marzo de 2026

Masonería y poder temporal de la Iglesia (1907)

Adolfo Hernández, desde Motril, publicó en el Boletín Oficial del Gran Oriente Español del 27 de septiembre de 1907, un breve texto donde reflexionaba sobre el poder temporal de la Iglesia.

La columna se refería a que en ese mes de septiembre hacía treinta y siete años de la abolición del poder temporal de los papas en el proceso final de la Unificación italiana. Las predicciones o amenazas del papa Pío IX, que había hablado de forma apocalíptica sobre las consecuencias de ese hecho, es decir, del final de la existencia de los Estados Pontificios, no se habrían cumplido. Para nuestro autor, en cambio, los hechos sí habrían demostrado que el poder temporal lo había utilizado la Iglesia como un instrumento de opresión, y que ya falto del mismo, procuraba resarcirse extendiendo su dominio en el mundo a través de las “masas monacales”, una especie de “ejércitos de la reacción”. Se preguntaba si no quería más poder el papado, si no era España un feudo de Roma, si no era la Iglesia quien mandaba en el país, si no dictaba leyes al Estado español referentes al matrimonio mientras los gobernantes no protestaban, además de intentar aumentar su poder sin que se presentasen señales de oposición por parte de las autoridades.

Así pues, cierto era que el papado había perdido un poder en Roma, pero, en cambio, había extendido su influencia en Europa, y si el ejemplo de Francia no cundía, es decir, la aplicación de una avanzada política de estricta separación entre la Iglesia y el Estado, se podría regresar a otro tiempo. Adolfo Hernández terminaba afirmando que casi prefería el poder temporal de la Iglesia de antaño que la “aplastante invasión que nos ahoga” Como bien sabemos, a los pocos años Canalejas intentó reformas en relación con el excesivo peso de las órdenes religiosas, en lo que se conoce como la “Ley candado”, generando no pocos enfrentamientos protagonizados por la Iglesia y los católicos, a pesar de que no se trataba de una legislación muy estricta y, por supuesto, muy alejada del laicismo francés.

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