septiembre 2020 - IV Año

ENSAYO

La gran esperanza frustrada

Por Andrés Cascio*.- / Marzo 2020

batistaFulgencio BatistaEl 10 de marzo de 1952 Fulgencio Batista protagonizó un cruento golpe militar en Cuba, conocido como el ‘madrugazo’, contra el gobierno de Prío Socarrás, miembro del Partido Revolucionario Cubano Auténtico, quebrando así el constitucionalismo, sólo tres meses después de haber sido investido como presidente de Cuba. Batista Recibe el apoyo de los mandos castrenses y se proclama presidente. Detrás está Estados Unidos, quien reconoce su gobierno.

En 1958 la mortalidad infantil en Cuba se situaba en 60 niños por cada 1000 nacidos vivos, el analfabetismo era superior al 30% y la falta de vivienda asolaba a los habitantes de las ciudades. En el campo los terratenientes explotaban despóticamente a una masa gigantesca de campesinos despojados y a los peones rurales.

Cuba atravesaba una grave situación económica y social por la caída de la demanda del azúcar, el motor de su economía y se abría una fuerte crisis social.

El soporte imperialista de los EE. UU. y la burguesía nativa que habían propiciado y que se aprovechaban de la dictadura de Batista, estaban a punto de darles la espalda.

La Habana era un gran burdel donde se divertían los norteamericanos y hacían grandes negocios los integrantes de la mafia.

En ese año de1958 los Estados Unidos, curándose en salud, le retiró la ayuda militar a la dictadura de Batista que desde hacía 2 años había derivado en un estado que podríamos adjetivar como sangriento, que perseguía y asesinaba opositores sin ajuste a ley alguno.

Tras siete años de un régimen que había hecho de la desigualdad su marca de identidad y su cortijo(1) particular, y donde la pobreza y la injusticia, propiciaron el clima idóneo para lo que acontecería un año después y se convertiría en el mayor cambio histórico de América Latina y tal vez del mundo en el siglo XX.

El 2 de enero de 1959, el Comandante Camilo Cienfuegos, de la guerrilla emergente del movimiento 26 de julio y al frente de la Columna 2 ‘Antonio Maceo’ toma el campamento militar de Columbia, la mayor fortaleza de Cuba. Simultáneamente, las tropas comandadas por el Che Guevara irrumpen en la capital y toman la Fortaleza de La Cabaña. De esa forma, el Ejército Rebelde establece el dominio absoluto en los puntos claves de La Habana donde, al igual que en el resto del país, comienza una huelga general. Finalmente, Fidel Castro, como comandante en jefe de las fuerzas de liberación entra en la capital de Cuba el 8 de enero de 1959. La primera revolución filocomunista de Latinoamérica se había consumado.

La Revolución cubana cumple ahora 61 años. Quizás la mayor proeza protagonizada por los pueblos latinoamericanos. La única que triunfó y cambió las bases económicas y sociales en un país de América Latina expulsando el poder económico corrupto que de alguna manera había trasladado a la isla EE. UU. El nuevo régimen llevó a cabo el cambio, expropiando los grandes monopolios y erradicando casinos, burdeles y delincuentes de todo tipo que hasta entonces campaban por todas partes a sus anchas.

camilocienfuegosCamilo CienfuegosEl único régimen que, solo de esta manera, pudo conquistar entre otros muchos derechos, la tierra (mediante una transformación agraria integral), la salud, la vivienda y la educación gratuita y universal para los cubanos.

Por aquel entonces nacía el mito del ‘Che’, Ernesto Guevara de la Serna, a quien yo tendría ocasión de conocer años después, durante un viaje clandestino que efectuó a Argentina, para ver a su madre, a quien lo unía una relación entrañable.

El Che que en 1951 emprendió, junto a su amigo, el médico Alberto Granado, un viaje en motocicleta comenzando por el sur argentino y siguiendo viaje hacia el norte pasando por Chile, por todos los países de la costa del pacífico hasta llegar finalmente Venezuela, para regresar poco tiempo después a Buenos Aires a terminar sus estudios. La experiencia, recogida en un cuaderno, es el primer contacto de Guevara con la realidad social latinoamericana. El contacto con las condiciones sociales en que sobrevivían los mineros chilenos y su trabajo en la leprosería peruana de San Pablo, a orillas del Amazonas, fueron momentos cruciales para la formación de la sólida ideología revolucionaria que ya nunca lo abandonaría.

Tras su retorno, termina la carrera de medicina y se gradúa en 1953 con una tesis sobre las alergias. Decide reencontrarse con Granado, quien se había quedado en Venezuela, pero antes pasa por Bolivia, atraído por la nueva experiencia del gobierno revolucionario de Paz Estensoro. En La Paz, conoce al abogado argentino Ricardo Rojo, posteriormente autor de una de sus biografías —Mi amigo el Che—, con quien llega, haciendo autostop, a Perú y a Ecuador y continúan viaje hacia el norte, hasta Nicaragua.

En Costa Rica entra en contacto con dirigentes políticos como Rómulo Betancourt o Juan Bosch y sobre todo conoce a los líderes del Movimiento 26 de Julio, sobrevivientes del asalto al Moncada y exiliados de Cuba.

Será recién llegado a Guatemala, donde comparte vida con otros exiliados, cuando empieza a sentirse atraído por la situación social cubana, mientras profundiza en su formación humanista y también marxista. Trabaja en la defensa civil en Guatemala ayudando a las víctimas y haciendo transportes de armas. Pero tras caer el gobierno democrático del presidente Arbenz, el nuevo gobierno golpista de Castillo de Armas, apoyado por la United Fruit Company y el gobierno estadounidense (2) contrarios a las reformas iniciadas por Árbenz, se desata una represión feroz y el nombre del Che figura entre los condenados a muerte. Finalmente se salva gracias a la intervención del embajador argentino en Guatemala, que lo asila en la sede diplomática, pero el Che rechaza volver a Argentina y dos meses después obtiene un salvoconducto para viajar a México.

Hilda Gadea y CheGuevara en Yucatán 1955Hilda Gadea y Che Guevara en Yucatán 1955En México gracias a su futura mujer, la exiliada peruana Hilda Gadea con quien había coincidido en Guatemala, conoce a Raúl Castro. Comienza entonces a participar de las reuniones del ‘movimiento 26 de Julio’. En julio de 1955 conoce a Fidel Castro, que acaba de llegar al exilio mexicano, liberado de la prisión de la Isla de Pinos. Tras estrechar las relaciones, poco tiempo después Fidel decide contar con Guevara para su proyecto y finalmente le designa como médico de la expedición que se propone formar para de regresar a la lucha en Cuba. En agosto de 1955 se casa con Hilda Gadea y el 15 de febrero de 1956 nace su primera hija, Hildita.

Pese a las dificultades los preparativos y el entrenamiento militar y estratégico, dirigido por Alberto Bayo Giroud, -un republicano cubano-español en el exilio que había participado en la Guerra Civil española (este militar republicano había nacido en la Capitanía general de Cuba, pero había vivido en Cataluña y Mallorca sirviendo a la fuerza aérea republicana, afiliado a la Unión Militar Republicana Antifascista (UMRA), luchó siendo leal a la II República, ante el triunfo franquista se exilia en México-, el Che se esfuerza en perfeccionarse y estar preparado para la lucha revolucionaria.

Simultáneamente, en Argentina, en enero 1959, hacía 7 meses que Arturo Frondizi, líder del radicalismo posicionado más hacia la izquierda, heredera del yrigoyenismo (la UCRI, Unión Cívica Radical Intransigente), había alcanzado el poder gracias a los votos del peronismo, mayoritario en el país y proscrito por orden de los militares, lo que sin duda puso de manifiesto el fracaso de la asonada militar del año 1955.

El Presidente Frondizi, con un gobierno ejercido bajo la tutela de las fuerzas armadas, privatiza los frigoríficos Lisandro de la Torre, una de las mayores empresas cárnicas del país, los sindicatos se revelan y con el apoyo de comunistas y peronistas, originan grandes revueltas y sonadas protestas, aun así, en medio de la crisis, el Presidente viaja a visitar a Dwight D. Eisenhower- (Ike), quien un año después visitará Buenos Aires en un intento en tener satisfecho a los militares, expectantes y preparados para dar otro golpe militar. En ese espacio de tiempo, el 1 de mayo de ese año, Fidel Castro visitó oficialmente Argentina en un intento de Frondizi, de contentar a las fuerzas progresistas y a los sindicatos en constante sublevación. Por entonces, en algún momento, también se entrevistó en secreto con el Che Guevara, consciente de su repercusión y la influencia, que este ejercía en toda la izquierda.

Mientras Frondizi, abanderaba el llamado desarrollismo, en España se vendía el mismo término para promulgar un plan de estabilización, que no era otra cosa que la liberalización económica, se devaluaba la peseta, se elevaban los tipos de interés, y se inauguraba el tristemente célebre Valle de los caídos y Eisenhower visitaba España y se paseaba por Madrid. Pero es menos cierto que existió un cierto despegue económico en España, que ocultaba tras el humo del éxito, las restricciones y desmanes de la dictadura. Nacía el inmovilismo y, sin embargo, el nacional catolicismo español se veía cuestionado por los tibios avances del Concilio Vaticano II.

El pensamiento del Che Guevara y el guevarismo como proyecto político, ejercían una destacada influencia en todos los movimientos progresistas y entre los universitarios de todo el mundo, tras el triunfo de la revolución cubana, su particular visión de la revolución, hundía su pensamiento en los partidos comunistas y en el socialismo europeo, que, sin embargo, en un intento aperturista, una década después alumbraría la corriente eurocomunista, impulsada por PCI en Italia, con Enrico Berlinguer y que se expandiría por toda Europa en la década de los 70.

Che Guevara y Fidel CastroChe Guevara y Fidel CastroLa revolución de 1959 fue el preludio de una época, que trajo consigo, la lucha por los derechos a la igualdad racial en EE. UU., los avances en la independencia de muchos estados africanos, la expansión de la guerrilla por la liberación en América Latina, la puesta al día de la Iglesia con el Concilio Vaticano II, y la expansión de la iglesia de la liberación, pero sobre todo, fue la década de los jóvenes y especialmente de la mujer, quien se incorporaría lentamente al mercado laboral, todo un cambio en las sociedades de la época.

Después del Che, Kennedy; Martin Luther King, los Beatles, la sublevación de los jóvenes, sobre todo los universitarios contra la guerra de Vietnam; el cuestionamiento al sistema educativo por los jóvenes europeos; la raigambre de los movimientos de izquierda entre los jóvenes argentinos, envueltos en marxismo y psicoanálisis, el pensamiento y la capacidad organizativa de mujeres como Helen Gurley Brown, editora de ‘Cosmopolitan’ y autora de ‘Sexo y la chica soltera’, o como Betty Friedan que imaginó una nueva mujer en su libro ‘La mística femenina’; y los hippies con su libertad sexual y su comunitarismo, el rechazo a la convención establecida. Surgió una especie de nueva sensibilidad sobre el amor, el sexo, la familia y los valores de una comunidad igualitaria, todo un sueño, muchos sueños, la gran esperanza de transformación, que más tarde se iba a desvanecer.

Una época, una década que, sin lugar a duda, dejo huella en la historia del siglo XX, el tramo final de una era que comenzó con la revolución francesa y la independencia de los EE.UU y que prometía una mayor justicia social e igualdad y que sin embargo fue el tiempo en el que se consolidó un nuevo orden y un sistema mundial, que fueron el capitalismo y el conservadurismo radical que se convirtieron en el pensamiento dominante.

La izquierda y el comunismo, ‘trajo consigo inmensas esperanzas para toda la humanidad y luego las traicionó. Movilizó a personas valiosas, a portadores de los ideales más generosos, y luego los condujo a un callejón sin salida, su quiebra fue un cataclismo, de no menor entidad que sus extravíos, y facilitó que el mundo cayera en el deterioro global al que asistimos hoy.’, hago mías estas palabras de Amin Maalouf .

Esta hecatombe, arrastró a la socialdemocracia, que había subsistido triunfante en Europa y de alguna manera era la esperanza en América Latina, porque su éxito se debía al miedo, miedo a ese enorme gigante que abanderaba la esperanza roja, un monstruo para el capitalismo.

Ahora, tal vez, nos hace falta un cambio, y vuelvo a citar a Amin Maalouf, ‘necesitamos en este siglo un equivalente ético del internacionalismo proletario, sin las monstruosidades que sus aguas acarrearon’(3)

Hay que tener mucho cuidado con las luchas identitarias, que siempre son portadoras de ignominia. Las luchas identitarias y el avances de un nuevo período de guerras de religión, enarbolando las banderas del Islam, han seguido a la revolución radical conservadora que lideraron primero Margaret Thatcher y luego Ronald Regan, sin dejar de mencionar, el cambio generado en Polonia, con Lech Wallesa, y luego con Karol Wojtyla que fue el primer Papa no italiano en 300 años, y que encarnó el conservadurismo más rancio en el gobierno Vaticano de los últimos tiempos. Todas estas pseudo revoluciones conservadoras, han generado un cambio global radical, a lo que habría que añadir el giro en la política China, que recogió lo más nefasto del comunismo aplicado y los conceptos más extremadamente rancios y regresivos del capitalismo.

Tras la luz de la esperanza de los años de ensoñación, de aquel lejano 1959, de los años 60, sobrevinieron los 70, años de Nixon, de la Operación Cóndor en Latinoamérica, de los estertores del franquismo y luego la transición en España, el nacimiento de una esperanza amordazada, un mercado ilusionante sin la construcción de un espacio social y fraternal, la Unión Europea. Latinoamérica comienza con lentitud, con zancadillas y no exenta de trampantojos, su regeneración.

Ha llegado el momento de hacer el esfuerzo para dar a luz, un pensamiento nuevo capaz de recuperar la ilusión perdida. Es nuevamente el tiempo de hacer renacer desde la misma matriz, un proyecto para enfilar visionariamente hacia un tiempo político, tal vez inaccesible, capaz de implementar la justicia social y hacer reinar la igualdad, la libertad y la fraternidad universal, venciendo a la mediocridad.

* Andrés Cascio es Doctor, Psicólogo Social, Conferenciante. Profesor retirado de la Universidad de Barcelona, ha sido experto internacional y Catedrático de la Escuela de Especialización de la O.E.A. Director de Proyectos de UNICEF (Panamá) y del Fondo Social Europeo. España. 1990. Profesor invitado de distintas Universidades de España y América Latina.

 

 

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