septiembre 2020 - IV Año

TRIBUNA

El coronavirus: un miedo histérico colectivo inducido

Por Felipe Aguado Hernández*.- / Marzo 2020

coronavirusDada la situación a la que se está llegando a partir de la epidemia del coronavirus COVIP-19 que estamos sufriendo, creo necesario hacer algunas reflexiones, basadas en la información científica, el análisis político y el sentido común.

1. La epidemia, que ya parece pandemia, del coronavirus, al decir de importantes epidemiólogos, no se puede eliminar. Terminaremos pasándola todos e inmunizándonos. Aunque se genere una vacuna, no habrá tiempo ni recursos económicos para vacunar a toda la humanidad a tiempo. Realmente los datos que nos llegan por la vía oficial son sólo de los casos detectados por las autoridades. Como en el caso de la gripe, por cada caso controlado hay cientos, tal vez miles que escapan al control, la gran mayoría asintomáticos. Es como con el control de las infracciones de tráfico: la policía sólo registra un porcentaje muy bajo de las cometidas. A lo más que se puede llegar es a retrasar levemente la difusión del coronavirus con medidas de alto coste económico, humano (aislamientos, cuarentenas) y comunitario (cierre de espacios comunitarios, de ciudades,…), que no se justifican por la dinámica de la pandemia.

2. Pero no hay que tener miedo, porque el coronavirus provoca una infección leve, del tipo ‘catarro’, más suave que la propia gripe, que está mucho más extendida que el coronavirus y que tiene una incidencia muchísimo más elevada de mortalidad entre los grupos de riesgo (personas mayores y personas con patologías graves previas). Información que no aparece en ningún medio de comunicación ni en instituciones públicas.

3. El Riesgo con personas mayores y con patologías graves previas, es similar a nivel individual y muchísimo más alto a nivel social, en la exposición a la gripe que en la exposición al coronavirus. ¿Por qué no se toman similares medias de profilaxis y control, cuando las muertes por gripe se cuentan, sólo en España, por miles, todos los años? Hay que atender y cuidar a los mayores y a las personas de riesgo, y a los brotes claros, pero sin excesos ni miedos histéricos.

4. El desarrollo de la pandemia y su uso por las autoridades y las empresas está generando un miedo visceral que nos remite a nuestros miedos atávicos al ‘mal’, que incluso está llegando a ser histérico, con acusaciones a grupos sociales minoritarios, que recuerdan los ‘progroms’ de siglos pasados, rechazo de personas, acaparamientos de alimentos, de medicinas, … El recurso al miedo es una de las características de todos los Estados para conservar su estatus y su poder, pero en las últimas décadas, superado el miedo atávico de carácter religioso, se nos ataca desde las instituciones y los medios de comunicación con miedos que se suceden unos a otros sin cesar: nevadas apocalípticas, lluvias torrenciales, temporales destructivos, sequias devastadoras, enfermedades mortales (recordad la fallida epidemia de gripe aviar, por ejemplo). La actual situación respecto a la pandemia de coronavirus se inscribe en esta dinámica. La epidemia es imparable, pero es leve y no generaría un problema de salud notable, en cualquier caso mucho menor que la gripe. Sin embargo todos los días y a todas horas los medios de comunicación dedican notables espacios a él, desarrollando una información digna de partes de guerra o de catástrofes naturales tipo grandes terremotos terremotos o sunamis de gran alcance, que están provocando, esta vez sí, un grave problema sanitario: el colapso de los hospitales y el acaparamiento de determinadas medicinas.

5. No queremos entrar en elucubraciones conspiranoicas. No se conoce bien el origen de la epidemia y no tenemos datos para afirmar que haya sido provocada. Pero esa no es la cuestión. El problema está en que una vez en desarrollo la pandemia, los Estados la están utilizando como medida de control de la población, que desarrolla un síndrome de Estocolmo con el ‘buen’ Estado que cuida de ellos en tan malas circunstancias. Recordemos la cercana situación de Francia con el terrorismo yijadista, que ha servido al Estado para aplicar un gran recorte de libertades y casi un estado de excepción permanente, aceptado por la mayoría de la población ‘modélicamente’ democrática. ¿Y en España con la Ley Mordaza?. ¿Qué está pasando en China con las decenas de millones de ciudadanos confinados? ¿Y en Italia con varios millones igualmente confinados? ¿Cuáles serán los Estados que seguirán este camino, sin base científica para ese tipo de actuaciones? En realidad si repasamos la historia, los Estados, particularmente los dictatoriales, han utilizado el miedo como arma de poder. Se trata de ‘disciplinar’ a la población

6. Pero lo peor probablemente está por venir. Ya son muchos, y cada vez más, los economistas que temen que la pandemia y el miedo histérico provoquen una gran crisis económica de alcance similar a la del 2008, que aprovecharán las empresas y las fuerzas políticas neoliberales e hipercapitalistas para provocar un nuevo proceso de ‘ajuste’ y ‘recortes’, que llevarán a la población de nuevo a la crisis social y al aumento de las desigualdades, a la pérdida de buena parte de los derechos ciudadanos, que quedarían sin trabajo o precarizados y sin medios de subsistencia. ¡Ojalá no sea así!, pero las probabilidades son altas y cada día que pasa se incrementan. Ya se ven indicios con las empresas pidiendo subvenciones y rebajas fiscales. Tendríamos que reaccionar, ahora que aún estamos a tiempo, como frente a la crisis del 2008 se reaccionó con el 15-M y otros movimientos similares en todo el mundo.

7. Unos datos complementarios: Todos los días mueren miles de niños y niñas por el hambre. Y para eso sí hay ‘vacuna’. Igualmente la situación dramática y en muchos casos mortal de inmigrantes y refugiados en el Mediterráneo y en los muros fronterizos, para lo que también hay ‘vacuna’. Estamos instalados en una sociedad hipócrita y manipulada. Aceptamos acríticamente el disciplinamiento y los efectos de la crisis. La única solución a la pandemia del coronavirus es no hacerle caso más que en personas mayores y de riesgo y poner en marcha unas dinámicas de desobediencia civil y de empoderamiento ciudadano.

*Felipe Aguado Hernández es Catedrático de Filosofía

 

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