septiembre 2020 - IV Año

ENSAYO

Gramsci y Maquiavelo

Una reinterpretación gramsciana de Maquiavelo en clave política
La filosofía es conocimiento de lo que existe,
en tanto que la praxis es la creación de lo que aún no existe.
Antonio Gramsci

gramsciAntonio Gramsci es un pensador, filósofo marxista, innovador, heterodoxo y original. Sus ideas son frescas y tiene la virtud de enfrentarse a los temas desde puntos de vista nuevos y, con frecuencia, inexplorados sin caer en tópicos, ni repetir una y otra vez, las ideas manidas.

Creo que la izquierda se ha desvinculado, abrupta y precipitadamente, del pensamiento gramsciano sin haberle extraído todo su jugo. Quizás, por eso, siga siendo un espléndido analista que nos facilita mucho las cosas en este presente «liquido». No estaría de más repensarlo a la hora de plantearse como salir de este atolladero en el que estamos inmersos.

Hoy, quiero abordar Cuadernos de la cárcel una obra, si es que es una obra unitaria, escrita entre 1929 y 1935, compleja y difícil de interpretar, tanto porque no fue concebida para ser publicada, como porque los sucesivos cuadernos que iba escribiendo, los sacaba de la cárcel a través de amigos. Por ello ha sido necesaria una labor crítica, posterior, para estructurarlos y divulgar su contenido en forma de publicación, salvando los escollos de una escritura fragmentaria.

A veces, se tiende a considerar el régimen totalitario de Benito Mussolini, menos sanguinario que el Nacional Socialismo hitleriano. Es posible, pero no es menos cierto, que trató a sus enemigos con una saña y dureza poco comunes. Aprovechando un atentado que se había producido contra el «Duce» se condenó a Antonio Gramsci a veinte años de cárcel, en unas condiciones durísimas y sólo se le permitió salir de prisión cuando su maltrecha salud se agravó pocas semanas antes de morir.

Hay en esos Cuadernos, reflexiones y análisis de gran interés, sobre su marxismo renovador y crítico. Los aspectos de mayor envergadura son sus aportaciones sobre los intelectuales y la organización de la cultura, su clarividencia al abordar «il resorgimento», así como sus apuntes sobre la filosofía de Benedetto Croce. De cualquiera de estos temas, así como de sus reflexiones críticas sobre el materialismo histórico, habría mucho que hablar y no poco que decir. Sin embargo, me detendré en sus notas sobre Maquiavelo, sobre la política y el Estado Moderno.

Puede decirse que Gramsci contempla a Maquiavelo formando parte de su Teoría de la Historia ¿Cómo lo aborda? Dialoga con él, de igual a igual y trae sus reflexiones al presente convirtiéndolo, sin restarle un ápice de rigor, en un teórico del Estado Moderno. Así el partido político es el príncipe moderno. En la lucha por el poder rechaza y critica visiones mecanicistas del materialismo histórico, por cierto, Manuel Sacristán fue quien tradujo y glosó el Cuaderno V de donde están extraídas esas reflexiones.

Desde mi punto de vista, es de una gran agudeza su análisis de la intuición política, que distingue con claridad, de la artística. ¿Para qué sirve la intuición política? Para conectar hechos, aparentemente dispersos, dándole lo que hoy llamamos un sentido y, también, para tener el olfato y la agilidad que nos permitan descubrir los intereses que están en juego. Y lo que es más importante, persuadir y dirigir a los hombres a la acción.

maquiaveloAmpliemos un poco la visión ¿quién sería el príncipe hoy? Podemos estar hablando del Jefe del Estado, del Jefe de Gobierno, del líder político cuyas pretensiones son fundar un nuevo Estado y del partido político que Gramsci identifica con el partido transformador que representa los intereses de clase.

Es aconsejable aclarar que Gramsci concibe, también, al Partido como el organizador de una reforma intelectual y moral. Quizás merezca la pena añadir el laicismo de Gramsci, que hunde sus raíces en el de Maquiavelo, y que apuesta por una laicización de las relaciones sociales y costumbres. Me parece, asimismo, inexcusable que para él cuando un grupo social tiende a la hegemonía, ha de conseguir la captación ideológica de los intelectuales, a quienes llama «intelectuales orgánicos», es decir, filósofos, escritores y científicos…

Dando un paso más en esta línea, podría afirmarse que el príncipe moderno funde o fusiona ideología política y ciencia política. Para Gramsci el Príncipe «ha de actuar» sobre una sociedad dispersa y desestructurada para, primero hacerla despertar y pasar después a señalar y organizar los fines de la voluntad colectiva.

Se ha dicho y no sin razón, que hay que leer El Príncipe de Maquiavelo como un manifiesto político. Creo que el propio Maquiavelo, como queda apuntado, y quizás algo más que apuntado en su obra, dirige una parte de su mensaje a los hombres del futuro y es que la voluntad a veces hay que concebirla como una conciencia activa de la necesidad histórica.

En El Príncipe se contiene el «germen del jacobinismo». Otro aspecto que Gramsci sabe captar del florentino es la necesidad de que el gobierno, en calidad de moderno príncipe sea el adalid de una reforma intelectual y moral.

Hace unos años se habló mucho de bloque histórico y de hegemonía. Se citó a Gramsci con profusión… y politólogos, pensadores y políticos se ocuparon de algunos aspectos de su pensamiento… luego la economía se adueño de todo el espacio y los análisis gramscianos dejaron de interesar.

Sin embargo, deberíamos tener presente su sabio y prudente aviso de que los estados han aprendido a utilizar las instituciones culturales para mantener su influencia sobre la sociedad, contribuyendo a afirmar su poder y paralelamente a debilitar e integrar las energías transformadoras.

Es de una fuerza arrolladora su concepción de la dialéctica como un instrumento de investigación histórica. Se mueve entre «el pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad». Eso no le resta un ápice de valor a su concepción de la historia no como algo hecho y acabado sino como algo por hacer, que se está haciendo… y que nos corresponde hacerla a los hombres.

gramnsci2Lo que Gramsci hace con Maquiavelo es toda una propuesta metodológica. Hay que revisar, críticamente, la historia a través de sus pensadores más influyentes, no limitándose a estudiarlos «arqueológicamente» sino dialogar con ellos para que nos ayuden a pensar sobre los problemas que nos atañen, pues son sin duda de gran utilidad sus planteamientos, sus propuestas y, sobre todo, sus intuiciones.

Finalizar este artículo en tiempos de posverdad, sin plasmar el amor a la verdad gramsciano con su «dire la verità è rivoluzionario» es toda una propuesta ética y decente. Deberíamos recordar, e incluso tener grabadas en la mente, las ardientes y lúcidas palabras publicadas en la sección turinesa de El Avanti: «sobre la mentira, sobre la falsificación facilona sólo se construyen castillos de viento que otras mentiras y otras falsificaciones pueden hacer desvanecerse».

A Gramsci le gustaba recordar, una y otra vez, un aforismo marxiano: «los hombres no se plantean más que problemas que pueden resolver». En este pensamiento se contiene un optimismo vital, todo un programa de actuación y un antídoto contra el conformismo, el bajar los brazos… el dejar de luchar y someterse a los poderes visibles y ocultos que deciden por nosotros.

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