enero de 2026

El precario equilibrio del funámbulo

estadios-españa-santiago-bernabeuSin duda uno de los temas que más fascinan en la sociedad actual es el del fútbol, al que felizmente se han incorporado las mujeres activamente en lo que hoy es el circo-espectáculo y mediático de nuestro siglo.

El fútbol está lleno de paradojas, contradicciones y sorpresas. Quizá por ello tenga tanta repercusión social, hasta hacer de sus dioses figuras tocadas por un halo sobrenatural aunque muchos de ellos no se hayan preocupado en su ascenso al Olimpo de aprender grandes cosas excepto jugar a la play y gozar de los infinitos beneficios que su posición económica y social les depara.

Uno de los equipos de más relevancia mundial y su actual campeón, es el Real Madrid. De la mano de uno de esos dioses ya coronados hace tiempo por su exquisita técnica y capacidad, camina por las competiciones manteniendo el precario equilibrio del funámbulo. Siempre sobre la cuerda floja confiando en no caer y poner en valor la gesta, la épica, la flor en el culo, el milagro de Sergio y otras varias muletillas que tratan de minusvalorar un hecho cierto: el equipo no encuentra un equilibrio que le haga jugar bien, como sus aficionados y seguidores deseamos.

Ahí tenéis a Zidane sacando la cara por sus jugadores hasta que un día se la rompan y hablándonos hace tiempo de la actitud de sus pupilos como causa del desequilibrio mientras que ahora pretende convencernos con que es la falta de autoestima la causante de los desaguisados que se ciernen sobre el juego irregular del conjunto. Otras veces y para curarse en salud nos cuenta que lo importante es ganar como si en el circo sólo valiese la muerte del vencido y no el combate o en los toros el fallecimiento del astado en vez de la faena en conjunto.

Como futbolista que fui, aprendí de mis entrenadores que lo importante era la solidez del equipo, como un edificio que se alza desde los cimientos. Zidane a veces nos sorprende con un 4-3-3 en campo ajeno y un 4-4-2 en el propio, con desajustes de todo tipo que obligan a levantar resultados adversos cada partido y otras lindezas como la de tener un protocolo fijo en los cambios (siempre a partir del minuto setenta) sin tener en cuenta la versatilidad del encuentro y del resultado. Para terminar, las rotaciones están bien pero un equipo como un edificio necesita una estructura, un esqueleto fijo y compenetrado que se rompe en el momento en que se cambia de jugadores constantemente por ese afán de contentar a todos, de pensar que todos son susceptibles de desempeñar cualquier tarea con acierto.

Esta es la magia del fútbol. Que a veces los funámbulos consiguen llegar al otro extremo firme sin caerse. Y otras que a poco de llegar se desploman y más dura será su caída.

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