septiembre 2020 - IV Año

TRIBUNA

El camarote de los hermanos Marx (catalanistas)

Imagino que para cualquiera que no siga de cerca la política catalana pero esté atento a las noticias que llegan desde esa comunidad autónoma tendrá cierta dificultad en saber qué está pasando en la política catalana en general y en el nacionalismo en particular. Máxime cuando empezamos a visualizar la profusión de etiquetas que va surgiendo de ese mundo del nacionalismo (unilateralistas, independentistas, soberanistas, nacionalistas, nacionalistas moderados, catalanistas, catalanistas moderados…), todas ellas van en función del electorado objetivo que pretenden seducir y de los adversarios con los que han de competir, naturalmente y aunque algunos de ellos lo nieguen y se pretendan en valedores del fin de la polarización, la realidad es que todos responden al esquema de independencia – no independencia, les diferencia el tiempo, la forma o la ingenuidad.

Pero voy a intentar contextualizar, la fecha del 17 de septiembre es clave para la política catalana ya que el Tribunal Supremo revisará el recurso de Quim Torra contra su inhabilitación, a partir de aquí el escenario más probable es que Torra convoque elecciones autonómicas anticipadas antes de que le sea notificada la revisión del Supremo, el actual President intentará acaparar electoralmente el victimismo (con la siempre oportuna campaña en TV3 y afines) y las fechas simbólicas del separatismo (11 de septiembre, 1 de octubre, 27 de octubre), de ahí la velocidad de los acontecimientos y movimientos en los partidos en un momento de enorme rivalidad para liderar el debate separatista y, como decía, el baile de siglas y propuestas para arañar parte del espacio posconvergente con postulados más o menos radicales.

Hay un dato no menor que se maneja en los cenáculos de la política catalana (y en muchos madrileños): el escenario más probable, tal y como están las cosas, es la reedición de un tripartito en Cataluña (ERC, PSC y Comunes) cosa que está espoleando a los distintos actores para evitarlo o reforzar sus posiciones frente a esta posibilidad. En este análisis (en verdad más descripción que análisis) me centraré en el mundo nacionalista y dejaré de lado al constitucionalismo, lo hago para evitar complejizar aún más las cosas y porque se merece un artículo aparte (el reposicionamiento estratégico de Ciudadanos y la previsible irrupción de actores como Vox darían para mucho).

Empecemos por lo evidente, existe una rivalidad extrema entre Puigdemont y ERC por liderar el independentismo (hablo de Puigdemont y ERC porque el primero juega con ventaja por su situación personal), bajo este enfrentamiento subyace un cambio de estrategia de ERC que ha visualizado la necesidad de posponer el desafío al Estado porque necesitan más fuelle social tal y como se demostró en aquellos días de octubre del 2017, con lo que la diferencia entre ambas formaciones es de tiempos y formas no de objetivos.

Y ahora si que entramos de lleno en el ‘camarote de los hermanos Marx’, por un lado tenemos al PDeCAT de Bonvehí que está siendo asaltado por Puigdemont y su ‘Junts, per Catalunya’ (ojo que les diferencia una coma del ‘Junts per Catalunya’ del 2015), esto derivará probablemente en la ruptura en dos del PDeCAT, por un lado irán algunos a los jardines de Waterloo y otros (los alcaldes y concejales de la otrora Convergència) buscarán refugio en alguna de las nuevas formaciones que están surgiendo como setas en el panorama político catalán, cabe destacar la importancia de estos últimos por que son poseedores de poder político real y, por tanto, tienen visibilidad y tracción política.

Si seguimos tenemos a Units per Avançar (lo que fuera Unió) que saldrá de la tutela de Iceta y pretende no solo presentarse a las autonómicas sino aglutinar a todo el espacio posconvergente de la mano del actual concejal de seguridad del ayuntamiento de Barcelona, Albert Batlle, bajo la pátina del ‘catalanismo de centro’, Units tiene la cualidad de tener derechos políticos al tener representación parlamentaria y eso le da mucha fuerza es esta tendencia a agrupar a las distintas iniciativas surgidas en el mundo del pos-prusés… pero ¡no se vayan todavía porque aún hay más!

En esas esferas que pretenden medrar en el votante nacionalista pero no independentista (atención a las distinciones cuando el nacionalismo solo es una etapa previa a los escenarios rupturistas) nos encontramos al nuevo partido nacionalista de la mano de Pascal, Xuclá, etc. el PNC (Partit Nacionalista de Catalunya) que surgió de los encuentros en el monasterio de Poblet y que pretendía reagrupar a los convergentes y nacionalistas decepcionados por el ‘prusés’ pero sin renunciar a la autodeterminación (pactada y, por tanto, legal).

Y seguimos, la aparición de la Lliga con su ‘catalanismo moderado’ (vaya usted a saber qué tipo de moderación se le puede suponer a un concepto vago y difuso más cultural que político) que pretendía seducir a esos 300.000 o 400.000 votantes nacionalistas no independentistas o hartos de este punto muerto perpetuo que es la política catalana, esta formación -como no- también pretende aglutinar a todos los demás en torno a ella, el problema es que carecen de notoriedad, liderazgo y experiencia (más allá de su tempranos giros ideológicos como su pretensión de coaligarse con Ciudadanos…).

En la órbita de la Lliga tenemos al partido de centro liberal catalanista liderado por Teixidó (hombre tan inteligente como dialogante) Lliures que acercándose a la Lliga y a su pretensión de lograr una confluencia ‘catalanista liberal’ han descentrado su discurso y no se han sabido posicionar.

¿Cómo probablemente acabará todo esto? Pues ante un escenario en el que se está compitiendo por solo unos trescientos o quinientos mil votos, veremos la confluencia de los antiguos de Covergència (PNC y los expulsados por Puigdemont) y Units per Avançar (la exUnió) más algún partido satélite con poca relevancia que sería la reedición de CiU y el resto quedará fuera del sistema por encajar en el nuevo mainstream catalán.

Como resumen y cómo creo que quedará el espacio nacionalista catalán: ERC, JxCAT (Puigdemont) y CUP (nihilismo populista) compitiendo por el espacio separatista, la conjunción PNC más Units (la nueva CiU) intentando seducir a los desencantados con el ‘prusés’, una serie de iniciativas como la Lliga y Lliures tratando de situarse (o no presentarse a las elecciones). Será interesante ver cómo afecta la ley electoral catalana ante estos nuevos actores y, lo fundamental será ver cómo afecta a la participación, elemento clave tal y como se vio tanto en las autonómicas de 2015 como a las de diciembre de 2017.

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