septiembre 2020 - IV Año

TRIBUNA

Prometeo

Prometeo1Los atributos que simbolizan a la mítica figura de Prometeo son el águila y la antorcha. En una época en que las teocracias andaban aún en pañales y los gobiernos de los pueblos eran acompañados por una infinidad de dioses…, las personas, podían disponer de un dios casi para cada acto cotidiano de los que hubieran de desarrollar; o, si se desea, hasta de dioses particulares, familiares o tribales. Al citado Prometeo, se le atribuyen dotes de hombre astuto e inteligente, además de estar considerado como un benefactor de la humanidad, a la que defiende de las iras y de la hostilidad de los dioses, que, por cualquier «quítame de aquí esas pajas» entraban en conflicto formando la de «Dios es Cristo», que diríamos vulgarmente ahora en Occidente.

Ni más ni menos que lo que ocurre actualmente, pero, con menos dioses repartidos por el mundo, aunque con muchísimo más poder, por la capacidad de convocatoria y movilización que sus representantes en la tierra pueden hacer de los creyentes, originando graves conflictos entre religiones que afectan a muchísimos pueblos arruinados por la guerra, en cuyo trasfondo, los intereses económicos y religiosos se han dado un fuerte abrazo para salvaguardar, dicen, la fe, la tradición y la idiosincrasia que proviene de sus ancestros.

En muchos elementos arqueológicos y pictóricos contrastados -un ánfora tirrena del siglo VI a.C., depositada en el Museo de Florencia, una piedra grabada del III a. C., del British Museum de Londres, un sarcófago del III d. C., del Louvre, dos paneles de Piero di Cosimo de 1510, dibujos posteriores de Rubens, Salvatore Rosa o Luca Giordano y otros muchos…- la figura de Prometeo se asocia de forma ineludible, al robo que éste le hizo a Vulcano de una antorcha de fuego que posteriormente entregaría a los mortales. Esa antorcha, con el tiempo, se convirtió en el símbolo de las Olimpiadas griegas.

En 1894, el Barón Pierre de Coubertain -buscando la esencia que suponía la reunión de los pueblos en torno al deporte, y, apartando, aunque sólo fuese temporalmente, las diferencias entre los mismos- crearía en París el Comité Olímpico Internacional (COI). Desde la creación del COI hasta nuestros días, las diferentes olimpiadas no han estado exentas de polémicas, baste recordar las de Berlín en 1936, las de Munich en 1972 o las de Montreal en 1976, por citar sólo tres.

prometeoEs indudable que la celebración de unas olimpiadas, supone un reconocimiento mundial por la capacidad organizativa que ha de desarrollar un país determinado para planificar y ejecutar con brillantez, un evento de estas características, además de ser un magnífico trampolín para venderse como pueblo de cara al exterior. Porque, no estamos hablando de records que puedan realizar los atletas o las selecciones batiendo marcas anteriores; las olimpiadas son algo más, mucho más que eso. Se podría decir, incluso, que esa cuestión es secundaria. Lo importante, es el reconocimiento mundial de las ciudades en torno a las cuales se desarrollan los diferentes juegos…, la consolidación y legitimación de sus gobiernos ante sus pueblos…, el convertirse en escaparates para la atracción turística…, el colocar productos tecnológicos o recursos humanos propios en el exterior…, y un largo etcétera. En definitiva, negocio.

La antorcha olímpica, aquella que rememora la robada por Prometeo y que cualquier ciudad con un mínimo de recursos espera, nos viene a decir, y de ahí este artículo, lo que la mitología tiene de certeza en unos tiempos en donde el conocimiento de los textos clásicos se ha convertido para la mayoría en materia de unos pocos de pirados como quien firma esta columna.

En fin…

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