumir que deben implicarse en ‘lo que pasa’ y que es éticamente irresponsable echar la culpa a otros, de su dejación de responsabilidades.

Ha de ponerse coto a que la democracia siga languideciendo y debilitándose en nuestras sociedades. Hemos de exigir ‘un cambio de rumbo’ cargado de posibilismo y gradualismo pero que esté bien cimentado en una sólida aspiración igualitaria.

Si no encontramos cauces para que la insatisfacción se manifieste y articule… si no logramos involucrar a los jóvenes en una lucha por su futuro, seremos corresponsables de que la olla a presión, que entre todos estamos calentando, explote. Quizás no sea tan difícil, después de todo, lograr un mínimo consenso para luchar contra el involucionismo.

Necesitamos recuperar la figura del intelectual comprometido y con prestigio en la sociedad, para que pueda influir con su palabra y su pensamiento en que los ciudadanos reflexionen colectivamente, participen en los debates y se responsabilicen en tareas colectivas.

Es el caso de Vicenç Navarro, que tiene una visión de conjunto de los problemas. Ha pasado por diversas universidades y ha ido sembrando muchas ideas que van dando su cosecha. Ha ejercido una labor docente y participado en equipos multidisciplinares de estudio, en universidades suecas, del Reino Unido y de Estados Unidos, donde asesoró a la Administración sobre la Reforma de la Sanidad, emprendida por Clinton.

Su curriculum es más amplio. Ha sido asesor de la ONU, de la OMS y de gobiernos tan emblemáticos como el chileno, bajo la presidencia de Salvador Allende. En nuestro país, ha sido Catedrático de Economía Aplicada en Barcelona y actualmente es Catedrático de Ciencias Políticas en la Pompeu Fabra.

Por méritos propios es uno de los investigadores más citados y sus libros han sido traducidos a diversos idiomas. Su pensamiento es inequívocamente de izquierdas, algunos lo consideran un marxista heterodoxo y un crítico de la economía liberal y hasta de algunos aspectos del keynesianismo.

Para él, el neoliberalismo es el causante de las crisis de las últimas décadas del siglo XX, porque ha actuado como un elemento disolvente y desregulador de los mercados. Lo considera, y expone exhaustivamente los motivos, el causante de la gran recesión de comienzos del siglo XXI. con la bajada de impuestos a las rentas superiores y el aumento de la presión fiscal sobre las capas medias y más desfavorecidas, a las que en buena medida ha empobrecido. En nuestro país puede comprobarse, fácilmente, a donde nos ha conducido la aplicación voraz de medidas neoliberales que han causado un efecto devastador.

navarroVicenç Navarro considera muy acertadamente que la Renta Básica debe entenderse como un derecho de ciudadanía en las sociedades democráticas con la finalidad de que todos, sin excepción, puedan llevar una vida digna.

No debe renunciarse, de ninguna manera, a que en el futuro, al igual que en un pasado reciente, los Poderes Públicos mantengan los servicios que han constituido y siguen constituyendo los pilares del Welfare State.

Para mantener este tejido solidario, quienes representan a la izquierda plural y a las fuerzas progresistas, sin desechar la aplicación de subsidios y desgravaciones fiscales, coinciden en que la financiación ha de ser esencialmente pública, es decir, a través de impuestos, tasas…

El incremento del Gasto Público Social, exige que seamos capaces de aproximarnos al de la Unión Europea y todavía estamos lejos de ese objetivo.

Es de vital importancia que los Partidos de izquierda, los Sindicatos de clase y los sectores más comprometidos de la ciudadanía presionen en esta dirección, para convertir este objetivo en prioritario. Tenemos que acostumbrarnos a pensar que invertir en protección social es invertir en un futuro con mayor cohesión y bienestar.

Aunque no podemos hacer hincapié en este punto, es imprescindible que la recaudación de impuestos por parte del Estado en España, que hoy es claramente deficiente, mejore sustancialmente para hacer viable que se destinen a estos fines los recursos imprescindibles. El bienestar social de la población debe dejar de ser una apelación retórica para pasar a convertirse en una prioridad.

Probablemente, haya que comenzar la Renta Básica, entendida como salario ciudadano, por combatir con medidas enérgicas, tanto la exclusión social como la pobreza. Apréciese en este sentido que los países europeos que tienen menor pobreza son los que tienen un Estado del Bienestar más desarrollado y eficiente. Lamentablemente, hemos seguido justo el camino contrario a base de externalizaciones y privatizaciones claramente antisociales. De hecho, al redistribuir la plusvalía social, aumenta la riqueza de un país; más no se debe empezar la casa por el tejado. Hay que ir paso a paso.

Estas reflexiones van llegando a su fin. Creemos firmemente en que deben propiciarse y alentarse estos debates en la sociedad española con todos los medios de que dispongamos. Hay mucho en juego.

A este efecto es útil recordar, como lo hace Vicenç Navarro, que el programa más eficaz anti-pobreza de cualquier país es la Seguridad Social. Los españoles nos sentimos satisfechos de ella, aunque no seamos conscientes de que el 70% de nuestros mayores, si carecieran de sus beneficios, caerían en una sima de pobreza.

A la hora de construir los cimientos de la Renta Básica hay que comenzar por la promoción y expansión de los Servicios Públicos y de las Transferencias Sociales.

Espero, que las razones expuestas –cuyo mérito es más de V. Navarro que mío- sirvan para que crezcan las voces que demandan un debate riguroso sobre la implantación, aunque sea parcial, de una Renta Básica en nuestro país más temprano que tarde.

Naturalmente, las ideas expuestas han de ser reforzadas o refutadas por otras que, desde distintos enfoques y criterios contribuyan a dimensionar y a enriquecer el debate.

 

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