septiembre 2020 - IV Año

TRIBUNA

Ni delante ni detrás

Por Elena Muñoz*.- / Marzo 2020

ochomarzoLa celebración del día 8 de marzo, reconocido internacionalmente como el Día de la mujer, nos llega, desde hace años, vestido de polémica, ya que no es ajeno a la situación social que vive este país.

La división entre la derecha y la izquierda (incluso dentro de ellas mismas) nos señala cómo hay tantas maneras de vivir la igualdad y el feminismo como ideologías haya.

Mucho se ha avanzado en la consecución de derechos por parte de las mujeres, pero sin duda, mucho se ha de conseguir todavía. Una parte de la sociedad, la más liberal-conservadora, marca unos objetivos como conseguidos, y puede ser cierto, pero siempre de manera individual y con muchas dificultades. Hay presencia de la mujer en prácticamente todos los niveles, profesiones, artes, pero ha sido, sobre todo, a base de un esfuerzo solitario y contra corriente. Nada más injusto.

Y es que partimos de un hecho incontestable. Nada hay que distinga a una mujer de un hombre – no hablo de biología-, a la hora de participar en su desarrollo personal, en su proyecto de vida y en su aportación a la sociedad. Intelectualmente no se aprecian diferencias, por lo tanto, todo es posible para hombres y mujeres.

Entonces, ¿por qué todavía todos estos debes? Pues porque no se han solventado las cuestiones que se han de solventar, empezando por reconocer que la sociedad es responsable de que quienes la compone realicen sus proyectos de vida, y que debe poner los medios para ello.

Decía Virginia Wolf, admirable escritora, que una mujer para llevar adelante su proyecto literario solo necesita una habitación y dinero. Trasponiendo el símil de ‘habitación’ a espacio propio, y lo de ‘dinero’ a unos ingresos económicos, creo que la cuestión está clara.

No puede haber igualdad sino existe posibilidad de elección, y cuando se ha de decidir entre ocuparse de la familia o una vida laboral, no hay igualdad; cuando se tiene que conformar con un salario, más bajo; o cuando hay que enfrentarse a los techos de cristal. En ninguna de estas ocasiones hay igualdad.

Escuché una vez a una profesional del campo de la empresa que las mujeres debíamos hacer el doble para que se reconociera la mitad. No sé si eso aún tiene vigencia, pero lo que sí sé es que como mujeres no lo tenemos fácil.

La Constitución española señala que el trabajo es un derecho y una obligación. Por tanto, como ciudadanas que vivimos amparadas y reguladas por la legislación que emana de ella, debemos cumplir con derechos y obligaciones, entre ellos el de tener la oportunidad de trabajar y con un salario justo, y por tanto alcanzar esa independencia de la que hablaba Virginia Wolf.

Y para conseguir estos objetivos hombres y mujeres debemos caminar juntos, haciendo camino también, ni delante ni detrás, al mismo compás y hacia el mismo horizonte.

Porque, al fin y al cabo, lo que somos, y seremos, no depende de ser hombre o mujer, sino de la justicia, de la igualdad y la libertad. Y ahí nos encontramos todos.

Feliz 8 de Marzo

*Elena Muñoz es escritora y experta en comunicación y gestión cultural

 

 

 

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