marzo de 2026

De caraduras, sinvergüenzas y segundas dosis

TRIBUNA ESPECIAL ‘AL FILO DE LA PANDEMIA’

Algunos políticos que se han vacunado saltándose el protocolo (imagen: diario ’20 minutos’)

En cuanto algo es escaso siempre aparece gente que lo deseará y estará dispuesta a cualquier cosa por obtenerlo. Las vacunas contra el coronavirus son por el momento escasas y, por tanto, no escapan a esa ley. Una docena larga de alcaldes, concejales y cargos de libre designación de PSOE, PP, PNV y Junts per Cat, se han valido de sus cargos para conseguir vacunarse antes de que los tocara. Pensaban que nadie se iba a enterar o que, si la cosa trascendía, podrían encontrar una coartada válida para salir del paso. Que si fueron porque les llamaron, que si les administraron dosis que se iban a tirar, que si tenían una enfermedad que lo justificaba, que fueron sus propios colaboradores quienes insistieron en que lo hicieran. Los grupos prioritarios para la vacunación están claramente establecidos, se han publicitado hasta la saciedad. Lo sabían y pese a todo lo hicieron.

Todos estos caraduras deben dimitir (algunos ya lo han hecho) o ser cesados de inmediato. Particularmente deplorable ha sido el caso de los Consejeros de Sanidad de Murcia (ya dimitido) y de Ceuta, ambos del PP. Estos dos consejeros, médicos de profesión, no consideran haber hecho algo criticable. Asombra su buena conciencia. El consejero de Murcia explicó que dimitía solamente por el “ruido” que se había organizado. Su jefe, el presidente de la Comunidad, le despidió palmeándole la espalda y añadiendo que su comportamiento había sido “irreprochable” (sic). El consejero de Ceuta, como irrefutable argumento para demostrar su inocencia explicó que, a él, en realidad, no le gustan las vacunas y que, por no vacunarse, él no se vacuna ni de la gripe. Y esto lo dice quien, a la hora de escribir esta columna, se empeña en seguir al frente de la política de salud de la Ciudad Autónoma. Mientras la mayoría de la población de riesgo, y la mayoría del personal que depende de ambos (y de algunos otros gerentes sanitarios que han seguido la misma senda) sigue sin poder vacunarse, a estos logreros su comportamiento les parece bien, no entienden el escándalo que se ha organizado.

Corrupción moral, esa sería la palabra. Porque toda corrupción es, primero que nada, un embotamiento de la sensibilidad, una especie de enfermedad moral. Puede que en los próximos días conozcamos algunos casos más. Oprobio social y alejamiento de cualquier responsabilidad pública, ese debe de ser el tratamiento/castigo para esta gente. Y, sin embargo, pese a lo que, en el ardor de la refriega, ha propuesto un presidente autonómico, hay que administrarles la segunda dosis de la vacuna. Eso es lo que aconseja la Ciencia. No añadamos el esperpento sanitario a la vergüenza ajena.

** El Dr. Alberto Infante, médico y escritor, es autor del libro recientemente publicado Crónica del año de la pandemia (Nuevo círculo de lectores. Madrid, noviembre, 2020)

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Archivo Entreletras

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