julio de 2024 - VIII Año

Jorge Lozano, paladín de la Semiótica en España

In memoriam

Jorge Lozano – UCM

La reciente muerte de Jorge Lozano Hernández (La Palma, 1951-Madrid, 2021) deja la Universidad madrileña sin uno de sus docentes más seductores y a España sin uno de sus intelectuales e investigadores más originales y dinámicos. Pensador y didacta de primera línea, el patógeno viral homicida acabó cruelmente con una trayectoria existencial vivida por él con la intensidad que solo las mentes más lúcidas saben aprovechar hasta su confín mismo.

Vital, creativo y crítico, dotado de un potente estro comunicador, Jorge Lozano ha ejercido durante dos largas décadas en Madrid como catedrático de Teoría de la Información en la Facultad de Ciencias de la Información. Desde el corazón de la Universidad Complutense, envió tous azimuts su elaborado mensaje científico vertebrado desde el Grupo de Estudios de Semiótica de la Cultura (GESC) de la Fundación Ortega y Gasset, plataforma pensante y actuante organizada, dirigida e impulsada por él con el propósito de crear una escuela germinal de pensamiento semiológico, en cuya teorización y sistematización, desde España, destacó relevantemente.

Sin embargo, la endeblez del bastidor científico en nuestro país no ha permitido, hasta el momento, que prendiera arraigadamente en la escena académica española esta compleja disciplina, que tiene al signo como cardinal vehículo expresivo y que permite enfocar la Cultura, la Memoria, los estilos y formas de vida, desde una perspectiva de reflexividad, basados en el análisis del discurso y del texto. En las Facultades españolas de Ciencias de la Información se carece, aún, de una asignatura curricular que tenga a la Semiótica como objeto de sus estudios.

Jorge Lozano, educado en la estela de grandes semiólogos europeos como  el ruso-lituano Algirdas Greimas (1917-1992), la búlgara Julia Cristeva (1941) y el normando Roland Barthes (1915-1980), se vio no obstante seducido por, e identificado con, dos pensadores italianos de primera fila, el piamontés Umberto Eco (1932-2016) y el romañolo Paolo Fabbri (1939-2020). Tras desempeñar la Presidencia de la Academia de España en Roma, estableció con ambos profundas sintonías científicas y entrañables amistades que solo la muerte de los tres consiguió zanjar. “Fabbri, tan solo una vez en 40 años, me felicitó” confesaba recientemente, con humor, en una conferencia universitaria, mientras del autor de El nombre de la rosa  destacaba su rigor crítico. Sin embargo, tan fuertes han sido los vínculos con ambos que, quienes conocieron de cerca a Jorge Lozano, observaron en él una melancolía muy semejante a la que surge del sentimiento de orfandad tras la desaparición sucesiva de sus camaradas, cuyas obras contribuyó a divulgar ampliamente en España.

Anchos horizontes abiertos

Comoquiera que la comprensión de la realidad, para la Ciencia de la Semiótica, guía hasta el universo de los significados, su inducción arranca pues del estudio de los signos y, por consiguiente, su específica metodología, si bien difiere profundamente de las de otras disciplinas científicas, abre el campo de la investigación hacia anchurosos horizontes desde los cuales cabe contemplar innovadoramente la Cultura, mientras aporta a las Ciencias Sociales una desenvoltura analítica que algunos consideran ilimitada; siempre y cuando, desde luego, las pulsiones estructurales subyacentes en la Semiótica y en su legataria, la Lingüística, no ahoguen los latidos de historicidad que acompañan permanentemente a la vida social.

En nuestro país y desde la Sociología, por ejemplo, la confrontación, hasta hace solo unas décadas inconclusa, entre el análisis cuantitativo -la cuantificación de los fenómenos sociológicos- y la perspectiva cualitativa – el examen de sus discursos y significados-, abordada por pensadores de la talla de Jesús Ibáñez, Ángel de Lucas o Alfonso Ortí, permitió a estos, ideadores de los denominados Grupos de Discusión, merced a la técnica semiótica y a otras disciplinas como el Psicoanálisis, la Lingüística o el Marxismo, superar dialécticamente tan ardua confrontación como aquella. Acreditando el análisis cualitativo, la Sociología dio un paso de gigante, por cuanto que le permitía, ya con ellas, superar los prietos corsés positivistas que la atenazaban desde que Augusto Compte ejerciera de pionero sociológico acogido al amparo de las Ciencias denominadas empíricas o como Max Weber lo hiciera, en sus orígenes, bajo los faldones de la Ciencia del Derecho, hasta conseguir emanciparse casi plenamente de ellas.

Una de las principales contribuciones de Jorge Lozano a la producción intelectual de nuestro país fue su libro Análisis del discurso, que data de 1982 y que escribió conjuntamente con Gonzalo Abril y Cristina Peña-Marín. “Prácticamente desde su publicación se ha hecho muy poco más al respecto en España”, subraya el Profesor-Doctor de Teoría Sociológica, Mario Domínguez Sánchez-Pinilla. “Desde entonces, su texto es la pauta canónica que guía aquí los estudios del universo del discurso y del significado en sus dimensiones política, periodística, psicosocial, comunicativa y cultural en su conjunto, frente a los meros análisis de contenidos, hasta entonces vigentes”. Una manifestación más del décalage dicotómico que aleja los análisis cuantitativos, la numeración elemental, del examen cualitativo de las significaciones discursivas implícitas en los corpus teóricos de las Ciencias Sociales.

En torno al Secreto

Jorge Lozano, provisto de su metodología semiótica, lanzó asimismo la flecha intencional de sus estudios hacia el desentrañamiento sígnico, textual y discursivo, de ámbitos tan fascinantes y dispares como el Secreto, la Moda o los Estilos de vida, priorizando las dimensiones comunicativas subyacentes en tales escenarios. Desde la Revista de Occidente, a la que Jorge Lozano estuvo unido durante décadas, coordinó monografías de extraordinario interés como la que dedicó al Secreto, a cuyo fáustico banquete convocaría a los egregios Sun Tzu, Alciato, Baltasar Gracián, Francis Bacon, Georg Simmel y Henry James, así como a los contemporáneos, José Ortega y Gasset, Walter Benjamín, William Sherman y Elías Canetti, además de sus, casi coetáneos, Jean Baudrillard, Joseph Brodsky, Erwin Goffman, Alberto Abruzzese, Luc Boltanski, Peter Galison o sus más allegados Greimas, Eco y Fabbri, entre muchos otros.

La vida y la obra de Jorge Lozano ha sido una pugna incesante por acreditar el método semiótico como privilegiado instrumento de análisis de la Cultura contemporánea. Su paso por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo sería también un hito relevante en este proceso combativo. Y lo hizo en una contienda comprometida en disolver científicamente algunas calcificaciones conceptuales de la Modernidad. Pero, pese a la intermitente aparición en su horizonte de los postulados nietzscheanos, aceptó casi siempre el valioso legado racional de la herencia ilustrada, acosada a veces por el estructuralismo ahistoricista y también, ya de modo degradado, por una posmodernidad desnortada que se ha propuesto, sin conseguirlo del todo, hacer añicos tan rico patrimonio.

A propósito de este aspecto, como ha destacado el Profesor Domínguez Sánchez-Pinilla, “la sintonía entre Jorge Lozano y el pensador francés Jean Baudrillard se manifestó en sus concepciones sobre la Posmodernidad, en el sentido de considerarla como expresión melancólica de una Modernidad que no pudo culminar sus objetivos”. A juicio del Profesor de Teoría Sociológica, “en este ámbito, Lozano discrepaba abiertamente de Jürgen Habermas, que entendía la Posmodernidad como un producto derivado de la propia Modernidad”.

Jorge Lozano deja tras de sí una escuela de semiólogos, como Óscar Gómez Pascual; Miguel Martín; María Albergamo; Valeria Burgio; Pablo Francescutti; Rayco González; Gérald Mazzalovo; Regiane Miranda de Oliveira Nakagawa; Fábio Sadao; Eva Ogliotti; Franciscu Sedda y Marcello Serra. Proceden de universidades madrileñas, venecianas, sardas, brasileñas, vallisoletanas… Ellos y ellas han recogido la potente antorcha encendida por el hoy llorado pensador palmeño, con el compromiso de mantenerla viva y ardiente.

Padre de Carla y Tomás, y hermano de Esther y de la periodista Lidia Lozano, el Profesor Jorge Lozano ha sido uno de los intelectuales de mayor nombradía en el archipiélago canario, de cuya isla de La Palma era natural. Sus discípulos y amigos le recordarán por su saber, su sentido del humor y su relación con la vida, con la que mantuvo una amistad perenne.

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Archivo Entreletras

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