septiembre 2020 - IV Año

TRIBUNA

Cumplir lo prometido

sanchez4Desde que, para sorpresa de muchos, por vez primera en democracia triunfó la moción de censura presentada por el partido socialista, se ha desatado un verdadero alud de opiniones sobre cuáles son las tareas más urgentes del gobierno que encabeza Pedro Sánchez.

Mi respuesta es sencilla: cumplir lo prometido.

Y no solo porque las tres tareas básicas enunciadas por el ya Presidente del Gobierno cuando era candidato -regenerar la vida pública, atender las necesidades más urgentes de colectivos particularmente desfavorecidos y convocar elecciones-, son, por sí mismas, prioritarias, si no por algo si cabe aún más importante: devolver la confianza de los ciudadanos en la política y en los políticos.

Una confianza gravemente erosionada por las actuaciones de unos y otros, por el uso y abuso de las medias verdades, las falsedades, el regate en corto y el chalaneo, algo en lo que el gobierno saliente del PP ha batido récords.

Ese es el único capital político de Pedro Sánchez, un diputado que dimitió para no hacer, con su abstención, presidente del gobierno a alguien a quien había tildado públicamente de deshonesto, y a quien una revuelta de una parte de sus compañeros dejó en minoría en un Comité Federal de surrealista memoria.

Un político tenaz que hizo entonces lo que dijo que haría: recorrer las agrupaciones de base para recabar los apoyos de la militancia. Que volvió a ser elegido en contra de la opinión de muchos pesos pesados y miembros de la vieja guardia partidaria. Y que, en un momento relativamente bajo de popularidad, cuando algunos daban por finiquitado el ‘efecto Sánchez’, actuó con rapidez, hizo lo que debía y lo explicó como correspondía: presentar una moción de censura por dignidad y sin ofrecer nada a cambio –si descontamos la significativa promesa al PNV de mantener unos presupuestos generales tachados pocos días antes de antisociales por él mismo-.

mociónEs muy posible que no tenga tiempo para conseguir resultados materiales significativos en ninguno de esos tres campos. O tal vez sí. Pero una vez más, la calve de su éxito no estará ahí sino en otro sitio: en su capacidad para mantener la palabra dada y ser fiel a sí mismo, y saber transmitirlo.

Por eso, me parece que lo más importante, dado el implacable escrutinio mediático a que será sometido, es que cuide los gestos. No tiene que hacer muchas cosas, pero ha de hacerlas bien y explicarlas mejor. Por eso sería bueno que empezara con medidas de sencilla comprensión o largo tiempo demandadas y a las que el PP se opuso o bloqueo. Por ejemplo, nombrar un gabinete paritario, derogar la Ley Mordaza, devolver el carácter universal a la cobertura sanitaria pública, atender las demandas de las mujeres y los pensionistas, intentar que el fiscal general del Estado y el director de RTVE sean nombrados por el Parlamento.

Por lo que se refiere a Cataluña, desde la más escrupulosa defensa de la Constitución y del Estado de Derecho, habrá de contribuir a crear otro clima más propicio a la reflexión que a la diatriba, al diálogo que al enfrentamiento. No dependerá solo de él, desde luego. Y hay que suponer que una parte del independentismo catalán y del nacionalismo español no se lo van a poner fácil. En mi opinión el problema catalán va a durar y su solución -si la tiene- no será sencilla. Sin embargo, tengo la convicción de que la salida del PP de la Moncloa era la condición necesaria, aunque desde luego no suficiente, para plantearlo de mejor manera.

Y, por último, pero no le menos importante, convocar las elecciones ‘pronto’, como él mismo dijo. Lo que, teniendo en cuenta el calendario, y pese a las presiones y tentaciones que puedan surgir para posponerlas, significa antes de que acabe el año.

El éxito de un gobierno como el encabezado por Pedro Sánchez es, cuando menos, problemático. Mucho depende de que el Presidente Sánchez sea capaz de mantener su palabra como hizo el candidato Sánchez. Rajoy, además de otras cosas, es un político ‘viejo’. Sánchez es el primero de los tres líderes de su generación que accede al cargo. Por el bien de todos, espero que acierte.

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