septiembre 2020 - IV Año

TRIBUNA

No con mi voto

Por Elena Muñoz Echeverría*.- / Marzo 2019

urnaPocas veces la historia de la democracia reciente de España se ha visto ante un reto tan trascendental como el que, con poco menos de un mes de diferencia, tendrá lugar entre el 28 de abril y el 26 de mayo. Esas dos fechas marcan la celebración, como todos sabemos, de las elecciones a Cortes generales (Congreso y Senado), de las que surgirá el nuevo gobierno, de las municipales, autonómicas en la mayoría de las regiones, y de europeas.

El adelanto electoral decidido por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, como consecuencia de la decaída de los Presupuestos Generales del Estado —en una ·alianza· maldita de voto contrario entre la derecha y los independentistas—, ha provocado que la ciudadanía española se haya visto ante la responsabilidad de decidir en tan corto espacio de tiempo sobre quién va a gobernar en todas las administraciones posibles: Europa, España, comunidad autónoma y ayuntamiento.

Cuando hablamos de ese quién hablamos, por supuesto, de un partido político, aunque no es, realmente lo que se dirime. El meollo de la cuestión estriba en que nos encontramos ante la disyuntiva de dos modelos de sociedad.

Porque no nos engañemos, desde la entrada de los partidos llamados en su momento ·emergentes· (Ciudadanos y Podemos), la forma de entender hacia dónde queremos ir en clave de igualdad, de justicia, de solidaridad se ha ido construyendo en dos bloques que cada vez se definen más.

La crisis económica que España padece desde 2008— lo digo en presente porque quizá en grandes números se haya paliado, pero las clases medias todavía la sufren— ha abierto una brecha social enorme, absorbiendo como un agujero negro el estado de bienestar. Recortes en sanidad, en educación, agotamiento de la Caja de las pensiones es el resumen del gobierno del partido popular en estos últimos años, y lo seguiría siendo si la moción de censura ganada por Pedro Sánchez no lo hubiera parado.

En la votación de esa moción—la primera que ha prosperado en todos los años de democracia—se visualizaron esos dos bloques, aunque algunos partidos, como ya se constató en la votación de los PGE, solo querían echar a Rajoy.

Todas las generaciones tienen sus retos, y esta se enfrenta a decidir si nos subimos al carro del progreso o seguimos cavando la zanja que separa de nuevo, en una especie de regreso al pasado, dos Españas, la de los ricos y la de los pobres.

congresoEl panorama es inquietante. A la derecha tenemos tres partidos. Dos parlamentarios que han ido involucionando desde posiciones moderadas a una en la que la meta consiste en quién llega más envuelto en la ·españolidad· más recalcitrante. El tercero, extraparlamentario a excepción de Andalucía, es, curiosamente, el que marca la agenda de ruta de este bloque. Partido Popular, Ciudadanos y Vox son la santísima trinidad de una derecha ultramontana, desgajada en esas porciones que antes convivían bajo las siglas del PP. Tres partidos cuya historia es la misma porque son los mismos, como se vio en la famosa foto de la plaza de Colón.

Frente a ellos la izquierda, liderada sin ninguna duda por el Partido Socialista Obrero Español, organización que, justamente, cumple este año su ciento cuarenta aniversario, lo que nos habla de su fortaleza, a pesar de los avatares y crisis que ha sufrido a lo largo de la Historia.

Pero no hace falta remontarse en el tiempo. Baste con que nos fijemos en nuestra Historia reciente desde 1982, el cambio de un país que sufría los coletazos agónicos del desarrollismo en transporte, en urbanismo, en educación, en sanidad, en comunicaciones, y que fue capaz en menos de veinte años de ser un referente europeo como ejemplo de transformación. Y eso lo hicieron gobiernos socialistas. Después otros gobiernos socialistas fueron capaces de otro cambio, esta vez el legislativo trayendo la igualdad a las mujeres, al colectivo LGTBI, a las personas que son dependientes física y psicológicamente.

Ahora estamos ante otro gran reto. Hay que paliar de una vez por todas las consecuencias de la crisis que, a pesar del mantra de la derecha, tuvo su génesis en un desfonde del sistema bancario y no en las políticas sociales. No podemos permitir que en España el 20% de la población esté situada en el umbral de la pobreza. La economía, el tag line de la derecha, no debe prosperar a costa de sueldos precarios sino de la dignificación del trabajo. Los impuestos deben sufragarse progresivamente: quien más gana más paga, como debe de ser; no se puede vender, porque es inviable, ya se ha demostrado, una bajada radical de impuestos. Precisamente han sido las políticas liberales y ultraconservadoras las que han llevado a la brecha social y la pérdida de derechos.

En conclusión, no hablamos, como he dicho de ideologías sino de servir o servirse de la sociedad para su progreso o para su enriquecimiento propio.

A la frase tan manida de la derecha de ·siempre ha habido ricos y pobres·, la respuesta de las mujeres y hombres libres ha de ser: ·pero no con mi voto·. En democracia los votos transforman las injusticias, las reivindicaciones en más de lo mismo o en soluciones. De nosotros depende.

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* Elena Muñoz Echeverría es Experta en Comunicación y Gestión Cultural, Escritora y Vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid

 

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