septiembre 2020 - IV Año

TRIBUNA

Conquistas, identidad y unas pelis de romanos

Por Mª Teresa López Ruiz.- / Enero 2019

condicionhumanaLo que dota de identidad al ser humano tiene muy poco que ver con la economía o con la supervivencia: estas sólo nos acercan a la lucha a la que está siempre obligada cualquier otra especie animal. Incluso los rasgos que creemos advertir en los animales que nos acompañan -es decir, nuestras mascotas- y que son precisamente aquellos rasgos que nos permiten humanizarlos y convertirlos en parte indisoluble de nuestra familia, son virtudes muy diferentes a las de la astucia o la fuerza bruta: la bondad, la lealtad, la nobleza, el cariño, la alegría de vernos de nuevo sin importar el tiempo que hayamos estado fuera, un comportamiento en definitiva en el que vemos expresarse realidades muy distintas al mero transcurrir de los ciclos de las especies y de la naturaleza.

La idea que albergamos, por tanto, de lo que es un ser humano dista mucho de la mera acción instrumental, y tiene que ver precisamente con su capacidad para superarla, con la fe en un progreso que no es sólo material sino idea de un presente y un futuro en el que todas las potencialidades humanas de solidaridad, igualdad, conocimiento, arte o justicia puedan verse realizadas. Capacidades no instrumentales sino expresivas, pues sólo en ellas puede expresarse lo que de específicamente humano albergamos cada uno de nosotras y de nosotros.

Hannah Arendt sabía que la condición inexcusable para poder ver realizada nuestra capacidad de acción expresiva –la única auténticamente humana- es la condición de la pluralidad (1): sólo reconociéndonos en nuestra común unicidad e irreemplazabilidad podremos salir adelante como seres humanos. Cada cuerpo, cada alma es única e irrepetible, y a la vez eso es precisamente lo que todos y todas tenemos en común, lo que nos dota de libertad y a la misma vez nos une: lo primero, por tanto, que deberíamos reconocer y respetar.

diversidadLa acción humana, en definitiva, que nos otorga esa común identidad, no lo será si no contiene al menos estos tres rasgos: a) que no sea instrumental sino expresiva, b) que lo que exprese sea aquello que de específicamente humano albergamos, y c) que para ello atienda a la común condición de la diversidad y la pluralidad.

Todo lo demás no será más que un mundo gris con sus tristes días, con sus pseudo-identidades, racistas, sexistas, nacionalistas, mini-yoes refugio (2) que realmente no refugian ni nos protegen de nada y que no van a ninguna parte porque incluso sus propios días físicos, materiales, son miserables días contados al no ser capaces ni siquiera de proteger los verdaderos recursos que les permiten la vida, la de su especie y la de las otras.

Comprometen la identidad humana pero también, a la vez, la supervivencia. Lo saben de sobra: el mundo no va a sobrevivir a la ambición desmedida de quienes hoy tienen el dinero y el poder; la preocupación actual de estos últimos no es otra que la de cómo podrán apañárselas para que los pocos humanos que queden tras la devastación -que no piensan evitar- les sigan obedeciendo en ese momento en el que el dinero no exista o no sirva ya de nada (3).

Ante esta apocalíptica visión, se puede optar por poner todas nuestras capacidades y fuerzas al servicio de un futuro diferente, o se puede desesperar, entregándonos a nuestras propias ambiciones y a nuestro yo más salvaje, bajo cualquier clase de patrioterismo o bandera, a la espera del final, como quien en las películas asalta a sus propios vecinos y vecinas, y saquea los almacenes de víveres, un día antes del juicio final.

Quienes, desesperados o ambiciosos, están decidiendo ahora en nuestro país algo muy semejante a esto último, están también muy cerca de suicidarse en tanto que humanos, porque en tal momento están abandonado -e intentando impedir, a sabiendas, a otros- la acción propiamente humana, y la también humana y común condición de la pluralidad. Y todo ello con la misma banalidad que señalara la propia Arendt cuando narraba sus impresiones respecto del juicio a Eichmann (4) : sin motivos personales o sociales concretos ni reales; tal vez, lisa y llanamente, todo esto esté ocurriendo porque a lo largo de su vida algunos –y algunas- hayan visto demasiadas películas sobre catástrofes, sobre antiguos conquistadores y unas cuantas de romanos.

NOTAS:

1.-Arendt, Hannah (2009 [1958]): La condición humana. Paidós, Buenos Aires.
2.-La idea de las identidades-refugio y su definición, entre otros tipos de identidades, se encuentra en Castells, Manuel (2003 [1997]): La era de la información. Vol. 2. El poder de la identidad.
3.-Rushkoff, Douglas (2018): ‘La supervivencia de los más ricos y cómo traman abandonar el barco’. En Revista Contexto, nº 180, 1 de agosto de 2018.
4.-Arendt, Hannah (2003 [1963, 1964]): Eichmann en Jerusalén. Lumen, Barcelona.

 

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